PARTE 2: LOS CIENTO OCHENTA MIL DÓLARES

Ryan tardó exactamente cuarenta y tres segundos en responder.

“¿Qué clase de montaje es este?”

No contesté.

Apagué el teléfono y seguí cenando tranquilamente en la terraza de mi casa.

Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, la recepción de su boda acababa de quedarse en silencio.

El comprobante bancario había llegado también al teléfono de su nueva esposa.

Y al de su suegra.

Porque Ryan tenía la mala costumbre de presumir cada mensaje que yo le enviaba.

Esta vez el espectáculo no salió como esperaba.

La transferencia mostraba una cantidad imposible de ignorar.

180.000 dólares.

Todos los meses.

Durante años.

El remitente pertenecía a Nova Strategic Holdings.

La misma empresa que acababa de invertir cientos de millones para rescatar la constructora donde Ryan trabajaba como director financiero.

Su nueva esposa fue la primera en hablar.

—¿Por qué esa empresa le paga tanto?

Ryan tragó saliva.

—Debe de ser una indemnización.

Margaret tomó el teléfono.

Leyó otra vez el documento.

—Aquí dice “distribución mensual de utilidades”.

Los invitados empezaron a murmurar.

Uno de los socios de Ryan se acercó.

—Conozco esa empresa.

—Solo los accionistas reciben ese tipo de pagos.

Ryan soltó una risa nerviosa.

—Claire jamás fue accionista.

En ese momento apareció el presidente del consejo de la compañía.

Acababa de llegar a la recepción para felicitar a los recién casados.

Al ver la captura de pantalla, sonrió con cortesía.

—Veo que ya conocieron a la señora Bennett.

Ryan frunció el ceño.

—¿Qué señora Bennett?

El hombre pareció sorprendido.

—La fundadora.

—Nuestra principal accionista.

—Sin ella, esta empresa no existiría.

El salón quedó completamente en silencio.

Margaret abrió mucho los ojos.

—Eso es imposible.

El presidente negó lentamente.

—No lo es.

—La señora Claire Bennett fundó Nova Strategic Holdings hace nueve años.

—Conserva el cincuenta y ocho por ciento de las acciones.

—Los ciento ochenta mil dólares corresponden únicamente a una distribución mensual.

Ryan sintió que las piernas le fallaban.

—¿Ella… es la dueña?

—La propietaria mayoritaria.

Su nueva esposa retiró lentamente la mano de la de Ryan.

—¿Tú sabías esto?

Él apenas pudo mover la cabeza.

—No…

—Nunca me lo dijo.

El presidente sonrió con discreción.

—La señora Bennett siempre fue extremadamente reservada.

—Incluso cuando su empresa adquirió la deuda de su constructora, pidió expresamente que su nombre no apareciera.

Uno de los inversionistas levantó la vista.

—¿La empresa que salvó a Ryan… era de su exesposa?

—Exactamente.

Las conversaciones estallaron por toda la sala.

Margaret comenzó a temblar.

Recordó todas las veces que llamó parásita a la mujer que, sin que ellos lo supieran, ganaba más dinero en un mes del que Ryan obtendría en varios años.

El presidente hizo una pausa antes de añadir:

—De hecho…

—Hace dos semanas la señora Bennett vendió su participación en la empresa que ustedes administran.

Ryan respiró aliviado.

Pensó que aquello significaba que ya no dependía de ella.

Entonces llegó la siguiente frase.

—El comprador fue Summit Crown Capital.

—Y la presidenta del consejo sigue siendo la señora Claire Bennett.

La copa cayó de las manos de Margaret.

Ryan comprendió por fin que nunca había dejado de trabajar para Claire.

Solo que ahora también podía perder el empleo.

Y mientras todos intentaban asimilar la verdad, el teléfono de Ryan volvió a vibrar.

Era un correo oficial del consejo de administración.

El asunto ocupaba una sola línea.

“Notificación de destitución inmediata del Director Financiero.”

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