PARTE 2: LA PRIMERA ACCIONISTA

—Esa casa me fue adjudicada legalmente en el acuerdo de divorcio.

Mi voz era tranquila.

Pero Cao Xiulian se echó a reír como si acabara de escuchar la broma más absurda del mundo.

—¿Legalmente?

—Xiao Ya, no seas ingenua.

Se inclinó sobre mi escritorio y golpeó la invitación con una uña pintada de rojo.

—En aquel momento mi hijo estaba pasando por una mala etapa. Te entregó la casa porque se sentía culpable.

—Ahora su situación es diferente.

—Va a casarse con la hija de la familia Lu. Esa vivienda debe regresar a la familia Fu como parte de los preparativos de la boda.

Fu Yunjie sonrió con desprecio.

—Además, con lo que vale ahora mi hermano, una casa como esa ni siquiera cuenta como propiedad.

—Pero tú no tienes derecho a quedártela.

Lo miré.

—¿Entonces por qué han venido personalmente a recuperarla?

La sonrisa de Fu Yunjie se congeló.

Cao Xiulian lo fulminó con la mirada.

Después volvió a mirarme.

—No quieras hacerte la lista.

—Te damos tres días para mudarte.

—Si no lo haces, enviaremos gente para sacar tus cosas.

Dejó caer aquellas palabras como si estuviera dictando una sentencia.

Yo abrí lentamente un cajón.

Saqué una copia del acuerdo de divorcio y la coloqué frente a ella.

—La propiedad fue transferida de manera definitiva.

—No existe ninguna cláusula de devolución.

Cao Xiulian ni siquiera la miró.

—¿Crees que un papel puede protegerte?

—Mi hijo ahora tiene abogados, contactos y dinero.

—Si quiere recuperar esa casa, la recuperará.

En ese instante, la puerta del estudio volvió a abrirse.

Mi asistente entró con expresión incómoda.

—Señora Xiao, hay una llamada del abogado Zhou.

—Dice que es urgente.

Cao Xiulian arqueó una ceja.

—¿También tienes abogado?

Fu Yunjie soltó una carcajada.

—Quizá necesita uno para defender este cuchitril.

No respondí.

Tomé el teléfono.

La voz del abogado Zhou llegó clara desde el otro lado.

—Señora Xiao, la bolsa acaba de aprobar la publicación preliminar de la estructura accionarial de Jingtian Technology.

Mi corazón dio un vuelco.

—¿Ya se hizo pública?

—Sí.

Hizo una breve pausa.

—Su nombre aparece en primer lugar.

Miré fijamente la invitación dorada que estaba sobre mi escritorio.

—¿Qué porcentaje?

—Treinta y ocho coma siete por ciento.

Durante varios segundos no pude hablar.

Aunque conocía la existencia de aquellas acciones, jamás imaginé que Fu Yunshen hubiera conservado intacta toda la estructura.

El abogado Zhou continuó:

—Según la valoración previa a la salida a bolsa, su participación supera los trescientos ochenta mil millones de yuanes.

La oficina quedó completamente en silencio.

No porque Cao Xiulian o Fu Yunjie hubieran oído la conversación.

Sino porque la sangre parecía haberse detenido dentro de mi cuerpo.

—Entiendo.

—También hay otra cosa.

La voz del abogado se volvió más seria.

—El señor Fu ha solicitado que usted asista mañana a la ceremonia de cotización como principal accionista.

Cerré los ojos.

Dos años.

Durante dos años, Fu Yunshen no me había llamado ni una sola vez.

No había enviado mensajes.

No había aparecido frente a mí.

Sin embargo, su nombre seguía entrando silenciosamente en mi vida a través de documentos, informes y contratos.

—Enviaré una respuesta esta tarde.

Colgué.


Cao Xiulian me observaba con impaciencia.

—¿Ya terminaste?

Guardé el teléfono.

—Sí.

—Entonces recuerda lo que dije.

Tomó su bolso y se dispuso a marcharse.

Antes de llegar a la puerta, hablé:

—Señora Cao.

Se detuvo.

—Mañana es la ceremonia de salida a bolsa de Jingtian Technology, ¿verdad?

Su rostro se iluminó de orgullo.

—Claro.

—Solo asistirán accionistas principales, socios estratégicos y familias distinguidas.

Miró mi ropa sencilla.

—No es un lugar al que alguien como tú pueda entrar.

Asentí.

—Comprendo.

Fu Yunjie rio entre dientes.

—Al menos sabes cuál es tu lugar.

Los dos se marcharon.

La puerta se cerró.

Entonces bajé la mirada hacia el acuerdo de divorcio.

En la última página había una cláusula que durante años no había logrado comprender del todo.

Todas las inversiones, participaciones empresariales y derechos futuros derivados de activos constituidos durante el matrimonio pertenecerán íntegramente a Xiao Ya.

Cuando firmamos, Jingtian Technology apenas era una pequeña sociedad sin beneficios.

Su valoración era casi inexistente.

Fu Yunshen me había entregado todas las acciones registradas a mi nombre.

Yo pensé que era otra forma de compensarme.

Nunca imaginé que aquella pequeña empresa terminaría convirtiéndose en un imperio.


A la mañana siguiente, la entrada del centro financiero estaba cubierta de flores y cámaras.

Una enorme pantalla mostraba el logotipo de Jingtian Technology.

Periodistas, inversores y representantes de grandes grupos empresariales llenaban el vestíbulo.

Yo llegué con un traje blanco sencillo.

El abogado Zhou caminaba a mi lado.

Nada más cruzar la entrada, una empleada se acercó rápidamente.

—Señora Xiao, por aquí, por favor.

Cao Xiulian y Fu Yunjie estaban no muy lejos.

Junto a ellos había una joven con un vestido rojo oscuro.

Supuse que era Lu Qianqian, la mujer con la que, según ellos, Fu Yunshen iba a casarse.

Cao Xiulian me vio de inmediato.

Su expresión cambió.

—¿Qué haces aquí?

Antes de que pudiera responder, se interpuso en mi camino.

—¿Quién te dejó entrar?

Varias personas comenzaron a mirar en nuestra dirección.

Fu Yunjie se acercó con el rostro sombrío.

—Xiao Ya, hoy es un día importante para mi hermano.

—No vengas a causar problemas.

Lu Qianqian me observó con curiosidad.

—¿Ella es la exesposa de Yunshen?

Cao Xiulian respondió con una mueca.

—Sí.

—Una mujer que aún no acepta que fue abandonada.

Las conversaciones alrededor se hicieron más bajas.

Sentí decenas de miradas sobre mí.

Pero antes de que pudiera hablar, el abogado Zhou dio un paso adelante.

—Señora Cao, la señora Xiao ha sido invitada oficialmente por el consejo de administración.

Cao Xiulian frunció el ceño.

—¿El consejo?

—¿Con qué identidad?

El abogado Zhou abrió la carpeta que llevaba consigo.

—Como principal accionista de Jingtian Technology.

El rostro de Cao Xiulian quedó inmóvil.

Fu Yunjie soltó una risa nerviosa.

—¿Principal accionista?

—¿Está bromeando?

En aquel momento, la gran pantalla del vestíbulo cambió.

Apareció la lista oficial de accionistas.

Los nombres fueron mostrándose uno tras otro.

En la primera posición, con letras enormes, apareció:

XIAO YA — 38,7 %

Toda la sala quedó en silencio.

Cao Xiulian levantó lentamente la cabeza.

Sus labios comenzaron a temblar.

—Eso… eso no puede ser.

Fu Yunjie se acercó a la pantalla, como si leyéndola desde más cerca pudiera cambiar la realidad.

—Debe tratarse de un error.

—Mi hermano fundó la empresa.

—¿Por qué ella tiene tantas acciones?

El abogado Zhou cerró la carpeta.

—Porque el señor Fu transfirió legalmente todas sus participaciones iniciales a la señora Xiao durante el divorcio.

Cao Xiulian se volvió hacia mí.

La arrogancia de su rostro había desaparecido por completo.

—Tú lo sabías.

No era una pregunta.

La miré.

—Sabía que tenía algunas acciones.

—No sabía cuánto llegarían a valer.

—¡Entonces devuélvelas!

Su voz estalló delante de todos.

—¡La empresa es de mi hijo!

—¡No tienes derecho a quedarte con ella!

Los periodistas comenzaron a acercarse.

Las cámaras apuntaron en nuestra dirección.

Lu Qianqian retrocedió discretamente.

Su expresión ya no era de curiosidad.

Era de alarma.

Yo miré a Cao Xiulian con serenidad.

—Hace dos años usted dijo que me quedara con todo y desapareciera.

—También dijo que su hijo debía librarse de un lastre como yo.

Hice una breve pausa.

—Hoy solo estoy respetando su deseo.

El rostro de Cao Xiulian se deformó.

—¡Eso fue antes de saber que la empresa tendría éxito!

—Exactamente.

—Cuando no valía nada, podía ser mío.

—Ahora que vale un billón, quiere recuperarla.

Alrededor comenzaron a escucharse murmullos.

Fu Yunjie se puso rojo de vergüenza.

—¡Cállate!

—Esto es un asunto de nuestra familia.

—No.

Lo miré directamente.

—Desde el momento en que me expulsaron de ella, dejó de serlo.


En ese instante, la multitud se abrió.

Fu Yunshen apareció al fondo del vestíbulo.

Llevaba un traje negro y caminaba rodeado por miembros del consejo.

Dos años habían cambiado su apariencia.

Se veía más delgado.

Más frío.

Pero sus ojos seguían siendo exactamente iguales.

Cuando nuestras miradas se encontraron, sus pasos se detuvieron.

Cao Xiulian corrió hacia él.

—¡Yunshen!

—¡Esta mujer se ha quedado con tus acciones!

—¡Diles que todo es un error!

Fu Yunshen no la miró.

Sus ojos seguían fijos en mí.

Después de dos años de silencio, pronunció mi nombre:

—Xiao Ya.

Su voz estaba más ronca de lo que recordaba.

Yo no respondí.

Él se acercó lentamente.

Se detuvo frente a mí.

—Las acciones no son un error.

La expresión de Cao Xiulian se quebró.

—¿Qué dices?

Fu Yunshen habló con absoluta claridad.

—Le pertenecen.

—Desde el principio.

Fu Yunjie abrió mucho los ojos.

—Hermano, ¿estás loco?

—¡La empresa vale más de un billón!

Fu Yunshen finalmente lo miró.

—Precisamente por eso nadie puede arrebatárselas.

Luego volvió a dirigirse a mí.

—Todo lo que figura a tu nombre seguirá siendo tuyo.

Apreté los dedos.

—¿Por qué?

Era la pregunta que había guardado durante dos años.

—¿Por qué me entregaste todo?

Durante unos segundos, Fu Yunshen no respondió.

Las cámaras seguían grabando.

Los invitados contenían la respiración.

Finalmente, dijo:

—Porque si la empresa fracasaba, no quería arrastrarte conmigo.

—Y si algún día tenía éxito…

Sus ojos se enrojecieron ligeramente.

—Quería que todo lo que construí también te perteneciera.

El corazón me dolió de una manera inesperada.

—Entonces, ¿por qué te divorciaste de mí?

Fu Yunshen bajó la mirada.

Por primera vez, la frialdad de su rostro se quebró.

—Porque hace dos años me diagnosticaron una enfermedad grave.

El mundo pareció detenerse.

Cao Xiulian palideció.

—Yunshen…

Él continuó:

—Los médicos dijeron que probablemente no viviría más de un año.

—No quería que pasaras el resto de tu vida cuidando a un hombre que podía morir en cualquier momento.

—Por eso te entregué todo.

—Y me fui.

Sentí que el aire desaparecía de mis pulmones.

Durante dos años pensé que había dejado de amarme.

Pensé que había elegido su carrera.

Que se había marchado porque yo era una carga.

Pero la verdad era completamente distinta.

Fu Yunshen sonrió con amargura.

—El tratamiento funcionó.

—Sobreviví.

—Pero cuando quise buscarte…

Hizo una pausa.

—Pensé que ya habías empezado una vida nueva.

Cao Xiulian se apresuró a intervenir:

—¡Eso no importa ahora!

—Yunshen, la señorita Lu sigue esperando. Hoy también debemos anunciar el compromiso.

Lu Qianqian la miró con incredulidad.

—Señora Cao.

Su voz era helada.

—Nunca hubo ningún compromiso.

Cao Xiulian se quedó paralizada.

Lu Qianqian continuó:

—Mi familia solo invirtió en Jingtian Technology.

—Fue usted quien difundió rumores sobre una boda para presumir frente a otras personas.

Después dejó la invitación dorada sobre una mesa cercana.

—A partir de hoy, nuestra familia reconsiderará cualquier colaboración con ustedes.

Y se marchó sin mirar atrás.

El rostro de Cao Xiulian perdió hasta el último rastro de color.

Fu Yunjie también retrocedió, comprendiendo por fin que todo aquello que habían imaginado estaba desmoronándose.

Yo miré a Fu Yunshen.

Dos años de preguntas, resentimiento y dolor se acumulaban entre nosotros.

No podía perdonarlo de inmediato.

Tampoco podía fingir que nada había ocurrido.

Pero al menos ahora conocía la verdad.

Fu Yunshen sacó una carpeta de manos de su asistente.

La colocó frente a mí.

—Esta es la autorización para ejercer tus derechos como principal accionista.

—Desde hoy, ninguna decisión importante podrá tomarse sin tu firma.

La abrí.

Mi nombre aparecía en la primera página.

No como esposa de Fu Yunshen.

No como mujer abandonada.

Sino como dueña legítima de una parte del imperio.

Levanté la mirada.

Cao Xiulian seguía observándome con una mezcla de rabia y miedo.

Apenas unas horas antes había venido a exigirme que abandonara una casa.

Ahora descubría que yo podía decidir el futuro de toda la familia Fu.

Cerré la carpeta.

—Señora Cao.

Ella dio un pequeño respingo.

—Respecto a la casa que quería recuperar…

Hice una pausa.

—Ya no está en venta.

—Y usted tampoco tiene permiso para volver a entrar.

Su rostro se contrajo.

Fu Yunshen no dijo nada.

Solo me miró con una expresión que mezclaba culpa, alivio y algo que aún no me atrevía a nombrar.

Entonces la campana de apertura del mercado comenzó la cuenta regresiva.

Diez.

Nueve.

Ocho.

Mientras todos dirigían la vista hacia la pantalla, comprendí por fin el secreto que aquella casa había escondido durante años.

No era la propiedad más valiosa que Fu Yunshen me había dejado.

La verdadera herencia estaba en los documentos que nadie se había molestado en leer.

Cuando la campana sonó, el precio de las acciones comenzó a subir.

Y mi nombre permaneció en lo más alto de la lista.

Esta vez…

Nadie podía volver a llamarme campesina.

Porque el imperio que todos deseaban…

Ya estaba en mis manos.

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