Miré la fotografía durante varios segundos.
Emily tenía mi edad.
El mismo cabello oscuro.
Incluso llevaba un collar casi idéntico al que Margaret me había regalado antes de mi boda.
—¿Qué le pasó? —pregunté.
Mason cerró la puerta.
—Oficialmente, desapareció hace seis años.
—¿Desapareció?
—Ethan declaró que abandonó el matrimonio voluntariamente.
Sentí que el pecho se me cerraba.
—¿Y ustedes le creyeron?
—No había cuerpo. No había testigos. Y había movimientos bancarios que parecían demostrar que Emily había preparado su marcha.
Mason abrió la carpeta.
—Ahora creemos que algunos fueron manipulados.
Entonces sacó otra fotografía.
Mostraba una pared abierta dentro de la casa de Ethan.
—Después de detener a Margaret conseguimos una orden para registrar determinadas zonas de la propiedad.
Dentro de aquella pared habían encontrado una caja metálica.
No había nada macabro.
Solo documentos.
Y eso era peor.
Había pólizas de seguro.
Contratos.
Copias de testamentos.
Información sobre Emily.
Y una carpeta con mi nombre.
—¿Desde cuándo? —susurré.
—Desde cuatro meses antes de que conocieras a Ethan.
Sentí que el mundo se inclinaba.
Nuestra primera cita había sido en septiembre.
Según Mason, Ethan ya tenía documentos sobre mí desde mayo.
—¿Por qué?
El detective colocó otro papel frente a mí.
Era información sobre un fideicomiso creado por mi abuelo.
Yo conocía ese fideicomiso.
Lo que no conocía era una cláusula añadida décadas atrás.
Ciertas acciones de Morgan Meridian Industries solo podían transferirse cuando una beneficiaria directa se casara.
Mi matrimonio había activado algo.
—Ethan no es Morgan de nacimiento —dijo Mason.
Lo miré.
—¿Qué?
—Su apellido original era Hale. Lo cambió legalmente después de casarse con Emily Morgan.
Sentí náuseas.
—¿Emily era familia mía?
—Eso estamos investigando.
Entonces Mason señaló una anotación encontrada dentro de la caja.
Primera transferencia fallida. Segunda candidata localizada.
Segunda candidata.
Yo.
—¿Margaret sabía todo esto?
—Parece que sí.
—¿Y Ethan?
Mason no respondió inmediatamente.
Eso fue suficiente.
Entonces se abrió la puerta.
Otro detective entró.
—Lo encontramos.
—¿A Ethan?
Negó con la cabeza.
—A Emily.
Dejé de respirar.
Mason se levantó.
—¿Está viva?
—Sí.
Seis años viviendo bajo otro nombre.
Seis años escondiéndose.
Y había aceptado hablar únicamente después de enterarse de mi caída.
Mason acercó una tablet.
Emily apareció mediante videollamada.
Ya no era la mujer sonriente de la fotografía.
Pero estaba viva.
Sus ojos se llenaron de lágrimas cuando me vio inmovilizada en aquella cama.
—Claire —susurró.
—¿Por qué huiste?
Emily miró hacia alguien fuera de cámara.
—Porque descubrí qué había detrás de la pared.
—¿Los documentos?
Negó lentamente.
—Eso fue lo que Margaret quería que la policía encontrara.
Mason se quedó inmóvil.
—¿Qué quiere decir?
Emily volvió a mirarme.
—La caja es una distracción.
Mi piel se erizó.
—Entonces ¿qué hay realmente en la casa?
Emily respiró hondo.
—Claire, cuando puedas volver allí, no abras ninguna pared.
—¿Por qué?
—Busca debajo del suelo del estudio de Ethan.
Mason acercó una libreta.
—¿Qué encontraremos?
Emily cerró los ojos.
—El registro original de Morgan Meridian.
Los abrió nuevamente.

—Y cuando Claire vea quién aparece como propietario del cincuenta y uno por ciento, entenderá por qué Ethan se casó con las dos.
Antes de que pudiera preguntar el nombre, alguien llamó violentamente a la puerta del lugar donde Emily estaba escondida.
Ella palideció.
—Me encontraron.
Y la pantalla se apagó.