PARTE 2: LA VERDAD BAJO EL ALTA

La serpiente levantó la cabeza.

Su lengua negra cortó el aire.

No tuve tiempo para pensarlo.

Arrojé el trapo mojado varios metros hacia la maleza.

El golpe contra unas piedras produjo un sonido seco.

Durante un instante interminable, la serpiente permaneció inmóvil.

Después giró lentamente la cabeza hacia el ruido.

Era la única oportunidad.

Corrí.

Metí la palanca entre el cuerpo del animal y el pecho de la muchacha, haciendo fuerza con todas mis piernas.

La serpiente siseó con una violencia que todavía puedo escuchar en mis pesadillas.

Se retorció sobre el metal y lanzó un ataque hacia mi brazo.

Retrocedí apenas lo suficiente para evitar la mordida.

Entonces el animal abandonó el cuerpo de la joven y desapareció entre los arbustos con una velocidad imposible.

Solo cuando dejó de verla comprendí que llevaba varios minutos sin respirar con normalidad.

Me arrodillé junto a ella.

—Ya pasó… tranquila.

Sus labios estaban completamente resecos.

Le humedecí apenas la boca con unas gotas de agua.

No podía darle más.

Los despachadores siempre advertían lo mismo cuando una persona estaba inconsciente.

Su respiración era débil.

Pero seguía respirando.


Tomé la mochila.

Dentro encontré ropa doblada, una fotografía de una niña pequeña abrazando a la misma joven y un sobre del Hospital Regional San Lucas.

Abrí el informe de alta.

No buscaba invadir su privacidad.

Buscaba saber si tenía alguna enfermedad que pudiera matarla antes de que llegara la ambulancia.

Entonces vi una frase escrita con tinta azul.

“Paciente dada de alta por solicitud del familiar responsable.”

Más abajo aparecía un nombre.

Tutor responsable: Ernesto Valdés.

Y, en el margen inferior, alguien había escrito apresuradamente otra nota.

“No permitir traslado con el señor Ernesto si la paciente recupera la conciencia.”

Sentí un escalofrío.

Aquello no era una anotación médica normal.

Parecía una advertencia.


La muchacha abrió apenas los ojos.

Movió los labios.

Me acerqué.

—¿Cómo te llamas?

—…Julia…

—Julia, ya viene ayuda.

Ella negó con un movimiento casi imperceptible.

—No…

Respiró con dificultad.

—Él… volverá…

Miró desesperadamente hacia la carretera.

—No… deje… que…

La tos la interrumpió.

Después perdió nuevamente el conocimiento.


A lo lejos escuché una camioneta.

No era una ambulancia.

Era una pickup gris que avanzaba demasiado rápido por el camino de terracería.

Levanté la vista.

El conductor frenó bruscamente a unos cincuenta metros.

Un hombre robusto bajó del vehículo.

Miró primero a Julia.

Luego a mí.

Y finalmente al camión.

Comenzó a caminar sonriendo.

—Gracias a Dios la encontró.

Levanté la palanca sin esconderla.

—¿Quién es usted?

—Su tío.

Respondió demasiado rápido.

—La estamos buscando desde hace horas.

Miré el informe de alta.

—Curioso.

Su sonrisa vaciló.

—¿Por qué?

—Porque aquí no dice “tío”.

Dice otra cosa.

El hombre dejó de avanzar.

Durante unos segundos ninguno habló.

Entonces dio otro paso.

—Entréguemela.

—La ambulancia viene en camino.

Su expresión cambió por completo.

La amabilidad desapareció.

—Le dije que me la entregue.

En ese mismo instante escuché las sirenas.

El hombre volvió la cabeza.

Las luces rojas aparecieron al final de la carretera.

No dudó.

Corrió hacia la camioneta.

Subió de un salto y aceleró levantando una enorme nube de polvo.

Los paramédicos llegaron apenas unos segundos después.

Mientras colocaban a Julia sobre la camilla, les entregué el informe médico y les señalé la pickup que desaparecía entre los árboles.

Uno de los policías revisó rápidamente el documento.

Su rostro se endureció.

—¿Está seguro de que ese hombre dijo ser su familiar?

Asentí.

El oficial tomó la radio.

—Central, activen alerta inmediata para una pickup gris.

Miró nuevamente el nombre del informe.

Después levantó la vista hacia mí.

—Señor…

Respiró profundamente.

—El hombre que acaba de escapar es el mismo que firmó el alta médica hace poco más de una hora.

Hizo una pausa.

—Y también es el principal sospechoso de la desaparición de dos jóvenes ocurridas durante los últimos tres años.

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