Karla amplió el recibo.
—Lucía… aquí aparecen dos muestras masculinas distintas.
Sentí que el estómago se me cerraba.
Llamé a Andrés.
Contestó inmediatamente.
—¿Quién dio la segunda muestra?
Silencio.
—Andrés.
—Mi madre.
—¿Qué hizo Teresa?
Su voz tembló.
—La primera prueba comparaba a Mateo conmigo. La segunda… con mi padre.
Me quedé inmóvil.
Mi suegro, Roberto, había muerto casi un año antes de que Mateo naciera.
—Eso no tiene sentido.
—Mamá conservaba objetos personales suyos. No sé qué utilizó ni por qué hizo esa prueba.
—¿Y cuál tiene resultado?
Andrés tardó demasiado.
—La segunda.
Cerré los ojos.
—Dímelo.
—Según el informe, existe una relación biológica compatible con que Mateo pertenezca a la línea familiar de mi padre.
Me senté lentamente.
Teresa ya sabía que Mateo estaba relacionado con los Vargas.
Entonces, ¿por qué me había acusado?
A la mañana siguiente contacté a una abogada.
No regresé a casa.
Tampoco permití que Andrés viera a Mateo mientras se aclaraban los hechos y se establecían condiciones seguras.
Andrés envió todos los correos relacionados con las pruebas.
Entre ellos encontramos uno de Teresa.
Había sido enviado al laboratorio diecinueve días antes.
“Necesito confirmar cuál de mis hijos es el padre.”
Lo leí tres veces.
—¿Cuál de mis hijos?
Karla palideció.
Andrés siempre me había dicho que era hijo único.
Aquella tarde él apareció acompañado de su abogado.
No intentó acercarse.
Solo dejó una carpeta.
—Hay algo que mi madre me prohibió contarte.
Dentro había una fotografía antigua.
Roberto y Teresa aparecían junto a dos muchachos casi idénticos.
Uno era Andrés.
El otro tenía escrito detrás:
“Sebastián, 2012.”
—Es mi hermano mayor —dijo Andrés—. Mi familia cortó todo contacto con él hace años.
Sentí un escalofrío.
Nunca había conocido a ningún Sebastián.
O eso creía.
Hasta que Karla tomó la fotografía.
—Lucía…
Señaló al segundo hombre.
—Yo sí lo conozco.
La miré.
—¿De dónde?
Karla abrió su teléfono y buscó una fotografía tomada en mi boda.
Al fondo, casi fuera del encuadre, estaba Sebastián.
Mirándome.
Y junto a él estaba Teresa.

Entonces comprendí que mi suegra nunca había iniciado aquellas pruebas porque dudara simplemente de mí.
Estaba intentando descubrir cuál de sus dos hijos estaba relacionado con Mateo.
Y por alguna razón, llevaba años ocultándome que el segundo había estado presente desde el día de mi boda.