PARTE 2: LA PARTIDA QUE OLIVER PERDIÓ

Pasé aquella noche en una celda.

A la mañana siguiente, mi abogado consiguió mi liberación.

No llamé a Oliver.

Fui directamente al hospital.

Mi padre dormía cuando llegué. Sobre la mesa había una cesta de frutas y una tarjeta.

Oliver Lowe.

La tiré a la basura.

Después fui a mi tienda.

La puerta estaba cerrada, pero frente al local encontré a la dueña de la farmacia vecina.

—Emily, ayer vino la policía preguntando por cámaras.

Me detuve.

—¿Tienes alguna?

—La de la entrada apunta hacia tu escaparate.

Sentí que el corazón me daba un vuelco.

Dos horas después tenía el video.

Se veía perfectamente a Julia entrar con un vaso vacío.

También se veía cómo, antes de regresar a mi tienda, sacaba algo pequeño de un pañuelo y lo dejaba caer dentro.

Y había algo peor.

Oliver no aparecía en ninguna parte.

Su declaración había sido falsa.

Entregué la grabación a mi abogado.

Esa tarde, Oliver llegó a casa.

Yo ya había preparado una maleta.

No la mía.

La suya.

—Emily, necesitamos hablar.

—No.

Dejé los documentos de divorcio sobre el tablero de go.

Oliver frunció el ceño.

—¿Sigues con esto?

Saqué el teléfono.

Reproduje el video.

Por primera vez desde que lo conocía, vi cómo el rostro del gran maestro Oliver Lowe perdía completamente la calma.

—¿De dónde sacaste eso?

—De una cámara que Julia olvidó comprobar.

Se quedó inmóvil.

—Puedo explicarlo.

—Mentiste ante la policía.

—Julia tenía una competencia importante. Si quedaba detenida, perdería años de preparación.

Lo miré durante varios segundos.

—Y yo podía perder días de mi vida porque vendo leche de soya.

Oliver abrió la boca.

No salió ninguna palabra.

Entonces sonó su teléfono.

Julia.

Él rechazó la llamada.

Volvió a sonar.

Esta vez contestó.

—Profesor —escuché decir a Julia—, ¿ya solucionaste lo de Emily? Mañana necesito que—

Oliver colgó.

—No sabía que había preparado todo.

—Pero sí sabías que estabas mintiendo.

Eso terminó la discusión.

Días después, la grabación obligó a revisar el caso. La declaración de Oliver también quedó bajo investigación.

Y entonces llegó el golpe que él jamás había previsto.

La Asociación Nacional de Go anunció una revisión interna sobre la conducta de su presidente.

Patrocinadores comenzaron a preguntar por qué había utilizado su cargo para respaldar públicamente a una alumna y después había dado una declaración cuestionada por evidencia en video.

Julia fue apartada temporalmente de las competiciones oficiales mientras se investigaba el incidente.

Oliver vino a buscarme aquella noche.

Ya no parecía el hombre intocable que todos admiraban.

—Emily, cometí un error.

Negué con la cabeza.

—No.

Coloqué nuestro anillo sobre el tablero.

—En go, un error es poner una piedra en el lugar equivocado.

Lo miré directamente.

—Tú viste que yo era inocente y decidiste sacrificarme para protegerla.

Oliver bajó los ojos.

Esta vez no había ninguna partida antigua frente a él donde esconderse.

—¿Hay alguna posibilidad de que me perdones?

Tomé mi bolso.

—La hubo durante siete años.

Pasé junto a él y abrí la puerta.

—Pero estabas demasiado ocupado mirando el tablero para verla.

Firmamos el divorcio semanas después.

Oliver había dedicado su vida a estudiar cómo anticipar cada movimiento de su rival.

Pero nunca anticipó el único movimiento que realmente importaba.

El mío.

Me levanté de la mesa…

y abandoné la partida.

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