PARTE 2: LA CUENTA FINAL

Frank giró la factura.

Robert miró el total.

$247,630.

Su rostro perdió el color.

—Esto es una locura.

Frank señaló cada cargo.

—Salón Imperial, decoración, bebidas, alojamiento, servicios especiales y el Banquete del Emperador que usted mismo ordenó.

Vanessa se acercó.

—Robert, dijiste que todo estaba cubierto.

Él sacó una tarjeta negra.

—Cóbrala.

Rechazada.

Probó otra.

Rechazada.

Los murmullos aumentaron.

Entonces su teléfono sonó.

Era su banco.

Varias de sus cuentas habían sido congeladas por una demanda relacionada con antiguas operaciones del proyecto Emperador.

Robert levantó lentamente la cabeza.

Por fin comprendió.

—Elena.

En ese momento salí del ascensor.

Todo el salón quedó en silencio.

Robert avanzó hacia mí.

—¿Planeaste esto?

—No organizaste tu boda aquí porque te gustara el hotel. Viniste para humillarme.

Miré la factura.

—Yo simplemente decidí cobrarte.

Vanessa agarró su brazo.

—¿Qué significa lo de las cuentas congeladas?

Robert no respondió.

Yo sí.

—Significa que durante nuestro divorcio desaparecieron activos que pertenecían a mi familia. Durante cinco años reuní pruebas.

Vanessa soltó lentamente su brazo.

—Me dijiste que ese dinero era tuyo.

Robert me miró desesperado.

—Podemos arreglar esto en privado.

Sonreí.

—Hace cinco años me dijiste que sin ti no era nadie.

Miré alrededor del hotel.

—Resultó que solo necesitaba recuperar lo que era mío.

Dos abogados entraron al salón.

Frank colocó otra carpeta junto a la factura.

Demanda civil.

Auditoría.

Reclamación de activos.

Robert parecía incapaz de respirar.

Vanessa se quitó lentamente el anillo.

—¿También pagaste esto con ese dinero?

Robert guardó silencio.

Ella dejó el anillo sobre la factura y se marchó.

Yo también me di la vuelta.

—¡Elena!

Me detuve.

—¿Qué quieres que haga?

Miré la vieja Montblanc todavía entre sus dedos.

La misma pluma con la que había firmado nuestro divorcio creyendo que acababa conmigo.

—Puedes empezar guardando esa pluma.

Señalé la terminal.

—Porque esta vez tu firma no sirve.

Las puertas del ascensor se cerraron entre nosotros.

Cinco años atrás, Robert salió de mi vida convencido de que me había dejado sin nada.

Aquella noche descubrió la verdad.

Yo había reconstruido todo.

Y él ni siquiera podía pagar la cuenta de su propia boda.

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