PARTE 2: LA MUJER POR LA QUE TODOS ME HABÍAN JUZGADO

El silencio cayó sobre la oficina con una fuerza casi física.

Nadie respiró.

Charlotte Bennett permanecía en la puerta con una sonrisa impecable, pero sus ojos se detuvieron inmediatamente en la mano de Adrian.

Estaba apoyada junto a la cintura de Elena.

No la tocaba.

Pero tampoco existía una distancia profesional entre ellos.

Durante unos segundos, nadie dijo una palabra.

Fue Adrian quien rompió el silencio.

—Tocan la puerta antes de entrar.

Charlotte arqueó una ceja.

—¿Ahora también tengo que pedir cita?

Su tono era ligero.

Como el de alguien acostumbrado a tener privilegios.

Adrian no respondió.

Simplemente dio un paso atrás.

Elena sintió que por fin volvía a entrar aire en sus pulmones.

—Señor Gray… dejaré los documentos sobre su escritorio.

Intentó marcharse.

—Quédate.

La orden fue tranquila.

Pero imposible de ignorar.

Charlotte observó la escena con evidente curiosidad.

—Así que ella es Elena Parker.

Elena giró lentamente.

—Mucho gusto.

Charlotte la recorrió de arriba abajo.

Después sonrió.

—Ahora entiendo por qué todos hablan de ti.

Las palabras parecían amables.

Pero había algo extraño en ellas.

Como si estuviera comprobando una teoría.

Adrian tomó la carpeta que Elena llevaba entre las manos.

—¿Qué necesitabas?

Charlotte dejó un sobre sobre el escritorio.

—Mi abuelo quiere que cenemos esta noche.

—No puedo.

—¿Ni siquiera después de tres años?

Adrian ni siquiera abrió el sobre.

—Tengo trabajo.

Charlotte soltó una pequeña risa.

—Siempre tienes trabajo.

Miró nuevamente a Elena.

—Supongo que ella también.

La oficina volvió a quedarse en silencio.

Elena deseaba desaparecer.

No entendía qué estaba ocurriendo.

Ni por qué todos parecían conocer una historia de la que ella era la única que no sabía nada.

Entonces Charlotte dio un paso hacia ella.

—¿Podemos hablar un momento?


Cinco minutos después, ambas estaban en la terraza del piso treinta y ocho.

El viento agitaba suavemente el cabello de las dos.

Charlotte fue directa.

—¿Crees que Adrian está enamorado de mí?

Elena abrió mucho los ojos.

—¿Perdón?

—Eso es lo que dicen en la empresa.

Elena bajó la mirada.

Era exactamente lo que acababa de escuchar esa mañana.

Charlotte suspiró.

—Llevan diez años inventando ese rumor.

—Pero ustedes crecieron juntos…

—Sí.

—Y sus familias…

—También son amigas.

Charlotte apoyó los codos sobre la barandilla.

—Pero jamás fuimos pareja.

Elena sintió que algo empezaba a no encajar.

—Entonces…

Charlotte sonrió con cierta resignación.

—Fui yo quien lo rechazó.

Elena quedó inmóvil.

—¿Qué?

—Porque nunca me gustó Adrian.

Hubo un largo silencio.

Charlotte continuó hablando con absoluta naturalidad.

—Siempre estuvo enamorado de alguien más.

El corazón de Elena dio un vuelco.

—¿De quién?

Charlotte la miró fijamente.

—¿De verdad no te has dado cuenta?

Elena negó lentamente.

Charlotte soltó una risa incrédula.

—Dios…

—¿Qué?

—Eres incluso más lenta de lo que él decía.

—¿Perdón?

—Durante años pensé que Adrian exageraba cuando decía que su asistente era brillante para los negocios pero completamente incapaz de entender sentimientos.

Elena seguía sin comprender.

Charlotte negó con la cabeza.

—Voy a hacerte una pregunta.

—Está bien.

—¿Sabes cuántos asistentes renunciaron antes de ti?

—Cuatro.

—No.

Charlotte sonrió.

—Cuarenta y tres.

Elena sintió que el mundo se detenía.

—Eso es imposible.

—En tres años entrevistó a cuarenta y cuatro personas.

—Pero Recursos Humanos dijo…

—Que solo despidieron a cuatro porque fueron las únicas que llegaron a trabajar contigo.

Charlotte sacó su teléfono.

Abrió una fotografía.

Era una imagen tomada años atrás.

Adrian aparecía mucho más joven, sentado en la última fila durante una ceremonia universitaria.

No estaba mirando el escenario.

Miraba a una estudiante que acababa de recibir una medalla académica.

La fotografía había sido ampliada.

No dejaba lugar a dudas.

La estudiante era Elena.

Con la toga de graduación.

Sonriendo mientras recibía el reconocimiento a la mejor alumna de la generación.

La fecha aparecía en la esquina inferior.

Cinco años antes de que ella entrara a Grayden Group.

Elena sintió que las piernas le temblaban.

—¿Qué… qué significa esto?

Charlotte guardó el teléfono.

—Que Adrian no te eligió porque te parecieras a mí.

Hizo una breve pausa.

—Te contrató porque llevaba dos años buscándote.

Elena abrió la boca.

Pero ninguna palabra salió de ella.

En ese momento, la puerta de la terraza volvió a abrirse.

El director de Recursos Humanos apareció completamente alterado.

—¡Señorita Parker!

Ella se giró.

—¿Qué ocurre?

—El consejo de administración acaba de adelantar la reunión extraordinaria.

—¿Por qué?

El hombre tragó saliva antes de responder.

—Porque alguien presentó una solicitud formal para nombrarla directora ejecutiva adjunta de Grayden Group.

Elena frunció el ceño.

—Eso no tiene sentido.

—Hay más.

El director respiró hondo.

—La propuesta fue presentada hace dos años.

Charlotte sonrió lentamente.

—Justo cuando tú creías que él solo te estaba explotando trabajando.

Elena sintió un escalofrío.

Solo una persona podía haber firmado aquella propuesta.

Y, al levantar la vista hacia la oficina, vio a Adrian observándola a través del cristal.

Con la misma expresión tranquila de siempre.

Como si hubiera esperado exactamente ese momento durante años.

Related Posts

PARTE 2: LA VERDAD QUE NO PUDIERON ESCONDER

No fui detrás de Mason para hacerle daño. Fui detrás de la verdad. Después de años en operaciones especiales había aprendido una lección que nunca falla: las…

PARTE 2: LA FOTOGRAFÍA QUE NADIE DEBÍA VER

Me quedé inmóvil. No porque creyera en fantasmas. Sino porque aquella mujer era idéntica a mí. La misma forma de los ojos. La misma sonrisa. Incluso el…

PARTE 2: LA CUENTA QUE NO DEBÍA EXISTIR

Mi abuelo dio un paso hacia Mark. Su voz ya no tenía la calidez de unos minutos antes. —El dinero no se perdió. Miró directamente a mi…

PARTE 2: LA BODA QUE DURÓ MENOS QUE SU MENTIRA

Los quince días nunca llegaron a cumplirse. Al tercer día, la directora del centro recibió una llamada. Después otra. Y una tercera. Finalmente vino personalmente hasta mi…

PARTE 2: LA VERDAD QUE CAMBIÓ MI DECISIÓN

Miré a Daniel sin comprender. Él cerró la puerta de su consulta antes de hablar. —Siéntate. Obedecí en silencio. Tomó mi historial, revisó los análisis que había…

PARTE 2: LA CASA QUE NUNCA FUE SUYA

Esa noche no contesté ninguna llamada. Conduje hasta el pequeño apartamento que todavía conservaba cerca del hospital donde trabajaba. Era antiguo. Pequeño. Pero era mío. Apoyé la…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *