Parte 2: Las esposas cambiaron de manos

Las tres patrullas se detuvieron frente al portón mientras la música del mariachi seguía sonando.

Los invitados dejaron de hablar.

Algunos pensaron que habían venido por mí.

Mi madre fue la primera en sonreír.

—Ya ven —dijo con orgullo—. Les dije que mi hija iba a devolver la camioneta cuando llegara la policía.

Mauricio levantó su copa.

—Por fin alguien va a ponerla en su lugar.

El oficial al mando descendió lentamente de la patrulla con una carpeta en la mano.

—¿Quién es el señor Mauricio Mendoza?

Mi hermano dio un paso al frente con absoluta seguridad.

—Soy yo.

—¿Usted presentó una denuncia por robo de vehículo?

—Así es. Mi hermana se llevó mi camioneta.

El policía abrió la carpeta.

—¿Tiene alguna factura o documento que acredite la propiedad?

Mauricio señaló la cochera vacía.

—La usa desde hace años toda la familia. Todos saben que es mía.

El oficial levantó la vista.

—Le pregunté si tiene documentos.

El silencio comenzó a incomodarlo.

—Bueno… los guarda mi mamá.

Ofelia intervino inmediatamente.

—La compró mi hija para él. Eso cuenta.

El agente negó con calma.

—Legalmente no.

Sacó una copia de la factura.

—El vehículo pertenece exclusivamente a la teniente coronel Valeria Mendoza.

Mi madre perdió la sonrisa.

—Debe haber un error.

—No lo hay.

El oficial mostró también la póliza del seguro, el registro vehicular y los comprobantes de pago.

Todos llevaban mi nombre.

Uno de los invitados murmuró:

—Entonces Mauricio nunca fue el dueño…

El agente guardó nuevamente los documentos.

—Señor Mendoza, presentar una denuncia falsa es un delito.

Mauricio empezó a ponerse nervioso.

—Yo… yo pensé…

—¿Pensó qué?

No respondió.

Entonces otro policía se acercó con una tableta electrónica.

—Jefe, encontramos algo más.

Le mostró la pantalla.

El oficial frunció el ceño.

—¿Es correcto?

—Sí, acaba de confirmarlo el Ministerio Público.

Miró nuevamente a Mauricio.

—¿También es usted quien recibió durante los últimos cuatro años los depósitos destinados al mantenimiento de esta vivienda?

Mi hermano tragó saliva.

—Sí… mi hermana me ayudaba.

—¿Puede justificar en qué utilizó ese dinero?

Mauricio miró a mi madre buscando ayuda.

Ella habló antes que él.

—Era dinero familiar.

El oficial abrió otra carpeta.

—Según los estados de cuenta enviados por la propia teniente coronel, el dinero estaba etiquetado como pago de hipoteca, servicios médicos y mantenimiento de la propiedad.

Pasó varias hojas.

—Sin embargo, aparecen transferencias a casinos, agencias de autos, tiendas de lujo y cuentas personales.

Los murmullos crecieron entre los invitados.

Karla comenzó a retroceder lentamente hacia la puerta de la casa.

El tercer policía la detuvo.

—Señora, necesitamos que permanezca aquí.

Ella palideció.

—¿Por qué?

—Porque varias de esas transferencias terminaron en una cuenta bancaria de la que usted es cotitular.

Mi madre dio un paso adelante.

—¡Todo esto es culpa de Valeria! Siempre quiso humillar a su hermano.

El oficial la observó con seriedad.

—No, señora.

Hizo una breve pausa.

—Todo esto comenzó cuando ustedes decidieron utilizar una denuncia falsa contra la verdadera propietaria del vehículo.

En ese momento sonó el teléfono del agente.

Escuchó durante unos segundos y respondió únicamente:

—Entendido.

Colgó.

Luego miró directamente a Mauricio.

—Hay una actualización.

Sacó un segundo documento.

—La Fiscalía también recibió esta noche una denuncia presentada por la teniente coronel Mendoza.

Mi hermano abrió mucho los ojos.

—¿Qué denuncia?

El oficial leyó despacio.

—Administración fraudulenta, apropiación indebida de recursos, falsificación de firmas y presunto uso de documentos apócrifos.

El patio quedó completamente en silencio.

Yo no estaba allí para verlo.

Pero más tarde supe cuál había sido la frase que hizo que incluso el mariachi dejara de tocar.

El oficial levantó la vista y dijo:

—Señor Mauricio Mendoza… necesitamos que nos acompañe. La investigación incluye movimientos bancarios por más de quince años y una firma en particular que, según los primeros peritajes, no pertenece a su hermana… sino que fue falsificada cientos de veces para obtener créditos a su nombre.

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