Michael Moretti no reaccionó durante tres segundos.
Luego miró a su hijo.
—¿Te vas a casar?
Zach asintió orgullosamente.
—Hicimos promesa de meñique.
Michael me observó.
—Eso es bastante serio.
No supe si estaba bromeando.
Entonces Regina apareció detrás de sus hombres.
—¡Ahí estás!
Su expresión cambió al reconocer a Michael.
—Señor Moretti…
Michael miró los moretones de mi muñeca.
—¿Usted hizo eso?
—Es un asunto familiar.
—Ella me pertenece —intervino una voz.
Tony apareció con dos hombres.
—Su suegra me debe cincuenta mil. La chica cubrirá la deuda.
El rostro de Michael se volvió inexpresivo.
—¿Está diciendo que compró a una mujer?
Tony tragó saliva.
—No exactamente…
Zach tiró de la manga de su padre.
—Papá, es mi prometida.
Michael cerró los ojos un instante.
—Sí, hijo. Escuché esa parte.
Después señaló la salida.
—Zach, ve con Carlo.
—Pero prometí protegerla.
Michael se agachó.
—Entonces déjame ayudarte a cumplir tu promesa.
Cuando Zach salió, Michael volvió hacia Tony.
—La deuda de Regina no tiene nada que ver con Aurora.
—Me debe dinero.
—Entonces cóbreselo a ella.
Regina palideció.
—¡Michael!
—¿Por qué sabe mi nombre? —pregunté.
Silencio.
Regina dejó de respirar.
Michael la observó.
—Buena pregunta.
Uno de sus hombres se acercó y le entregó un teléfono.
Michael miró la pantalla.
Después me la mostró.
Había una fotografía mía.
Tomada esa misma semana.
Debajo aparecía una recompensa de cincuenta mil dólares.
Pero Regina no la había publicado.
El nombre del cliente era una empresa llamada Belladonna Holdings.
Michael dejó de sonreír.
—Llevamos meses investigando esa compañía.
—¿Por qué?
—Porque alguien está pagando mucho dinero para encontrarte viva.
Regina intentó escapar.
Los hombres de Michael bloquearon la puerta.
—¿Quién está detrás de Belladonna? —pregunté.
—No lo sé.
Michael miró a Regina.
—Pero ella sí.
Regina comenzó a llorar.
—Yo solo debía entregarla.
—¿A quién?
—A su familia.
Sentí que el suelo desaparecía.
—Mi familia murió.
Regina soltó una risa nerviosa.
—Eso fue lo que te dijeron.
Michael ordenó registrar su bolso.
Encontraron documentos, dinero y una fotografía antigua.
Me quedé helada.
En ella aparecía mi madre sosteniéndome cuando era bebé.
A su lado estaba un hombre joven.
Michael.
—¿Qué demonios es esto?
Él tomó la fotografía.
Por primera vez perdió completamente la calma.
—¿Dónde conseguiste esto?
Regina se negó a responder.
Entonces Michael giró la fotografía.
Había una frase escrita detrás.
“Si algo me ocurre, Moretti sabrá quién es Aurora.”
Michael me miró como si acabara de ver un fantasma.
—Conociste a mi madre.
No fue una pregunta.
—Sí.
Su voz cambió.
—Hace veinticuatro años.
Antes de que pudiera exigir respuestas, Zach regresó corriendo.
—Papá, hay policías afuera.
Michael miró por la ventana.
No eran policías.
Tres vehículos negros habían bloqueado la calle.
Regina comenzó a reír.
—Demasiado tarde.
—¿Quiénes son? —pregunté.
Ella me miró.
—La gente que lleva buscándote desde que naciste.
Michael sacó su arma y ordenó cerrar el restaurante.
Entonces su teléfono sonó.
Número desconocido.
Contestó.
Una voz masculina habló.
—Entrégame a Aurora y tu hijo seguirá vivo.
Michael quedó inmóvil.
Yo también.
Porque reconocí aquella voz.
La había escuchado toda mi infancia en viejas grabaciones familiares.
Era mi padre.
El hombre cuyo funeral había presenciado cuando tenía nueve años.
