PARTE 2: LOS HIJOS QUE DEJÓ ATRÁS

Cerré el resultado antes de que mi exsuegra pudiera verlo.

—¿Qué pasa? —preguntó.

Me puse de pie.

—Nada que tenga que ver con usted.

Salí de aquella casa de té y conduje directamente al hospital.

Dos horas después, mi ginecóloga giró el monitor hacia mí.

—Elena, no es uno.

Mi corazón se detuvo.

—¿Qué?

Sonrió.

—Son gemelos.

Me cubrí la boca.

Después de seis años de matrimonio, acababa de divorciarme embarazada de dos hijos de Adrian.

Durante varios minutos no supe si reír o llorar.

Pero tuve algo claro.

No iba a utilizar a mis hijos para recuperar a un hombre que había elegido marcharse.

Así que guardé silencio.

Hasta que Sophie lo descubrió.

Tres semanas después, yo salía de obstetricia cuando la encontré frente al ascensor.

Sus ojos bajaron hacia la carpeta que llevaba.

EMBARAZO GEMELAR.

Palideció.

—¿Son de Adrian?

La miré.

—Eso ya no es asunto tuyo.

Pero aquella misma noche Adrian apareció en mi puerta.

Sin bata.

Sin corbata.

Sin aquella seguridad que siempre lo acompañaba.

—¿Estás embarazada?

No respondí.

—Elena, mírame.

Le entregué una copia de la ecografía.

Adrian la tomó.

Sus dedos comenzaron a temblar.

—Dos…

—Sí.

Levantó los ojos.

—¿Son míos?

Aquella pregunta terminó de destruir cualquier sentimiento que todavía pudiera quedarme.

—Estuvimos casados seis años y todavía necesitas preguntarlo.

Intentó acercarse.

Retrocedí.

—Quiero cancelar el divorcio.

Me reí.

Adrian quedó inmóvil.

—Hace un mes estabas dispuesto a dejarme por Sophie.

—No sabía que estabas embarazada.

—Exactamente.

Lo miré directamente.

—Quieres volver porque ahora llevo a tus hijos. No porque hayas vuelto a elegirme a mí.

No pudo responder.

Entonces sonó su teléfono.

Sophie.

Adrian rechazó la llamada.

Volvió a sonar.

La rechazó otra vez.

—Terminaré con ella.

—No hace falta.

—Elena…

—Firmaste.

Abrí la puerta.

—Elegiste una vida sin mí cuando creías que yo no tenía nada nuevo que ofrecerte.

Puse una mano sobre mi vientre.

—Ahora tendrás que vivir con esa elección.

Adrian permaneció frente a mi puerta durante mucho tiempo.

Pero esa no fue la peor noticia que recibió aquella semana.

Dos días después, el director médico lo llamó a su despacho.

Sophie había cometido un grave error durante un procedimiento y aseguró que había actuado siguiendo instrucciones directas de Adrian.

Había una investigación interna.

Su puesto como jefe de Cirugía Cardiotorácica estaba en riesgo.

Y cuando salió de aquella reunión, me encontró al final del pasillo.

Yo llevaba mi bata blanca.

A mi lado estaba el director del hospital.

—Doctora Brooks —dijo delante de Adrian—, el comité aprobó su nombramiento.

Adrian se detuvo.

Yo había sido elegida para ocupar temporalmente la dirección del departamento mientras investigaban su conducta.

El puesto que él había construido durante años.

La carrera que había colocado por encima de nuestro matrimonio.

Ahora quedaba bajo mi supervisión.

Adrian miró mi vientre.

Después mi nueva identificación.

Finalmente comprendió.

Había entregado su matrimonio por Sophie.

Sophie podía costarle su carrera.

Y la mujer que él consideraba demasiado fría para luchar por él estaba esperando a sus dos hijos mientras ocupaba el puesto que él podía perder.

Me acerqué.

—Buenos días, doctor Whitman.

No Adrian.

No esposo.

Doctor Whitman.

Y por primera vez desde que firmamos el divorcio, fue él quien tuvo que bajar la mirada.

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