Parte 2: La mujer que ya no esperaba

El automóvil avanzó lentamente hacia el centro de la ciudad.

Miré por la ventana.

Tres años.

Solo habían pasado tres años.

Y, sin embargo, todo parecía pertenecer a otra vida.

Mia revisaba la agenda en su tableta.

—A las siete de esta noche tienes una cena privada con el comité de innovación.

—Sí.

—Mañana reunión con el vicealcalde.

Asentí sin apartar la vista del paisaje.

—Y pasado mañana…

Levantó una carpeta azul.

—Presentación oficial del Proyecto Helix.

Respiré profundamente.

Ese era el verdadero motivo por el que la ciudad había movilizado funcionarios para recibirme.

No era por mí.

Era por la tecnología que dirigía.


Al mismo tiempo, Ethan seguía de pie frente a la terminal común.

El último pasajero acababa de salir.

La puerta automática comenzó a cerrarse.

Su amigo Nathan apareció detrás de él.

—Se fue.

Ethan no respondió.

—Te dije que quizá ya había cambiado de vuelo.

—No.

Su voz era apenas un susurro.

—Claire nunca rompe una promesa.

Nathan lo observó unos segundos.

—Han pasado tres años.

Ethan sonrió con tristeza.

—Lo sé mejor que nadie.

Sacó del bolsillo una pluma estilográfica plateada.

La misma que le había regalado a Claire cuando cumplió dieciocho años.

Nunca imaginó que ella la hubiera conservado.

Y tampoco sabía que él seguía llevando la otra igual.


Aquella noche, el Hotel Grand Meridian organizó una recepción privada.

Empresarios.

Investigadores.

Funcionarios.

Todos esperaban la llegada de la científica que había revolucionado la ingeniería biomédica en Europa.

Nadie conocía aún su rostro.

Solo su nombre.

—¿Ya llegó la doctora Song? —preguntó uno de los inversionistas.

—Está por entrar.

En ese mismo momento, Ethan cruzó la puerta principal.

No había sido invitado.

Había acudido porque su empresa intentaba conseguir el contrato tecnológico más importante de la década.

Su director general insistió en que debían convencer personalmente a la doctora Claire Song.

Ethan aceptó sin entusiasmo.

Para él solo era otra reunión de negocios.

No imaginaba quién estaba a punto de aparecer.

Las luces disminuyeron.

El presentador tomó el micrófono.

—Es un honor recibir esta noche a la directora científica del Instituto Helix de Zúrich.

Toda la sala comenzó a aplaudir.

Las puertas se abrieron.

Entré acompañada por Mia.

Vestía un sencillo traje color marfil.

Sin joyas llamativas.

Solo la pulsera de madera que nunca me quitaba.

El salón quedó completamente en silencio.

Nathan fue el primero en reconocerme.

—Ethan…

No obtuvo respuesta.

Ethan permanecía inmóvil.

Como si hubiera olvidado respirar.

No veía a la muchacha que lloró el día de su boda.

Veía a una mujer completamente distinta.

Segura.

Serena.

Inalcanzable.

El presentador continuó hablando.

—La doctora Song lidera actualmente el desarrollo del Proyecto Helix, una plataforma médica valorada en más de ocho mil millones de dólares.

Los murmullos comenzaron a recorrer el salón.

—¿Ella es Claire Song?

—¿La misma?

—Es imposible…

Ethan seguía sin apartar la vista de mí.

Yo también lo vi.

Solo un instante.

Lo suficiente para reconocerlo.

Lo suficiente para confirmar que ya no dolía.

Después continué caminando como si fuera un invitado más.

Mia sonrió discretamente.

—Ni siquiera lo saludaste.

—No había motivo.

Tomé asiento junto al alcalde y al presidente del comité científico.

El moderador anunció el siguiente punto.

—Antes de comenzar las negociaciones, cada empresa tendrá diez minutos para presentar su propuesta.

Revisé la lista de participantes.

Mi mano se detuvo en un nombre.

Cole Biotech.

Levanté la vista.

Ethan ya caminaba hacia el escenario.

Entonces comprendí por qué había regresado a buscarme durante tres años.

No era casualidad.

La supervivencia de su empresa dependía exactamente del proyecto que yo estaba a punto de decidir.

Y él todavía ignoraba el detalle más importante de todos.

La persona que había firmado la evaluación definitiva de cada propuesta…

…era la misma mujer a la que rechazó durante ocho años y dejó sola el día de su boda con mi hermana.

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