Mariana sostuvo el teléfono unos segundos sin hablar.
La voz al otro lado esperó con paciencia.
—¿Doctora Robles?
Ella cerró los ojos.
—Sí. Estoy lista para volver.
—Pensamos que nunca regresaría.
—Yo también lo pensé.
Colgó.
Durante tres años había enterrado aquella parte de su vida por amor a Diego.
Ahora comprendía el precio que había pagado.
A la mañana siguiente, en la mansión de los Arriaga, los preparativos para la boda avanzaban a toda velocidad.
Camila sonreía mientras se probaba el vestido que originalmente había sido confeccionado para Mariana.
Doña Estela Arriaga la observaba satisfecha.
—Ahora sí parece una verdadera esposa Arriaga.
Diego apenas prestaba atención.
Revisaba obsesivamente su teléfono.
Mariana no había vuelto a escribir.
Ni a suplicar.
Ni a reclamar.
Ese silencio comenzaba a inquietarlo.
Mientras tanto, Mariana entró a un edificio discreto al sur de la Ciudad de México.
No había logotipos.
Ni nombres.
Solo una puerta metálica y tres controles de seguridad.
Al verla, un hombre de cabello gris sonrió con incredulidad.
—Doctora Robles…
Creímos que había renunciado para siempre.
Ella dejó una credencial sobre la mesa.
—Renuncié a una investigación.
No a quien soy.
El hombre abrió una carpeta.
Dentro había decenas de fotografías.
Laboratorios.
Congresos internacionales.
Patentes.
Todas llevaban el mismo nombre.
Dra. Mariana Robles Hernández.
Especialista en genética molecular.
Codirectora del Proyecto Quetzal, una iniciativa médica financiada por organismos internacionales para desarrollar terapias contra enfermedades hereditarias poco frecuentes.
—Su equipo la está esperando.
Mariana respiró profundamente.
Durante años había ocultado aquella identidad.
Cuando conoció a Diego, decidió abandonar temporalmente el proyecto para construir una familia.
Nadie en los Arriaga lo sabía.
Ellos siempre creyeron que era simplemente “la novia” de Diego.
Esa misma tarde comenzó a circular una noticia inesperada.
No en revistas de espectáculos.
Sino en medios científicos.
“La doctora Mariana Robles regresa oficialmente al Proyecto Quetzal tras tres años de ausencia.”
La publicación incluía una fotografía tomada en Ginebra años atrás.
Mariana recibiendo un reconocimiento internacional.
Diego vio la noticia por casualidad mientras esperaba una reunión.
Se quedó inmóvil.
Amplió la imagen.
Leyó el nombre otra vez.
No podía ser la misma Mariana.
Llamó inmediatamente a su madre.
—¿Sabías algo de esto?

—¿De qué hablas?
Le envió el enlace.
Cinco minutos después recibió otro mensaje.
Esta vez de uno de los principales inversionistas del Grupo Arriaga.
“¿Por qué nunca nos dijiste que tu prometida era la doctora Robles?”
Diego sintió un nudo en el estómago.
Contestó de inmediato.
“¿La conoce?”
La respuesta llegó enseguida.
“Todo el sector biomédico la conoce. Nuestro fondo lleva dos años intentando asociarse con el Proyecto Quetzal.”
El teléfono comenzó a sonar sin descanso.
Consejeros.
Socios.
Periodistas.
Todos hacían la misma pregunta.
¿Por qué la boda había sido cancelada?
Desesperado, Diego fue directamente al hospital donde Camila supuestamente recibía tratamiento.
Quería distraerse.
Quería dejar de pensar.
Al llegar encontró a un médico revisando expedientes.
—Busco a la paciente Camila Ríos.
El especialista buscó en la computadora.
Frunció el ceño.
—Aquí aparece como dada de alta hace tres semanas.
Diego se quedó confundido.
—No…
Ella me dijo que estaba en tratamiento terminal.
El médico lo observó con cautela.
—Lo único que puedo decirle es que actualmente no figura como paciente con pronóstico de seis meses de vida.
Nada más.
Diego salió del hospital con el pulso acelerado.
Por primera vez comenzó a preguntarse si toda la historia que había usado para justificar la boda… también podía ser una mentira.
Y mientras él intentaba comprender qué estaba ocurriendo, Mariana recibía un sobre lacrado en las oficinas del Proyecto Quetzal.
Dentro solo había una memoria USB y una nota escrita a mano.
“Si Diego Arriaga utilizó un expediente médico falso para destruirte, aquí encontrarás quién lo fabricó… y por qué la familia Arriaga lleva años ocultando mucho más que una boda cancelada.”