PARTE 2: LO QUE ETHAN PERDIÓ

La fotografía mostraba mi escritorio.

O lo que quedaba de él.

Mis carpetas estaban apiladas en una caja y Chloe estaba sentada en mi silla, sonriendo frente a mi computadora.

Debajo, mi compañera había escrito:

“Ethan acaba de anunciar que Chloe ocupará tu puesto temporalmente. Dijo que tú estás ‘demasiado emocional para trabajar’.”

Me quedé mirando aquellas palabras.

Ni siquiera había renunciado.

Él había decidido apartarme después de pasar la noche con ella.

Llamé a Recursos Humanos.

—Quiero presentar mi renuncia efectiva hoy. Envíen toda la documentación a mi correo personal.

Después llamé a mi padre.

—Acepto Seattle. ¿Cuándo empiezo?

—Cuando quieras.

—Mañana.

Tres horas después entré en Grant Industries únicamente para recoger mis pertenencias.

Chloe seguía en mi silla.

Y estaba bebiendo café de mi taza.

—Sophie… —murmuró—. Ethan dijo que necesitabas unos días.

—Puedes quedarte con la silla.

Tomé la fotografía de mis padres y guardé mis cosas.

Entonces apareció Ethan.

—¿Qué estás haciendo?

—Me voy.

Sonrió con cansancio.

—Otra vez con el drama.

Le entregué mi tarjeta de acceso.

—He renunciado.

Su sonrisa desapareció.

—¿Qué?

—También acepté un puesto en Seattle.

Por primera vez, Ethan pareció alarmado.

—Sophie, basta. Chloe ocupará tu lugar unos días. Después todo volverá a la normalidad.

Lo miré.

Ahí estaba su verdadero problema.

Pensaba que siempre habría una “normalidad” a la que yo regresaría.

—No vuelvo.

Chloe se levantó.

—Señor Grant, quizá debería irme…

Ethan ni siquiera la escuchó.

—¿Seattle? ¿Para qué empresa?

Sonreí.

—Morgan Holdings.

Su rostro cambió.

Todos conocían ese nombre.

Morgan Holdings era uno de los mayores grupos de inversión de la costa oeste y llevaba meses negociando una alianza estratégica con Grant Industries.

Ethan me miró fijamente.

—¿Morgan? ¿Qué relación tienes con ellos?

Antes de que pudiera responder, las puertas del ascensor se abrieron.

Mi padre salió acompañado por dos ejecutivos.

—Sophie.

Ethan palideció.

—Señor Morgan…

Mi padre apenas lo miró.

—Vengo por mi hija.

Chloe dejó lentamente mi taza sobre el escritorio.

Ethan volvió la mirada hacia mí.

—¿Tu… hija?

—Sophie Morgan —respondió mi padre—. Mi única hija.

El silencio fue absoluto.

Durante siete años, Ethan creyó que yo trabajaba en su empresa porque necesitaba aquel empleo.

Nunca preguntó demasiado por mi familia.

Nunca le interesó saber por qué rechazaba ascensos externos ni por qué ciertos ejecutivos importantes parecían conocerme.

Porque estaba convencido de que mi mundo empezaba y terminaba con él.

Mi padre recogió mi caja.

—El consejo de Morgan Holdings votará mañana la alianza con Grant Industries.

Ethan tragó saliva.

—Espero que esto no afecte una decisión empresarial.

Mi padre lo observó.

—No debería.

Hizo una pausa.

—Pero Sophie dirigirá personalmente la revisión final.

Ethan se quedó inmóvil.

Yo caminé hacia el ascensor.

Esta vez corrió detrás de mí.

—Sophie, espera.

Las puertas empezaron a cerrarse.

—Podemos hablar esta noche.

Lo miré por última vez.

—No puedo.

—¿Por qué?

Sonreí.

—Porque mañana tengo que decidir si tu empresa merece seguir formando parte de mi futuro.

Las puertas se cerraron.

Y por primera vez en siete años, Ethan comprendió que no era yo quien había perdido un lugar en su vida.

Era él quien acababa de perder el suyo en la mía.

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