PARTE 2: LA VERDAD DE VICTORIA

Victoria no respondió.

Adrian la miró fijamente.

—Mamá, ¿qué hiciste?

Victoria apretó el bolso contra el pecho.

—No sabes toda la historia.

—Entonces cuéntamela.

Elena permaneció inmóvil mientras los tres chicos observaban a su padre por primera vez.

Noah fue quien rompió el silencio.

—¿Él es realmente nuestro padre?

Adrian lo miró.

Por primera vez en catorce años, no tuvo una respuesta preparada.

—Sí —dijo finalmente—. Soy vuestro padre.

Ethan bajó la mirada.

—¿Y por qué nunca viniste a buscarnos?

La pregunta golpeó a Adrian más fuerte que cualquier acusación.

—Porque me hicieron creer que no existíais.

Liam levantó los ojos hacia Victoria.

—¿Ella fue quien mintió?

Victoria respiró profundamente.

—Lo hice por mi hijo.

Elena soltó una risa amarga.

—No. Lo hiciste porque decidiste que yo no era suficientemente buena para tu apellido.

Victoria no lo negó.

Adrian dio un paso hacia ella.

—Quiero escuchar exactamente qué pasó.

—Tu matrimonio estaba destruyendo tu futuro —respondió Victoria—. Elena no pertenecía a nuestro mundo. Vanessa sí.

—¿Y por eso falsificaste un informe médico?

Victoria cerró los ojos.

—Pensé que con el tiempo la olvidarías.

—¿Y mis hijos?

—Pensé que nunca sabrías que existían.

Adrian se quedó completamente quieto.

—¿Dónde está el informe original?

Victoria no respondió.

—Mamá.

—En la caja fuerte.

—Tráelo.

Ella negó con la cabeza.

—No puedo.

Adrian tomó el teléfono.

—Entonces lo buscaré yo mismo.

Victoria palideció.

—Adrian, espera.

Pero él ya había llamado a su abogado.

—Quiero todos los archivos relacionados con mi divorcio de Elena Carter, incluidos los informes médicos, transferencias bancarias y documentos que mi madre haya presentado.

Elena lo observó.

No sentía alivio.

Todavía no.

Catorce años de dolor no podían desaparecer porque una mentira acabara de quedar expuesta.

Entonces Noah se acercó a ella.

—Mamá, ¿por qué nunca nos hablaste de él?

Elena se arrodilló frente a sus tres hijos.

—Porque quería que crecierais sabiendo quiénes erais, no cuánto dinero tenía vuestro padre.

Adrian escuchó aquellas palabras.

Y por primera vez comprendió que Elena no había utilizado a sus hijos para reclamar su fortuna.

Había hecho exactamente lo contrario.

Había mantenido su existencia lejos de su apellido.

Lejos de sus abogados.

Lejos de sus millones.

Hasta aquella noche.

—¿Por qué viniste hoy? —preguntó Adrian.

Elena se levantó.

—Porque escuché que ibas a donar tu fortuna.

Él frunció el ceño.

—¿Y eso qué tiene que ver contigo?

—Nada.

Señaló a los chicos.

—Pero pensé que antes de regalar todo lo que construiste, tenías derecho a saber que existen tres personas que llevan tu sangre.

Adrian miró a sus hijos.

Tres rostros.

Tres vidas que se había perdido.

—Quiero conocerlos.

Elena permaneció en silencio.

—No puedes exigir eso.

—Lo sé.

La respuesta sorprendió incluso a ella.

Adrian bajó la voz.

—No puedo recuperar catorce años. Pero puedo dejar de perder los siguientes.

Liam miró a su madre.

Después a Adrian.

—¿Y qué pasa con la herencia?

Adrian negó lentamente.

—No quiero que me conozcáis por mi dinero.

Los tres chicos se miraron.

Entonces Ethan preguntó:

—¿Podemos conocerte primero?

Adrian tragó saliva.

—Sí.

En ese momento, uno de los abogados entró apresuradamente en el salón.

—Señor Blackwood, encontramos algo.

Le entregó una carpeta.

Adrian la abrió.

Dentro había una copia del supuesto informe de aborto.

Pero en la última página había una firma que no pertenecía al médico que supuestamente había atendido a Elena.

Adrian levantó la mirada.

—Esta firma es falsa.

El abogado asintió.

—Y hay algo más.

Sacó otro documento.

—El hospital que aparece en el informe nunca recibió a la señora Carter esa noche.

Elena cerró los ojos.

La verdad estaba finalmente saliendo a la superficie.

Pero entonces el abogado añadió:

—También encontramos una transferencia de cinco millones de dólares realizada la misma semana del divorcio.

Adrian miró a su madre.

—¿A quién enviaste ese dinero?

Victoria no respondió.

El abogado dejó el documento sobre la mesa.

—A Vanessa Whitmore.

El salón entero quedó en silencio.

Adrian levantó lentamente la cabeza.

Y entonces comprendió que quizá la traición no había terminado con su madre.

Quizá la mujer que durante catorce años creyó que había amado también había formado parte de aquella mentira.

Y Vanessa, que llevaba catorce años esperando convertirse en la señora Blackwood, acababa de recibir una llamada que cambiaría su vida.

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