PARTE 2: LA HERENCIA PROHIBIDA

Alexander leyó el mensaje dos veces.

Después llamó a una clínica privada que no tenía relación con los Bennett.

—Quiero un equipo médico aquí en diez minutos.

Claire apretó su mano.

—No entiendes. Tu madre dijo que nadie te creería.

Alexander miró las marcas de sus muñecas.

—Yo te creo.

Aquellas tres palabras hicieron que Claire rompiera a llorar.

Los médicos llegaron poco después.

Mientras la examinaban, Alexander recibió una videollamada de Margaret.

—No hagas ninguna estupidez —dijo su madre—. Todo lo que hicimos fue para proteger a la familia.

—¿Atar a mi esposa embarazada es protegerla?

Margaret guardó silencio.

Alexander activó la grabación.

—¿Qué le inyectaron?

—Pregúntale a Charles.

—Te lo estoy preguntando a ti.

Entonces Margaret cometió el error.

—Solo debía hacer que perdiera al bebé.

Alexander quedó inmóvil.

Claire cerró los ojos.

La llamada estaba grabada.

—Gracias, madre.

Margaret comprendió demasiado tarde.

—Alexander, espera…

Él colgó.

Esa misma noche, la policía llegó al Saint Victoria.

Charles intentó negar todo.

Hasta que encontraron registros de ingreso de Claire bajo un nombre falso y videos internos que alguien había intentado borrar.

Pero faltaba una respuesta.

¿Por qué querían impedir que aquel bebé naciera?

Alexander encontró la verdad en la oficina privada de su hermano.

Un análisis genético.

Una copia del testamento de su padre.

Y una cláusula que nadie le había mostrado.

Alexander leyó lentamente.

Después miró a Charles.

—¿Qué significa esto?

Su hermano palideció.

El padre de ambos había creado años atrás un fideicomiso secreto.

Si Alexander tenía un heredero biológico, el control mayoritario de Bennett Holdings pasaría a esa línea familiar.

Charles perdería su posición.

Margaret perdería el control del patrimonio.

—¿Intentaron hacerle daño a Claire por acciones? —preguntó Alexander.

Charles apretó la mandíbula.

—Tú nunca quisiste dirigir la familia. Nosotros sacrificamos nuestras vidas por este imperio.

—Y por eso decidieron que mi hijo no debía nacer.

Charles no respondió.

Horas después, Alexander regresó junto a Claire.

Los médicos habían conseguido estabilizarla.

Se sentó junto a su cama y tomó su mano.

—El bebé está bien.

Claire comenzó a llorar.

—¿Y tu familia?

Alexander dejó varios documentos sobre la mesa.

—Ya no controla mis hospitales, mis empresas ni mi vida.

Había destituido a Charles y suspendido toda autoridad de Margaret mientras avanzaba la investigación.

Claire lo observó sorprendida.

—¿Por qué no dudaste?

Alexander bajó la mirada hacia sus heridas.

—Porque ya dudé de ti durante seis días.

Su voz se quebró.

—Y casi permití que esa duda terminara lo que ellos empezaron.

Entonces el médico entró.

Parecía preocupado.

—Señor Bennett, encontramos algo durante los análisis de su esposa.

Alexander se levantó.

—¿El bebé?

—Está estable.

El médico dejó un informe sobre la mesa.

—Pero la prueba genética que encontramos en Saint Victoria fue manipulada.

Claire frunció el ceño.

—¿Qué prueba?

El médico respiró hondo.

—La que convenció a Margaret y Charles de que este bebé activaría el fideicomiso.

Alexander miró el documento.

—¿Está diciendo que mi hijo no es mi hijo?

—No.

El médico señaló otra línea.

—Estoy diciendo que el fideicomiso no se activará porque usted tenga un heredero.

Hizo una pausa.

—Ya estaba activo desde antes.

Alexander quedó inmóvil.

—¿Cómo?

El médico miró a Claire.

—Porque según estos registros, el verdadero beneficiario principal de la fortuna Bennett nunca fue Alexander.

Era Claire.

Y alguien llevaba años ocultándolo.

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