Luca se agachó frente a la niña y observó sus pequeñas manos enrojecidas.
—¿Dónde está tu madre?
Nora señaló el pasillo.
—En nuestra habitación. Tiene mucho frío, pero su cara está caliente.
Luca se incorporó de inmediato.
La habitación del personal quedaba en el ala más alejada de la mansión, junto a las escaleras de servicio.
Cuando abrió la puerta, encontró a Elena tendida sobre una cama estrecha, cubierta con un abrigo viejo.
Tenía los labios pálidos, la respiración débil y un recipiente vacío de medicamentos sobre la mesa.
—Señor Ferraro… —murmuró ella al verlo—. Le prometo que mañana volveré a trabajar.
Intentó levantarse.
Luca la obligó a permanecer acostada.
—¿Cuánto tiempo llevas así?
—Tres días.
—¿Por qué no llamaste a un médico?
Elena miró hacia Nora.
—No podía pagarlo.
Luca sacó el teléfono y llamó a su médico privado.
Después se volvió hacia uno de los guardias que lo había seguido.
—Busca a Harland.
Elena se incorporó con miedo.
—Por favor, no lo despida por mi culpa.
—¿Por tu culpa?
Ella apretó la manta entre los dedos.
—El señor Harland dijo que había desaparecido dinero de la cocina. Afirmó que yo lo había tomado y que, si volvía a faltar, llamaría a la policía.
Luca entrecerró los ojos.
—¿Robaste algo?
—Nunca.
Nora corrió hacia una pequeña mochila y sacó un sobre arrugado.
—Mamá guardó esto.
Dentro había recibos, horarios de trabajo y fotografías de cajas descargadas durante la madrugada.
Luca reconoció inmediatamente el sello de uno de sus almacenes privados.
—¿Quién tomó estas fotos?
Elena bajó la voz.
—Yo. Harland estaba sacando provisiones, medicinas y botellas de la casa. Cuando se dio cuenta de que lo había visto, comenzó a amenazarme.
La puerta se abrió.
Harland apareció acompañado por dos guardias.
Su mirada pasó de Luca al sobre y después a Elena.
—Señor Ferraro, esa mujer es una ladrona.
Luca levantó uno de los recibos.
—Entonces explícame por qué tu firma aparece autorizando entregas que nunca llegaron a esta casa.
Harland palideció.
—Debe ser una falsificación.
—También hay videos —susurró Nora.
Todos la miraron.
La niña sacó un teléfono antiguo de debajo de la almohada.
—Mamá dijo que no lo tocara, pero el señor malo entró anoche.
Luca reprodujo el archivo.
En la pantalla, Harland abría el armario de Elena y escondía varios fajos de billetes entre su ropa.
Después hablaba por teléfono.
—Cuando Ferraro descubra el dinero, echará a la criada. Sin ella, nadie podrá demostrar lo de los almacenes.
Harland corrió hacia la puerta.
Los guardias lo detuvieron antes de que alcanzara el pasillo.
—Todo fue idea de otra persona —gritó—. Yo solo obedecía.
Luca se acercó lentamente.
—¿De quién?
Harland guardó silencio.
Nora tiró suavemente de la manga de Luca.
—El hombre del teléfono vino aquí ayer.
—¿Lo viste?
La niña asintió.
Luego señaló una fotografía familiar colocada sobre el escritorio.
Su dedo se detuvo sobre el rostro del único hermano de Luca.
—Era él.
Elena cerró los ojos con terror.
Luca no dijo una palabra.

Solo miró nuevamente el video y comprendió que aquella niña no había intentado salvar únicamente el trabajo de su madre.
Sin saberlo, acababa de revelar una traición dentro de su propia familia.