PARTE 2: LA VERDAD OCULTA BAJO LA FINCA ROSSI.

Levanté lentamente la linterna.

La respiración volvió a escucharse.

Lenta.

Débil.

No venía de detrás de mí.

Venía del fondo del pasillo subterráneo.

Mis dos hombres levantaron las armas.

Avanzamos con cuidado.

La humedad cubría las paredes de concreto y el aire olía a medicamentos y óxido.

Al final del corredor apareció otra puerta de acero.

Estaba entreabierta.

Empujé lentamente.

Dentro había una pequeña habitación iluminada por una bombilla amarillenta.

Una mujer mayor permanecía sentada junto a una cama vacía.

Al verme, rompió a llorar.

—Llegó demasiado tarde…

Corrí hacia ella.

—¿Dónde está mi hija?

La mujer levantó las manos temblorosas.

—Soy Elena.

La enfermera.

Me obligaron a cuidar de ella.

Sentí que el corazón me golpeaba el pecho.

—¿Quién la obligó?

—Luca.

Y su padre.

La anciana comenzó a temblar.

—Durante meses la mantuvieron aquí abajo.

No permitían que saliera.

Decían que el bebé pertenecía únicamente a la familia Rossi.

Que, cuando naciera, Grace desaparecería para siempre.

Miré desesperadamente la cama.

Todavía había vendas.

Medicamentos abiertos.

Y una pulsera hospitalaria con el nombre de mi hija.

—¿Dónde está ahora?

La enfermera señaló la pared.

—Hace dos noches comenzó el parto.

Hubo complicaciones.

Llamaron a un médico privado.

Cuando terminó…

Se la llevaron.

Sentí que el suelo desaparecía.

—¿Y el bebé?

La mujer cerró los ojos.

—Escuché llorar a un niño.

Solo uno.

Después se hizo silencio.

Mi respiración se volvió pesada.

Uno de mis hombres salió corriendo.

—Señor…

Encontramos otra habitación.

Entré inmediatamente.

Era un pequeño quirófano improvisado.

Todavía olía a desinfectante.

Había sangre reciente sobre el suelo.

Instrumental médico abandonado.

Y una carpeta.

La abrí.

En la primera página aparecía el nombre completo de mi hija.

Más abajo, una frase escrita por el médico.

“Paciente trasladada tras cesárea de emergencia.”

Seguían varias firmas.

Una de ellas pertenecía a Luca Rossi.

La otra…

Al patriarca de la familia.

Apreté los documentos con fuerza.

Grace había sobrevivido a la operación.

Eso significaba que seguía viva.

Uno de mis guardias encontró un monitor de seguridad destrozado.

Retiró la carcasa.

La tarjeta de memoria seguía dentro.

Me la entregó.

—Tal vez aún funcione.

En ese instante sonó el teléfono de uno de mis hombres.

Escuchó apenas unos segundos antes de mirarme.

—Señor…

Acaban de detener a Luca cuando intentaba abandonar la propiedad en helicóptero.

Respiré profundamente.

—Que nadie lo toque.

Todos me miraron sorprendidos.

Guardé la tarjeta de memoria en el bolsillo.

—Todavía no.

Miré por última vez las palabras grabadas por Grace sobre el muro.

“Papá… nunca me fui.”

Apreté la mandíbula.

Si Luca hablaba antes de tiempo, solo obtendría mentiras.

Pero las cámaras…

Las cámaras mostrarían exactamente quién sacó a mi hija de aquella prisión subterránea.

Y, sobre todo…

Hacia dónde la llevaron junto con el bebé que acababa de nacer.

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