Apenas Víctor colgó, las puertas del ascensor se abrieron.
Tres hombres con traje oscuro salieron al vestíbulo. El primero se acercó a Chloe y le mostró una identificación.
—Señorita Bennett, necesitamos acceso inmediato a la planta ejecutiva.
La sonrisa de Chloe desapareció.
—¿Quiénes son ustedes?
Mi teléfono vibró.
VÍCTOR: Primer movimiento terminado. El banco ha suspendido la línea de crédito de Dominic. Los inversores Sterling están retirando su respaldo. No firmes nada.
Sentí un escalofrío.
Durante años, Dominic había presumido de haber levantado su imperio solo.
En realidad, gran parte de aquel imperio había sobrevivido porque mis hermanos impedían que se derrumbara.
Chloe miró mi pantalla y palideció.
—Vivienne… ¿qué has hecho?
No respondí.
Me agaché junto a Sophia.
—Cariño, vamos a ver a papá un momento.
Ella asintió, todavía abrazando su collar de papel.
Subimos.
Cuando las puertas se abrieron en la planta treinta y siete, escuché aplausos.
La fiesta ocupaba todo el salón ejecutivo.
Entonces lo vi.
Dominic estaba junto al escenario.
A su derecha había una mujer elegante de unos treinta años.
A su lado, un niño de unos ocho.
Y Dominic tenía una mano apoyada sobre el hombro del pequeño.
Sophia sonrió inmediatamente.
—¡Papá!
Todo el salón quedó en silencio.
Dominic se giró.
El color desapareció de su rostro.
—Vivienne…
Sophia corrió hacia él con el collar entre las manos.
—¡Te hice esto!
Dominic no se movió.
La mujer que estaba a su lado me observó con una expresión extraña.
No parecía arrogante.
Parecía aterrorizada.
—¿Quién es ella? —pregunté.
Dominic bajó la voz.
—Podemos hablar en privado.
—Chloe me dijo que es tu esposa.
Algunos ejecutivos intercambiaron miradas.
Dominic miró furioso hacia los ascensores.
—Chloe no tenía derecho…
—¿Derecho a decirme la verdad?
Entonces la mujer intervino.
—No soy su esposa.
Aquellas cuatro palabras cambiaron el ambiente.
Dominic cerró los ojos.
—Natalie, cállate.
Ella retrocedió.
—No. Ya no.
Miró al niño y después a mí.
—Dominic me paga para presentarme como su esposa en determinados eventos.
Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.
—¿Por qué?
Natalie abrió la boca.
Pero antes de responder, todas las pantallas del salón se apagaron.
El director financiero apareció corriendo desde el pasillo.
—Dominic, tenemos un problema.
—Ahora no.
—Es grave. Dos fondos han retirado sus compromisos. El banco ha congelado nuestra financiación puente y el consejo está convocando una reunión de emergencia.
Dominic me miró.
Por primera vez comprendió.
—Tú…
Sonó mi teléfono.
Víctor.
Contesté.
—Dime.
—Vivienne, hay algo que debes saber antes de marcharte de ese edificio.
Su tono ya no era frío.
Era preocupado.
—Mientras revisábamos las sociedades de Dominic encontramos transferencias desde una cuenta conjunta a una empresa fantasma.
Miré a mi marido.
—¿Cuánto?
Víctor guardó silencio un instante.
—Casi nueve millones.
Dominic dio un paso hacia mí.
—Vivienne, dame el teléfono.
Me aparté.
—¿De quién es la empresa?
—Eso es lo extraño —respondió Víctor—. La beneficiaria no es Natalie.
Levanté la mirada.
Chloe acababa de llegar al salón.
Estaba completamente pálida.
Víctor continuó:
—La empresa pertenece a Chloe Bennett.
Dominic se giró hacia ella.
—¿Qué demonios has hecho?
Pero Chloe no miraba a Dominic.
Me miraba a mí.
Y empezó a llorar.
—Vivienne, no entiendes.
—Entonces explícame.
Chloe negó lentamente con la cabeza.
—Ese dinero no era para mí.
Dominic avanzó hacia ella.
—Cállate.
Chloe retrocedió.
—Me dijiste que jamás descubriría las cuentas.
El salón quedó inmóvil.
Entonces Natalie tomó mi brazo.
—Vivienne…
Su mano temblaba.
—Hay algo peor.
Miré al niño que estaba junto a ella.
Natalie tragó saliva.
—Él tampoco es hijo de Dominic.
Dominic perdió completamente la compostura.
—¡Natalie!
Pero ella ya había sacado un sobre de su bolso.
Me lo entregó.
En el exterior estaba escrito mi nombre.
VIVIENNE STERLING.
No Vivienne Hayes, mi apellido de casada.
Sterling.
Sentí que se me helaba la sangre.
—¿Quién te dio esto?
Natalie señaló lentamente hacia Dominic.
—Lo encontré hace tres meses en su caja fuerte.
Abrí el sobre.
Dentro había fotografías de mis hermanos, informes sobre las empresas Sterling y una copia de nuestro certificado de matrimonio.
En la última página aparecía una fecha.
Dos semanas antes del día en que Dominic y yo nos conocimos.
Levanté los ojos hacia mi marido.
—Tú ya sabías quién era yo.
Dominic no respondió.
Víctor seguía al teléfono.
Y entonces dijo las palabras que hicieron que todo cobrara un significado mucho más oscuro.
—Vivienne, sal de ese edificio ahora mismo. Dominic no se casó contigo por casualidad.

Miré la última fotografía del expediente.
Dominic aparecía estrechando la mano de un hombre que conocía perfectamente.
Mi padre.
La fotografía había sido tomada tres años antes de que Dominic y yo nos conociéramos.