PARTE 2: LA ÚLTIMA TORMENTA

Ethan se quedó inmóvil conmigo entre sus brazos.

—¿Qué está ocultando? —preguntó.

Megan volvió a mirar mi abdomen.

—Pregúntale por qué lleva semanas enferma.

La miré fijamente.

Entonces comprendí.

Ella sabía algo.

Algo que ni siquiera Ethan sabía.

—Bájame —dije.

—Claire…

—Ahora.

Ethan obedeció justo cuando los paramédicos llegaron.

Uno de ellos se acercó y comenzó a hacerme preguntas. Expliqué el dolor, las náuseas y el mareo.

—Necesitamos llevarla a urgencias.

Ethan intentó subir conmigo.

Lo detuve.

—No.

—Soy su novio.

—Ya no.

Su rostro cambió.

Megan dejó de sonreír.

Antes de que cerraran las puertas, miré a Ethan.

—Lleva a Megan a casa. Es lo que siempre eliges.

La ambulancia arrancó.

Horas después, el médico confirmó que el dolor se debía a una gastritis severa agravada por estrés, alcohol y meses de malos hábitos.

Pero también descubrieron algo inesperado.

Estaba embarazada.

Casi ocho semanas.

Me quedé mirando el resultado sin saber si reír o llorar.

Durante cuatro años había imaginado contarle a Ethan una noticia así.

Ahora solo pensé en mi traslado.

En mi nueva ciudad.

En la vida que estaba a punto de comenzar.

Y entonces entendí por qué Megan lo sabía.

Dos semanas antes había encontrado una prueba en mi bolso después de que yo comenzara a sospecharlo. Todavía no había confirmado nada y la había tirado en un baño durante una cena donde ella también estaba.

Debió verla.

A la mañana siguiente Ethan apareció en el hospital.

Megan venía detrás.

Otra vez.

—Claire —dijo—, tenemos que hablar.

—No.

Le entregué un sobre.

Dentro estaba la copia de mi solicitud de traslado y una breve carta terminando nuestra relación.

Ethan leyó la primera página.

—¿Te vas el lunes?

—Sí.

—¿Desde cuándo lo sabes?

—Desde anoche.

—¿Ibas a marcharte sin decírmelo?

Lo miré.

—Durante quince noches te pedí que me eligieras una sola vez.

Se quedó callado.

Megan intervino:

—Ethan, no permitas que utilice esto para separarnos.

Él se volvió lentamente.

—¿Separarnos?

Megan palideció.

—Quise decir…

—¿Cómo sabías que Claire podía estar embarazada?

Silencio.

Finalmente admitió que había encontrado la prueba.

Pero aquello abrió otra pregunta.

—¿Y por qué no me dijiste nada? —preguntó Ethan.

Megan comenzó a llorar.

Dijo que tenía miedo.

Que no quería perderlo.

Que durante meses había exagerado algunas de sus crisis porque cada vez que sentía miedo, Ethan aparecía.

—Contigo me siento segura —susurró.

Ethan la miró como si finalmente estuviera viendo el patrón completo.

Pero yo ya no necesitaba que lo entendiera.

—Claire —dijo—. Puedo arreglarlo.

Negué.

—No quiero que abandones a Megan por mí.

Pareció sorprendido.

—Entonces…

—Quiero un hombre al que nunca tenga que suplicarle que me elija.

Tres días después empaqué mis cosas.

Ethan apareció en mi apartamento la noche anterior al vuelo.

—Terminé todo contacto personal con Megan. La ayudé a encontrar terapia. No volverá a depender de mí.

—Me alegro.

—Entonces dame otra oportunidad.

—No.

Aquella palabra salió sorprendentemente fácil.

Ethan bajó la mirada hacia mi abdomen.

—¿Y el bebé?

—Podrás ser su padre si decides comportarte como uno.

Lo miré directamente.

—Pero ser padre de mi hijo no te convierte nuevamente en mi pareja.

El lunes tomé el avión.

Acepté el ascenso.

Alquilé un apartamento pequeño cerca de mi nueva oficina.

Y por primera vez en mucho tiempo, cuando empezó a llover, no miré el teléfono esperando que alguien viniera a rescatarme.

Meses después, Ethan comenzó a viajar para asistir a las citas relacionadas con el bebé.

Nunca volvimos.

Pero aprendió algo que debería haber comprendido mucho antes:

ayudar a una persona vulnerable no exige abandonar a otra.

Y yo aprendí algo todavía más importante.

Aquella noche creí que la ambulancia había venido a salvarme del dolor que sentía en el abdomen.

En realidad, ya había empezado a salvarme antes.

En el instante exacto en que miré a Megan sentada en mi lugar y comprendí que no necesitaba recuperarlo.

Necesitaba marcharme.

La temporada de lluvias terminó semanas después.

Mi relación con Ethan también.

Y esta vez, cuando salió el sol, yo ya estaba demasiado lejos para volver.

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