El documento era una modificación de mi acuerdo empresarial.
Si yo permanecía médicamente incapacitado durante doce meses consecutivos, la administración temporal de varias sociedades pasaría a mi representante designado.
Arya.
Pero había algo peor.
Alguien había iniciado el procedimiento seis meses antes de tiempo.
—¿Dónde encontraste esto?
—La impresora del despacho —respondió Tessa—. Arya imprimió dos copias y dejó una atascada.
Seguí leyendo.
Dominic también aparecía.
Mi primo.
Mi socio.
El hombre que llevaba meses diciéndome que descansara mientras él “mantenía todo funcionando”.
—Necesito a mi abogado.
—Ya lo llamé.
La miré.
Tessa se encogió de hombros.
—Supuse que querrías hacerlo después de leer eso.
Por primera vez en meses sonreí.
Esa tarde llegó mi abogado, Marcus Hale.
Revisó el documento y negó lentamente.
—Esto todavía no les entrega nada. Pero alguien está preparando el terreno para declarar que ya no puedes dirigir tus asuntos.
—¿Cancelar mi terapia ayudaría?
Marcus me sostuvo la mirada.
—Podría ayudarles a construir una narrativa de incapacidad permanente.
Entonces tomé una decisión.
No enfrentaría a Arya.
Todavía no.
Durante las siguientes semanas continué con rehabilitación bajo supervisión médica mientras Marcus revisaba cada autorización, transferencia y contrato firmado desde el tiroteo.
Encontramos pagos que yo nunca había aprobado.
Propiedades trasladadas entre sociedades.
Y un intento de vender parte de los derechos del puerto.
Todo conducía a Dominic.
Pero varias autorizaciones llevaban la firma de Arya.
Una noche regresó de una cena y encontró a Marcus sentado conmigo.
Se detuvo.
—¿Qué ocurre?
Dejé el documento sobre la mesa.
Su rostro cambió.
—Vicente, puedo explicarlo.
—Entonces empieza.
Arya miró hacia la puerta.
—Dominic dijo que era para proteger tus empresas.
—¿Y cancelar mi terapia también protegía mis empresas?
No respondió.
Eso fue suficiente.
Le pedí que abandonara la casa.
La boda quedó cancelada aquella misma noche.
Creí que había descubierto toda la traición.
Hasta que Marcus regresó dos días después con otro expediente.
—Vicente, encontramos algo sobre el tiroteo.
Mi cuerpo se tensó.
—¿Qué?
—Dominic contrató seguridad privada para aquel evento.
—Eso ya lo sabía.
—Sí. Pero modificó tu ubicación en el programa esa misma mañana.
Me quedé inmóvil.
Marcus puso delante de mí una copia del cambio.
La solicitud había sido autorizada desde la cuenta de Dominic.

Pero la persona que confirmó dónde estaría yo exactamente no había sido Dominic.
Era Arya.
Y lo había hecho cuarenta y siete minutos antes de que me dispararan.