Mandy sobrevivió.
Cuando despertó tres días después, su primera pregunta no fue por Marcus.
Fue por mí.
—¿Dónde está Summer?
La enfermera respondió que yo estaba hablando con la policía.
Los comentarios aparecieron inmediatamente.
“¡Va a acusarla!”
“Summer terminará en prisión y Mandy recibirá todo.”
Pero había un problema.
Yo tenía el video completo.
La policía lo revisó cuadro por cuadro. Los empleados habían comprobado los arneses. Marcus y Mandy habían decidido saltar juntos. Yo ni siquiera estaba en la plataforma cuando ocurrió.
Entonces el investigador detuvo la grabación.
—Señora Meng, mire esto.
Amplió la imagen de la cuerda.
Había una zona dañada cerca del punto de unión.
—Esto no parece desgaste normal.
Sentí frío.
La investigación cambió de accidente a posible sabotaje.
Y entonces recordé los comentarios.
Yo debía haber saltado con Marcus.
No Mandy.
Dos días después, la policía encontró algo peor.
Una cámara del complejo había grabado a una persona entrando de madrugada al almacén donde guardaban el equipo.
Era Marcus.
Mi esposo.
Los comentarios desaparecieron durante varios segundos.
Después regresaron frenéticos.
“Eso no estaba en la historia.”
“¡No puede ser!”
“Marcus solo debía engañarla, no hacer esto.”
Pero las pruebas continuaron.
En el teléfono de Marcus encontraron búsquedas sobre accidentes de bungee y cláusulas de seguros de viaje.
También mensajes eliminados que pudieron recuperar.
Uno era para Mandy:
“Después de mañana podremos dejar de escondernos.”
Otro:
“Solo asegúrate de que Summer acepte saltar.”
Me quedé mirando aquellas palabras hasta que dejaron de doler.
Marcus no había planeado divorciarse pacíficamente de mí.
Había planeado convertirse en viudo.
Pero Mandy aseguró no saber nada.
Lloró durante su declaración.
—Creí que hablaba del divorcio.
Entonces el investigador hizo una pregunta:
—¿Está embarazada del señor Meng?
Mandy palideció.
Los comentarios explotaron de alegría.
“¡Aquí está el heredero!”
“¡Ahora recuperaremos la trama!”
Mandy bajó la cabeza.
—Sí.
Pero el investigador deslizó otro documento sobre la mesa.
—Entonces tenemos un problema.
Marcus se había sometido a una vasectomía cinco años antes.
Yo lo sabía.
Mandy no.
Su embarazo no podía ser suyo.
Y de pronto comprendí por qué los comentarios habían insistido tanto en que ella heredaría “con su hijo”.
La historia que flotaba frente a mis ojos estaba llena de mentiras.
Marcus había intentado eliminarme creyendo que empezaría una nueva vida con Mandy y un bebé que ni siquiera era suyo.
Mandy había creído que reemplazarme significaba quedarse con todo.
Y yo había sido tratada como un personaje descartable dentro de la vida de ambos.
Semanas después, regresé sola a casa.
El testamento de Marcus me dejaba la mayor parte de sus bienes como esposa legal. Pero el dinero ya no me producía ninguna satisfacción.
Frente al escritorio encontré nuestra fotografía de boda.
Siete años atrás yo sonreía convencida de conocer al hombre que estaba a mi lado.
La guardé en un cajón.
Los comentarios aparecieron por última vez.
“¿Y ahora qué?”
“Sin Mandy como protagonista, ¿quién continúa la historia?”
Los observé desaparecer lentamente.
Sonreí.
—Yo.
Pero esta vez nadie iba a escribirla por mí.