PARTE 2: LA PRIMERA ORDEN DE ELENA

Los gritos estallaron en todo el piso de maternidad.

—¡Deténganlo!

La voz de Elena Whitmore resonó con una autoridad que ni el dolor del parto pudo ocultar.

Las enfermeras se quedaron inmóviles apenas un instante.

No entendían qué ocurría.

Solo veían a un niño de once años corriendo por el pasillo con un bulto envuelto en una manta.

Daniel reaccionó de inmediato.

—¡Ethan! ¡Regresa!

Pero no sonaba como un padre preocupado.

Sonaba como alguien que acababa de perder el control de un plan cuidadosamente preparado.

Yo apenas podía respirar.

La manta seguía apretada contra mi rostro.

Todo se volvía oscuro.

[Mamá…]

[No puedo respirar…]

[Si tardan un poco más… volveré a morir…]

Elena sintió aquellas palabras como un puñal.

No sabía cómo era posible escucharlas.

No entendía de dónde venían.

Solo sabía una cosa.

La voz pertenecía al pequeño cuerpo que Ethan intentaba esconder.

Y una madre reconoce a su hijo incluso antes de conocer su rostro.

Sin pensarlo, arrancó el soporte del suero del suelo.

La enfermera intentó detenerla.

—¡Señora Whitmore! ¡Acaba de dar a luz!

Ella no escuchó.

Sujetándose apenas al poste metálico, salió al pasillo.

Cada paso dejaba pequeñas gotas de sangre sobre el piso brillante.

Daniel quiso alcanzarla.

—¡Elena, basta!

Ella se giró con una mirada que él jamás había visto.

—Si vuelves a tocarme…

Respiró con dificultad.

—Te arrepentirás toda tu vida.

Daniel se quedó inmóvil.

Era la primera vez que Elena le hablaba de esa manera.

Mientras tanto, Ethan ya había llegado a las escaleras de servicio.

No tomó el ascensor.

Sabía que las cámaras grababan todo.

Empujó la puerta metálica.

Entró.

El lugar estaba vacío.

Solo el eco de sus pasos.

Yo apenas conservaba la conciencia.

[Mamá…]

[Va hacia la salida trasera…]

[Como la otra vez…]

Aquellas tres palabras golpearon a Elena.

“Como la otra vez.”

No sabía qué significaban.

Pero sintió un terror irracional.

Como si realmente existiera un “otra vez”.

Corrió.

O intentó correr.

El dolor la hizo doblarse por la cintura.

Una enfermera la sostuvo.

—¡No puede seguir así!

Elena la apartó.

—¡Llamen a seguridad!

Su voz volvió a imponerse.

—¡Cierren todas las salidas del hospital!

Los médicos comenzaron por fin a comprender que aquello no era una discusión familiar.

Era una emergencia.

Un guardia de seguridad tomó el radio.

—Código rojo en maternidad.

Repito.

Código rojo.

Ningún menor puede abandonar el edificio.

Daniel sintió que el color abandonaba su rostro.

No esperaba aquella reacción.

Había calculado que Elena estaría demasiado débil para levantarse.

Había calculado que Ethan tendría dos minutos.

Solo necesitaban dos minutos.

Pero ya no los tenían.

En la escalera, Ethan escuchó por los altavoces:

—Se bloquean inmediatamente todos los accesos.

Quedó paralizado.

Noah apareció jadeando detrás de él.

—¡Papá dice que vuelvas!

Ethan negó.

—Si la entrega…

Miró el pequeño cuerpo que sostenía.

—Todo habrá sido para nada.

Lucas y Oliver también llegaron.

Los cuatro se miraron.

Por primera vez desde que comenzó el plan, tenían miedo.

No porque los descubrieran.

Sino porque Elena había reaccionado de una manera completamente distinta a la que Daniel les había prometido.

Les había dicho que ella jamás desconfiaría de ellos.

Que bastaría con cambiar a las bebés y todo terminaría en unos minutos.

Pero ahora…

Todo el hospital los estaba buscando.

En ese instante, una voz profunda resonó desde el extremo de la escalera.

—¿Qué hacen ustedes aquí?

Era el jefe de seguridad del hospital.

Un exmarine de casi dos metros de altura.

Su mirada descendió inmediatamente hacia el bulto que Ethan llevaba entre los brazos.

Frunció el ceño.

—¿Eso es un recién nacido?

Ethan dio un paso atrás.

Yo reuní las últimas fuerzas que me quedaban.

[¡Mamá…!]

[Estoy aquí…]

Y, exactamente en el mismo instante, Elena llegó a la puerta de la escalera.

Nuestros ojos se encontraron por primera vez.

Ella no había visto todavía mi rostro.

Yo tampoco conocía el suyo.

Pero en cuanto nuestras miradas se cruzaron…

Mi madre supo, sin necesidad de una sola explicación, que el bebé que Ethan escondía desesperadamente era la hija que acababa de traer al mundo.

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