—Desbloquéalo.
Vanessa negó con la cabeza.
—Daniel, estás sacando conclusiones.
—Desbloquea el teléfono.
Por primera vez desde que la conocía, parecía asustada.
Finalmente introdujo el código.
Abrí los mensajes.
El número desconocido había escrito tres veces durante la última semana.
“Todo sigue programado para el viernes.”
“Claire recibió los documentos.”
Y el último:
“Respondió exactamente como lo predijo.”
—¿Quién es? —pregunté.
—No lo sé.
—Te está escribiendo sobre mi esposa.
Vanessa respiró hondo.
—Claire vino a verme hace dos semanas.
Sentí que el suelo desaparecía.
—¿Qué?
—Sabía lo nuestro.
—¿Y no me dijiste nada?
Vanessa me sostuvo la mirada.
—Me pidió que no lo hiciera.
Solté una risa incrédula.
—¿Y simplemente obedeciste?
—Porque no vino a pelear conmigo.
Eso me hizo callar.
Vanessa abrió una conversación archivada.
Claire le había enviado un único mensaje:
“No necesito detalles. Solo necesito saber si Daniel estará contigo el viernes por la noche.”
Debajo estaba la respuesta de Vanessa.
“Sí.”
Me quedé mirándola.
—Me entregaste.
—No —dijo—. Tú decidiste venir.
Aquellas palabras me persiguieron todo el camino hasta nuestro ático.
Cuando llegué, la mitad del apartamento estaba vacía.
La ropa de Claire había desaparecido.
Sus libros.
Sus fotografías.
Incluso la taza azul que usaba cada mañana.
Sobre mi escritorio había un sobre.
Pensé que serían documentos del divorcio.
No lo eran.
Eran extractos bancarios.
Durante dieciocho meses, alguien había transferido dinero desde una cuenta empresarial que yo administraba hacia tres sociedades que no reconocía.
Debajo había una nota escrita por Claire.
“Pregúntale a Vanessa quién es realmente su hermano.”
Llamé inmediatamente.
—¿Qué significa esto?
Vanessa guardó silencio.
—¿Quién es tu hermano?
—Daniel…
—Contesta.
Finalmente habló.
—Ethan Lane.
Conocía ese nombre.
Todo Chicago financiero lo conocía.
Ethan había dirigido una empresa que perdió millones después de una operación fallida con mi compañía cuatro años atrás.
Había culpado públicamente a mi familia.
—¿Te acercaste a mí por él?
—Al principio.
La respuesta me dejó sin aire.
—¿Al principio?
—Después las cosas cambiaron.
Colgué.
Entonces vi otra hoja dentro del sobre.
Era un informe de auditoría preparado para Claire seis meses antes.
Seis meses.
Ella había sabido mucho antes de que Vanessa y yo durmiéramos juntos.
Pasé las páginas hasta llegar a la última.
Allí aparecía el nombre de la persona que había autorizado las transferencias.
Esperaba encontrar a Ethan.
O a Vanessa.
En cambio, encontré mi propia firma digital.
Debajo había una dirección IP.
Mi casa.
Y una fecha.
La noche del décimo aniversario de Claire y mío.
Aquella noche yo estaba en Nueva York.
Claire estaba sola en Chicago.

Entonces comprendí por qué su abogado había dicho que el divorcio era apenas el principio.
Claire no solo había estado reuniendo pruebas de mi infidelidad.
Durante seis meses había estado intentando descubrir quién estaba utilizando mi identidad.
Y aparentemente había encontrado la respuesta antes que yo.