Parte 2: La llamada número 329

—Sí.

—He renunciado de verdad.

Fang Ting guardó silencio durante unos segundos.

Cuando volvió a hablar, su voz ya no sonaba tan acelerada.

—Nianqin… ¿sabes cómo está la empresa ahora mismo?

Me apoyé contra la pared del pequeño apartamento.

Las cajas de la mudanza seguían apiladas por todas partes.

El lugar era diminuto.

Nada que ver con el amplio apartamento que la empresa me había asignado años atrás.

Sin embargo…

Respiré profundamente.

Por primera vez en mucho tiempo, aquel espacio me pertenecía únicamente a mí.

—No lo sé.

—Y tampoco quiero saberlo.

Al otro lado llegó un largo suspiro.

—El presidente Lu está completamente fuera de sí.

Fruncí ligeramente el ceño.

—¿Qué pasó?

—Esta mañana convocó una reunión urgente con todos los directores.

—La canceló cinco minutos después.

—Luego pidió que buscaran tu expediente personal.

—Después preguntó quién aprobó tu renuncia.

—Y terminó encerrándose solo en su oficina.

Mientras escuchaba, permanecí completamente tranquila.

Como si todo aquello hablara de otra persona.

—Eso ya no tiene nada que ver conmigo.

Fang Ting bajó la voz.

—Nianqin…

—¿De verdad no sabes por qué te estuvo llamando toda la noche?

Miré distraídamente la taza de café que descansaba sobre una caja de cartón.

—No.

—Y tampoco pienso averiguarlo.

Justo cuando iba a despedirme, Fang Ting añadió algo más.

—Hay otra cosa.

Mi mano se detuvo.

—¿Qué?

—El certificado de matrimonio que viste anoche…

—Lo borró.

Mis dedos se tensaron involuntariamente.

—¿Lo borró?

—Sí.

—Lo publicó sobre las diez de la noche.

—A las dos y cuarto de la madrugada ya había desaparecido.

Aquella información me dejó inmóvil durante unos segundos.

No entendía absolutamente nada.

Si acababa de casarse…

¿Por qué eliminar la publicación el mismo día?

—Además…

Fang Ting dudó antes de continuar.

—Dicen que la señora Shen abandonó la mansión antes del amanecer.

Sentí una extraña inquietud.

Pero enseguida la reprimí.

Aquello ya no era asunto mío.

—Fang Ting.

—No vuelvas a contarme nada relacionado con él.

Ella guardó silencio.

Finalmente respondió en voz baja.

—Entiendo.

Colgué.

Apagué nuevamente el teléfono.

Pensé que, por fin, todo terminaría ahí.

Sin embargo…

Apenas media hora después sonó el timbre del apartamento.

Abrí la puerta con cautela.

Un mensajero uniformado sostenía un enorme ramo de lirios blancos.

—¿La señorita Su Nianqin?

—Sí.

—Tiene una entrega urgente.

Fruncí el ceño.

—¿Quién la envía?

El repartidor consultó la tarjeta.

—No aparece ningún nombre.

Firmé el recibo y cerré la puerta.

Entre las flores encontré únicamente una pequeña tarjeta.

Solo había una frase escrita con una caligrafía que conocía demasiado bien.

“Perdóname.”

Mi respiración se detuvo un instante.

No hacía falta ninguna firma.

Sabía perfectamente quién la había escrito.

Tomé la tarjeta.

La observé durante varios segundos.

Después la rompí lentamente en cuatro pedazos.

Las flores…

Las dejé junto al contenedor de basura del edificio.

Cuando regresé al apartamento, el teléfono de la portería volvió a sonar.

—Señorita Su.

—Hay un señor abajo.

—Dice que quiere verla.

Mi corazón dio un vuelco.

—¿Cómo se llama?

El portero respondió enseguida.

—Dice que se llama…

—Lu Yushen.

Cerré lentamente los ojos.

Apenas habían pasado tres días desde mi renuncia.

Menos de doce horas desde su boda.

Y, aun así…

Había encontrado mi nueva dirección.

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