PARTE 2: LA BODA QUE ÉL PERDIÓ

El sonido del papel rompiéndose dejó a Alexander inmóvil.

—Claire, no seas infantil.

Mi hermano mayor, Ethan, se levantó.

—Ya la escuchaste. No habrá boda.

Victoria Hale soltó una carcajada.

—¿Creen que pueden amenazarnos? Alexander no necesita a la familia Lin.

Ethan sacó el teléfono.

—Perfecto.

Hizo una sola llamada.

—Cancelen todo.

Alexander frunció el ceño.

—¿Cancelar qué?

Lucas respondió:

—La inversión que iba a financiar tu expansión.

Noah añadió:

—Los contratos que mi empresa iba a garantizar.

Mi cuarto hermano levantó su móvil.

—Y el crédito puente aprobado esta mañana.

La expresión de Robert Hale cambió.

—Esperen…

Uno tras otro, mis siete hermanos comenzaron a llamar.

Alexander finalmente perdió la calma.

—¡Claire! ¡Detenlos!

Lo miré sorprendida.

—Hace un minuto dijiste que tu familia no nos necesitaba.

Olivia palideció.

—Alexander… ¿qué significa esto?

Ethan sonrió.

—Que gran parte del maravilloso futuro del señor Hale existía porque nuestra hermana iba a convertirse en su esposa.

El teléfono de Alexander comenzó a sonar.

Primero su asistente.

Después su director financiero.

Luego el banco.

Cada llamada empeoraba su rostro.

—Señor Hale —dijo alguien al teléfono—, el inversor principal acaba de retirarse. El banco suspendió la financiación.

Alexander me miró.

—Claire, podemos hablar.

—No.

Tomé mi ramo y se lo entregué a Olivia.

—Ya que tu nombre estaba en el certificado, quédate también con la boda.

Caminé hacia la salida.

Entonces las puertas del salón se abrieron.

Un hombre vestido de negro entró acompañado por dos personas.

Me detuve.

El ramo cayó de las manos de Olivia.

Mi madre se cubrió la boca.

Porque aquel rostro…

Yo lo conocía.

Aunque habían pasado seis años.

Aunque todos me habían dicho que estaba muerto.

—Julian… —susurré.

Alexander me miró, confundido.

Julian Xie caminó directamente hacia mí.

—Perdón por llegar tarde, Claire.

Sus ojos bajaron hacia mi vestido de novia.

Después miró el certificado roto en el suelo.

—Parece que llegué justo a tiempo.

Alexander dio un paso adelante.

—¿Quién demonios eres?

Julian ni siquiera lo miró.

Mi hermano Ethan respondió por él:

—El hombre cuya muerte convirtió a Claire en alguien capaz de conformarse contigo.

Alexander quedó blanco.

Por primera vez comprendió algo mucho más doloroso que perder contratos.

Durante cinco años había creído que Olivia era la mujer irremplazable de nuestra relación.

Nunca imaginó que él también había sido el sustituto de alguien.

Me quité lentamente el anillo de compromiso.

Lo dejé sobre la mesa.

Y salí del salón junto a mis hermanos.

No me fui con Julian.

Todavía no.

Primero necesitaba descubrir por qué había desaparecido seis años.

Pero una cosa estaba decidida.

Alexander había escrito el nombre de otra mujer en nuestra boda para demostrarme que yo podía ser reemplazada.

Al final, fue él quien descubrió que nunca había sido indispensable.

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