PARTE 2: LA BODA QUE NUNCA EXISTIÓ

El teléfono permaneció inmóvil entre mis manos.

Volví a mirar la fotografía.

Adrian estaba arrodillado frente a la tumba de mi padre, con el abrigo empapado por la lluvia. A un lado había un ramo de lirios blancos. Eran las flores favoritas de mi padre.

No era una imagen antigua.

Las hojas caídas alrededor de la lápida correspondían al otoño de aquel año.

Nina observó mi expresión.

—¿Qué pasó?

Le mostré la pantalla.

Leyó el mensaje dos veces.

Después levantó lentamente la vista.

—¿Quién lo envió?

—No lo sé.

Abrí el número.

No tenía nombre.

Ni fotografía.

Solo un último mensaje.

“No tome ninguna decisión hasta conocer toda la verdad.”

Cinco segundos después, el contacto desapareció.

El número había sido desactivado.

Nina soltó un suspiro.

—Eso no parece precisamente tranquilizador.

Guardé el teléfono.

—No vine por Adrian.

—Lo sé.

—Y tampoco pienso buscarlo.

Ella asintió.

Pero ninguna de las dos volvió a hablar durante el resto del trayecto.


Aquella misma tarde llegamos a la funeraria donde descansarían temporalmente los restos de mi padre.

El director salió personalmente a recibirme.

—Doctora Carter, todo está preparado.

Mientras revisábamos la documentación, un empleado se acercó con evidente nerviosismo.

—Disculpe…

Miró alternativamente al director y a mí.

—Hay una persona aquí desde esta mañana.

—¿Quién?

—El señor Adrian Blake.

Sentí un leve pinchazo en el pecho.

—¿Qué hace aquí?

—Vino a cambiar las flores y limpiar la lápida provisional.

El director suspiró.

—Lleva haciéndolo tres años.

Todos los meses.

Sin faltar uno solo.

Nina me miró de reojo.

Yo permanecí completamente inmóvil.

—Debe de haber un error.

El director negó con la cabeza.

—No lo hay.

Abrió un archivador.

Sacó un cuaderno grueso.

Cada visita quedaba registrada por motivos administrativos.

Pasó lentamente las páginas.

Allí estaban.

Mes tras mes.

La misma firma.

Adrian Blake.

Fecha tras fecha.

Sin interrupciones.

Ni siquiera durante las tormentas de nieve.

Cerré el cuaderno.

—Gracias.

No pregunté nada más.


Esa noche apenas dormí.

A las siete de la mañana sonó el teléfono del hotel.

Era la recepción.

—Doctora Carter, una señora insiste en verla.

—¿Quién es?

—Dice llamarse Eleanor Blake.

El corazón me dio un vuelco.

La madre de Adrian.

Hacía más de tres años que no pronunciaba ese nombre.

Bajé al salón privado.

Eleanor parecía haber envejecido diez años.

Al verme, sus ojos comenzaron a humedecerse.

—Emma…

—Buenos días, señora Blake.

Mi tono fue correcto.

Distante.

Ella bajó la cabeza.

—Lo siento.

No respondí.

Sacó lentamente un sobre color marfil de su bolso.

—Llevo tres años intentando entregarte esto.

Lo dejé sobre la mesa sin tocarlo.

—¿Qué es?

—La invitación que nunca recibiste.

Fruncí el ceño.

Eleanor respiró profundamente.

—El día que creíste que Adrian se casaba con tu hermana…

Sus manos comenzaron a temblar.

—La boda nunca llegó a celebrarse.

Sentí que el mundo entero se detenía.

—¿Qué ha dicho?

Ella cerró los ojos.

—No hubo matrimonio.

Nina dejó escapar una exclamación ahogada.

Yo seguía inmóvil.

—Eso es imposible.

—Lo sé.

Eleanor deslizó lentamente una fotografía sobre la mesa.

Era la iglesia.

Decorada para una boda.

Pero completamente vacía.

Después apareció otra imagen.

Adrian.

Solo.

Sentado en el primer banco.

Con el traje de novio.

Y la cabeza entre las manos.

Levanté lentamente la vista.

—Entonces…

Mi voz apenas era un susurro.

—¿Por qué todo el mundo me dijo que se había casado?

Eleanor comenzó a llorar.

—Porque alguien necesitaba que tú lo creyeras.

El silencio llenó toda la sala.

Hasta que pronunció las palabras que cambiaban por completo los últimos tres años de mi vida.

—Y la primera persona que difundió esa mentira… fue tu propia hermana.

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