PARTE 2: LA PRIMERA VEZ QUE DEJÉ DE CUIDARLO

Al otro lado de la línea, Lucas guardó silencio.

Durante varios segundos solo escuché el ruido distante del hospital.

—No lo olvidé —dijo finalmente.

Casi me reí.

—Olvidaste presentarte la primera vez.

—Eso fue diferente.

—Para ti, todo es diferente cuando se trata de mí.

Lucas respiró hondo.

—Emily, solo te pedí comida.

—No.

Miré las cajas vacías que había empezado a preparar para mi mudanza.

—Me pediste que siguiera comportándome como tu esposa mientras tú esperas tranquilamente a que deje de serlo.

Colgué antes de escuchar su respuesta.

Aquella noche Lucas llegó temprano.

Eso sí fue extraño.

Me encontró guardando mis libros en una caja.

—¿Qué haces?

—Empacando.

Su mirada recorrió la sala.

—Todavía quedan tres semanas.

—No necesito esperar tres semanas para organizar mi vida.

Por primera vez, su expresión perdió aquella calma insoportable.

—¿Adónde vas?

—A casa.

—Esta es tu casa.

Lo miré.

—No, Lucas.

—Esta es tu casa.

Él abrió la boca, pero su teléfono vibró.

Ava.

Vi su nombre en la pantalla.

Lucas rechazó la llamada.

Fue la primera vez que lo vi hacerlo.

—Podemos hablar —dijo.

—Ya hablamos durante siete años.

Entonces sonó el timbre.

Lucas abrió.

Ava estaba afuera.

Tenía los ojos rojos y una bolsa de comida entre las manos.

—Perdón —murmuró—. No sabía dónde más ir.

Lucas frunció el ceño.

—¿Qué ocurrió?

—Alguien volvió a seguirme.

Ella temblaba.

Y, como siempre, Lucas reaccionó inmediatamente.

Le hizo espacio.

Le ofreció agua.

Le preguntó si había llamado a la policía.

Yo observé la escena sin sentir celos.

Solo cansancio.

Hasta que Ava vio las cajas.

—¿Te mudas?

—Sí.

Ella me miró sorprendida.

—¿Por qué?

Lucas respondió antes que yo.

—Nos estamos divorciando.

El rostro de Ava cambió.

Solo durante un segundo.

Pero lo vi.

No fue sorpresa.

Fue alivio.

Entonces dijo algo peor.

—Lucas, lo siento muchísimo.

Hizo una pausa.

—Nunca pensé que Emily descubriría nuestros mensajes.

Lucas se quedó inmóvil.

Yo también.

—¿Qué mensajes? —preguntó él.

Ava palideció.

—Los que… ella vio.

Lucas giró lentamente hacia mí.

—Emily, tú viste nuestra conversación desde mi teléfono.

—Sí.

—Pero esos mensajes sobre tu comida nunca estuvieron en mi teléfono.

Sentí un escalofrío.

—Claro que estaban.

Lucas negó con la cabeza.

—Ava y yo usamos el sistema interno del hospital para hablar del trabajo.

Sacó el móvil.

Abrió su conversación con ella.

Había mensajes.

Muchísimos.

Pero ninguno era el que yo recordaba.

Ava retrocedió hacia la puerta.

Entonces entendí algo que me hizo olvidar incluso las cajas.

Aquella conversación no la había encontrado por casualidad.

Me había llegado desde un número desconocido seis meses atrás.

Con capturas de pantalla.

Capturas que parecían hechas desde el teléfono de Lucas.

Lo miré.

—¿Tú escribiste que yo solo servía para cocinar?

Su rostro se endureció.

—Jamás.

Giramos al mismo tiempo hacia Ava.

Pero ella ya estaba junto a la puerta.

Y antes de salir corriendo, dejó caer su bolso.

Del interior resbaló un segundo teléfono.

La pantalla se encendió al golpear el suelo.

Mi nombre aparecía arriba.

Debajo había una carpeta llena de capturas de pantalla.

Y la primera tenía una fecha que me dejó sin aire.

Era del día en que perdí a nuestro bebé.

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