PARTE 2: Los Diez Millones

Dormí apenas cuatro horas.

A las siete de la mañana sonó el timbre.

No era Ethan.

Era Adrian Cole.

Alto.

Traje azul oscuro.

Canas apenas visibles en las sienes.

Y una carpeta de cuero bajo el brazo.

—¿Sofía Miller?

Asentí.

—Represento al Grupo Cole.

—Y también a su editorial.

Lo hice pasar.

No perdió tiempo.

Colocó varios documentos sobre la mesa.

—Anoche se liberó el último pago de regalías internacionales.

Deslizó un estado de cuenta hacia mí.

10.000.000 de dólares.

El dinero ya estaba en mi cuenta.

Respiré despacio.

No era una sorpresa.

Llevaba diez años escribiendo bajo seudónimo.

Nadie conocía mi identidad.

Ni siquiera Ethan.

Adrian sonrió.

—También tenemos otra propuesta.

—Hollywood quiere comprar los derechos de adaptación.

Antes de que pudiera responder, mi teléfono vibró.

Era la madre de Ethan.

La ignoré.

Volvió a llamar.

Contesté.

—Sofía.

Su tono era más amable de lo habitual.

—Voy camino a la casa.

—Quiero desayunar contigo.

Miré a Adrian.

Él entendió inmediatamente.

—¿Todavía no sabe?

Negué con la cabeza.

—Perfecto.

Cerró la carpeta.

—Entonces creo que debería acompañarla.

Media hora después regresamos.

Mi automóvil se detuvo frente a la casa.

La camioneta de la señora Ward ya estaba estacionada.

Entré.

Lo primero que escuché fue un grito.

—¡¿Qué significa esto?!

La madre de Ethan sostenía el camisón de seda que Clara había olvidado sobre el sofá.

Clara permanecía inmóvil.

Ethan intentaba explicar algo.

—Mamá…

—¡Cállate!

Entonces me vieron entrar.

La señora Ward caminó directamente hacia mí.

—Sofía.

—Esto no es lo que parece.

La miré con tranquilidad.

—Tiene razón.

—Es mucho peor.

Saqué otra carpeta del bolso.

La coloqué sobre la mesa.

—Estos son los papeles del divorcio.

Ella abrió la primera página.

Su expresión cambió por completo.

—¿Ya firmaste?

—Hace un mes.

Ethan dio un paso adelante.

—Sofía, podemos arreglar esto.

No respondí.

Adrian habló por primera vez.

—Disculpen la interrupción.

Todos lo miraron.

—Soy Adrian Cole.

—Director ejecutivo del Grupo Cole Media.

Ethan frunció el ceño.

—¿Y qué hace aquí?

Adrian sonrió.

—Acompaño a mi principal autora.

Ethan soltó una risa incrédula.

—Creo que se equivocó de casa.

Adrian abrió lentamente otra carpeta.

Sacó un contrato.

Después un reporte financiero.

Y finalmente una fotografía.

La portada del libro más vendido del año.

Debajo aparecía el nombre del seudónimo que todo el país conocía.

La Voz de las Esposas.

Adrian colocó la imagen junto al estado de cuenta bancario.

—Su verdadera autora es la señora Sofía Miller.

El salón quedó completamente en silencio.

Clara fue la primera en reaccionar.

—Eso… eso es imposible.

Adrian giró el documento.

Allí aparecía mi firma.

Los contratos.

Las regalías.

Los registros internacionales.

Los diez millones depositados la noche anterior.

Ethan empezó a palidecer.

Miró el estado de cuenta.

Después me miró a mí.

—¿Tú…?

Asentí.

—Sí.

—La editora con sueldo mediocre nunca existió.

Me acerqué lentamente.

—Mientras tú gastabas dinero en hoteles, joyas y clínicas de fertilidad…

Señalé el contrato.

—Yo estaba construyendo un patrimonio que ni siquiera imaginabas.

La madre de Ethan dejó caer lentamente la carpeta sobre la mesa.

Miró primero a su hijo.

Después a Clara.

Finalmente volvió hacia mí.

—¿Cuánto… cuánto dinero tiene mi hijo derecho a recibir en el divorcio?

Sonreí por primera vez desde que todo comenzó.

—Absolutamente ninguno.

Saqué el último documento del bolso.

—Porque esos diez millones llegaron… exactamente veintitrés minutos después de que el divorcio quedó legalmente registrado.

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