Pero…
Aquella ciudad ya no tenía nada que ver con ella.
El avión atravesó lentamente las nubes.
Dao An apoyó la mano sobre su vientre.
Una leve sonrisa apareció por primera vez desde el divorcio.
—A partir de ahora…
—Solo nos tenemos los cinco.
Dos años después.
Long Island, Nueva York.
La nieve cubría el jardín de una enorme mansión de estilo europeo.
Dentro de la sala de juegos resonaban cuatro voces infantiles.
—¡Mamá!
—¡Mamá!
—¡Mamá!
—¡Mamá!
Cuatro pequeños corrían torpemente hacia Dao An.
Los cuatro tenían el mismo cabello negro.
Los mismos ojos profundos.
Y el mismo rostro que cualquier miembro de la familia Gu habría reconocido al instante.
Dao An los abrazó uno por uno.
Aquellos niños eran toda su vida.
También eran el mayor secreto de la familia Gu.
En esos dos años nunca permitió que ninguna fotografía de los pequeños apareciera en internet.
Ni una sola.
Mientras tanto…
En Qingcheng.
La familia Gu celebraba una boda de lujo.
Después de dos años de relación, Gu Jingxuan finalmente iba a casarse con Bai Weiyi.
Toda la prensa estaba presente.
Sin embargo, el ambiente dentro de la mansión Gu no era tan alegre como aparentaba.
Porque los trillizos que tanto habían esperado…
Nunca llegaron a existir.
Dos meses después del divorcio, Bai Weiyi sufrió un aborto espontáneo.
Los médicos confirmaron que, debido a las complicaciones, las posibilidades de volver a quedarse embarazada eran mínimas.
Aun así, Gu Zhenxiong insistió en celebrar aquella boda.
Pensaba que el dinero podía solucionar cualquier problema.
Justo cuando el maestro de ceremonias anunció el intercambio de anillos…
El enorme proyector del salón se encendió de repente.
Todos levantaron la cabeza.
No apareció ningún vídeo de felicitación.
Solo una carpeta.
En la pantalla podía leerse claramente:
PRUEBA DE PATERNIDAD.
El salón quedó completamente en silencio.
Gu Jingxuan frunció el ceño.
—¿Quién ha puesto eso?
La siguiente página apareció automáticamente.
Cuatro nombres.
Niño A.
Niño B.
Niño C.
Niño D.
Coincidencia genética con Gu Jingxuan:
99,9999 %.
Debajo aparecía una fecha.
Dos años atrás.
El mismo mes en que Dao An abandonó la familia Gu.
Las manos de Gu Jingxuan comenzaron a temblar.
—Esto… es imposible…
Gu Zhenxiong arrebató el informe.
Lo leyó una y otra vez.
Cada página estaba sellada por uno de los laboratorios genéticos más prestigiosos de Estados Unidos.
No existía posibilidad de falsificación.
Bai Weiyi sintió que las piernas le fallaban.
—¡Es mentira!
—¡Todo es mentira!
Pero nadie la escuchaba.
Todos los invitados observaban incrédulos a la familia Gu.
En la última página apareció una única frase.
“Gracias por los cuatro mil millones de yuanes. Con ese dinero crié perfectamente a los cuatro verdaderos herederos de la familia Gu.”
Debajo solo había una firma.
Dao An.
Y una fotografía.

En ella aparecía Dao An sonriendo bajo el sol de Nueva York.
Sentados delante de ella estaban cuatro niños idénticos.
Cada uno sostenía un pequeño cartel.
“Mamá.”
Las copas comenzaron a caer al suelo.
Los periodistas levantaron frenéticamente sus cámaras.
Gu Jingxuan permanecía inmóvil.
Mirando los cuatro rostros infantiles.
Era como contemplarse a sí mismo cuando tenía dos años.
En ese instante comprendió que la mujer a la que había abandonado con tanta facilidad…
Nunca se había marchado sola.
También se había llevado consigo el futuro entero de la familia Gu.