Fernando sintió que el anillo pesaba más que el metal.
La sangre seca seguía adherida al borde.
Por primera vez desde el accidente, una idea insoportable cruzó su mente.
¿Y si Ximena realmente había decidido no volver?
—¿A qué clínica la trasladaron? —preguntó con la voz tensa.
La enfermera revisó la pantalla.
—Centro Internacional de Rehabilitación Montalvo. Houston, Texas.
—¿Quién autorizó el traslado?
—La propia paciente.
—¿Y cómo pudo hacerlo en ese estado?
La mujer levantó la vista.
—Porque estaba consciente.
—Y porque nadie de su familia apareció para asumir la responsabilidad.
Cada palabra cayó como un golpe.
Fernando guardó silencio.
La enfermera añadió con frialdad profesional:
—Firmó sola la autorización para la cirugía.
—Firmó sola el traslado.
—Y también firmó que usted no recibiera información médica adicional.
Fernando sintió un vacío en el estómago.
Era la primera vez que Ximena le cerraba una puerta.
Detrás de él apareció Karla apoyada en una enfermera.
—Fer…
Él se giró de inmediato.
—¿Por qué te levantaste?
—Quería hablar con Ximena.
La enfermera respondió antes que él.
—La señora ya no está aquí.
Karla bajó la mirada.
—Todo esto pasó por mi culpa.
Fernando le tomó el brazo.
—No digas tonterías.
—Tú necesitabas ayuda.
La enfermera no pudo contenerse.
—Con respeto, señor…
Los dos la miraron.
—La paciente que necesitaba ayuda urgente era su esposa.
El silencio fue incómodo.
Ella abrió el expediente electrónico.
—La señora Beltrán ingresó con lesiones leves.
—Su esposa llegó con una fractura expuesta, hemorragia interna y signos de choque hipovolémico.
Fernando frunció el ceño.
—¿Qué está diciendo?
—Que, si hubiéramos retrasado un poco más su cirugía…
Hizo una pausa.
—Probablemente no habría sobrevivido.
Fernando sintió que las piernas dejaban de sostenerlo.
Porque él había sido quien pidió retrasarla.
En ese momento llegó el director médico acompañado por un hombre con traje oscuro.
—¿Señor Fernando Alcázar?
—Sí.
—Necesitamos hablar con usted.
Entraron en una pequeña sala de reuniones.
El director colocó varias hojas sobre la mesa.
—Después de la intervención, el comité clínico revisó el caso debido a la prioridad solicitada en urgencias.
Fernando no entendía.
—¿Qué significa eso?
—Que todo quedó registrado.
Le mostró el historial.
Hora de llegada.
Nivel de gravedad.
Prioridad médica.
Y, finalmente, una nota escrita por la enfermera de admisión.
“El esposo solicita retrasar la cirugía de la paciente crítica para atender primero a una acompañante con lesiones leves.”
Fernando quedó inmóvil.
El hombre del traje habló por primera vez.
—Soy representante de la aseguradora médica.
—Hemos recibido una reclamación formal presentada por la señora Ximena Salgado.
Fernando levantó lentamente la cabeza.
—¿Una reclamación?
—Sí.
Abrió otra carpeta.
—Pero no es únicamente contra usted.
—También solicita una investigación sobre varias declaraciones médicas realizadas por la señorita Karla Beltrán durante los últimos tres años.
Fernando frunció el ceño.
—¿Qué declaraciones?
El representante deslizó un informe clínico sobre la mesa.
—Las relacionadas con su supuesta enfermedad cardíaca.
Fernando sintió un escalofrío.
Porque, durante años…
Cada vez que había elegido a Karla por encima de Ximena…
Siempre había sido por la misma razón.

Su delicado corazón.
Y el primer informe del comité decía algo que jamás imaginó leer.
“No existe evidencia clínica que respalde el diagnóstico que la paciente declaró repetidamente.”