PARTE 2: LA SEGUNDA MENTIRA

Olivia no dijo nada hasta que Ethan salió detrás de mí.

Entonces tomó el sobre que sobresalía del bolso de Serena.

No necesitó abrirlo.

En la esquina superior podía leerse claramente:

Paciente: Serena Blake
Contacto registrado: Lucas Bennett.

Olivia levantó la vista.

—Serena… ¿quién es Lucas?

Serena dejó de llorar.

Su rostro perdió todo el color.

—Dame eso.

Intentó arrebatárselo, pero Olivia retrocedió.

—Hace cinco minutos dijiste delante de todos que Ethan es el padre.

La puerta volvió a abrirse.

Ethan había regresado.

—Emma se fue —dijo, furioso—. Serena, necesito…

Se detuvo al ver el sobre.

—¿Qué ocurre?

Nadie respondió.

Olivia lo dejó sobre la mesa.

—Pregúntale quién es Lucas Bennett.

Ethan miró a Serena.

Ella empezó a temblar.

—Es complicado.

Solté una risa desde la puerta del pasillo.

Había regresado porque olvidé mi bolso.

—Qué noche tan llena de cosas complicadas.

Ethan giró hacia mí.

Pero yo ya no lo miraba.

Miraba a Serena.

—¿Quién es Lucas?

Finalmente habló.

—Mi exnovio.

—¿Y por qué aparece en documentación relacionada con tu embarazo?

Serena guardó silencio.

Ethan entendió antes de que ella respondiera.

—No.

Su voz salió apenas audible.

—Serena, dijiste que las fechas coincidían conmigo.

—Coinciden.

—¿Entonces por qué está su nombre ahí?

—Porque cuando fui por primera vez todavía estábamos resolviendo algunas cosas.

Ethan se quedó blanco.

Por primera vez aquella noche, él estaba sintiendo exactamente lo que yo había sentido minutos antes.

La incertidumbre.

La humillación.

La sospecha de haber construido planes sobre una mentira.

—Quiero una prueba de paternidad cuando sea médicamente apropiado —dijo.

Serena se levantó.

—¿No confías en mí?

Casi me reí.

Ethan también pareció comprender la ironía.

—Acabo de perder a Emma porque confié en ti.

—¡Tú también me mentiste! —gritó Serena—. Dijiste que terminarías con ella en cuanto supieras lo del embarazo.

El salón quedó completamente quieto.

Ethan cerró los ojos.

Yo asentí lentamente.

Ahí estaba la última pieza.

No había estado confundido.

Había tomado decisiones.

Durante meses.

—Gracias —dije.

Ethan abrió los ojos.

—Emma…

—Eso era lo único que todavía necesitaba saber.

Tomé mi bolso.

Esta vez sí me marché.

No pregunté quién era el padre.

Ya no era asunto mío.

Las semanas siguientes, Ethan intentó contactarme desde números diferentes.

No respondí.

Cancelé el contrato del apartamento que compartíamos, separé mis pertenencias y eliminé mi nombre de todos los gastos conjuntos.

Tres meses después, Olivia me llamó.

—Ya salió el resultado.

Guardé silencio.

—El bebé no es de Ethan.

Cerré los ojos.

No sentí satisfacción.

Solo una extraña tranquilidad.

—¿Y Lucas?

—Tampoco.

Abrí los ojos.

—¿Qué?

Resultó que Serena había mantenido otra relación durante el mismo periodo.

Ethan había destruido nuestra relación por una mujer que ni siquiera sabía cuál de sus mentiras terminaría alcanzándola primero.

Pero aquella no fue la consecuencia que más le dolió.

Meses después nos encontramos por casualidad en el vestíbulo de un hotel.

Ethan parecía distinto.

Más cansado.

Se acercó inmediatamente.

—Emma, ahora sabemos que el bebé nunca fue mío.

—Lo sé.

Sus ojos se iluminaron.

—Entonces podemos empezar de nuevo.

Lo miré durante varios segundos.

Realmente lo creía.

Creía que descubrir la mentira de Serena borraba la suya.

—Ethan, la paternidad nunca fue el motivo por el que te dejé.

Su esperanza desapareció.

—Te dejé porque durante seis meses me miraste a los ojos y mentiste.

—Cometí un error.

—No.

Negué suavemente.

—Cometiste el mismo error muchas veces y solo te arrepentiste cuando descubriste que también te estaban engañando.

Pasé junto a él.

Ethan pronunció mi nombre.

No me detuve.

Porque al final Serena había mentido sobre quién era el padre de su hijo.

Pero Ethan me había mostrado una verdad mucho más importante:

Quién era él cuando pensaba que podía tenerlo todo sin perderme.

Y esa verdad no necesitaba ninguna prueba de paternidad.

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