A la mañana siguiente entré en la sala de reuniones y reconocí a Clara antes de que alguien dijera su nombre.
Era elegante, segura y llevaba un anillo de compromiso.
Mi antiguo anillo de compromiso.
Daniel me había dicho que lo devolvería a la joyería.
Clara miró mi identificación.
—Emma Moore… ¿verdad?
—Así es.
No parecía reconocerme.
Eso me dijo algo todavía más humillante sobre Daniel.
Había compartido cuatro años conmigo y ni siquiera se había molestado en enseñarle a su futura esposa una fotografía de la mujer a la que había dejado.
La reunión comenzó.
Clara rechazó casi todas las propuestas.
—Aurea necesita algo extraordinario —dijo finalmente—. Algo con el nivel de Luna White.
Mis dedos se detuvieron sobre el bolígrafo.
Sophie me miró de reojo.
Clara continuó:
—Llevamos meses intentando contratarla. Su representante rechaza todas nuestras ofertas.
Mi jefe suspiró.
—Luna White prácticamente puede elegir con quién trabaja.
—Entonces encuéntrenla —respondió Clara—. Si conseguimos que participe, este relanzamiento puede convertirse en el proyecto más importante de mi carrera.
Casi sonreí.
Ella necesitaba desesperadamente a una mujer sentada a menos de tres metros.
Y no tenía idea.
Dos semanas después, Clara volvió acompañada.
Daniel entró detrás de ella.
Me vio.
Se quedó completamente inmóvil.
—Emma…
Clara frunció el ceño.
—¿Se conocen?
Daniel tardó demasiado en responder.
Así que lo hice yo.
—Íbamos a casarnos.
El rostro de Clara cambió.
Daniel me llevó aparte después de la reunión.
—¿Por qué estás trabajando aquí?
—Porque me contrataron.
—Pensé que te habías ido porque no tenías nada.
Lo miré.
—Ese siempre fue tu problema, Daniel. Pensabas demasiadas cosas sobre mí sin preguntar ninguna.
Aquella tarde recibí otro correo.
Aurea había aumentado su oferta para contratar a Luna White.
La rechacé.
Volvieron con el doble.
También la rechacé.
Finalmente Clara solicitó una videollamada directamente con mi representante.
Acepté.
Pero pedí que fuera presencial.
Tres días después entré en la sede de Aurea.
Clara estaba esperando junto al director general.
Daniel también estaba allí.
—¿Dónde está Luna White? —preguntó Clara.
Dejé una carpeta sobre la mesa.
—Aquí.
Silencio.
Clara soltó una pequeña risa.
—Emma, esto no es momento para bromas.
Abrí mi tablet.
Contratos.
Licencias.
Campañas internacionales.
El registro legal del seudónimo.
Todo.
La sonrisa desapareció de su rostro.
Daniel parecía incapaz de respirar.
—¿Tú eres Luna White?
—Desde hace siete años.
Él retrocedió ligeramente.
De pronto comprendió cada noche que creyó que yo hacía “trabajitos”.
Cada viaje que pagué sin pedirle dinero.
Cada oportunidad profesional que rechacé para permanecer cerca de él.
Clara miró mis documentos y después a Daniel.
—Me dijiste que ella era una diseñadora mediocre que dependía de ti.
Lo miré también.
Daniel no respondió.
Aquello fue suficiente.
No acepté el proyecto de Aurea.
Tampoco intenté destruir a Clara. Ella había participado en una traición, pero su carrera no me pertenecía.
Simplemente dejé que enfrentara las consecuencias de sus propias decisiones.
Dos meses después abandoné Northline.
No porque me hubieran despedido.
Porque finalmente estaba cansada de esconderme.
Abrí mi propio estudio bajo mi verdadero nombre:
EMMA MOORE / LUNA WHITE.
El día de la inauguración, Daniel apareció afuera.
—Si hubiera sabido quién eras…
Lo interrumpí.
—Ese es precisamente el problema.
Lo miré por última vez.

—Necesitabas descubrir que yo era alguien importante para lamentar haberme perdido.
Entré y cerré la puerta.
La noche antes de nuestra boda, Daniel creyó que estaba eligiendo entre dos mujeres.
Nunca entendió que aquella noche la única persona que realmente había elegido…
era yo.