PARTE 2: ESTA VEZ, ME VOY

—Todavía no.

Después de responder al abogado, colgué.

La sala quedó en silencio.

Sobre la mesa seguían el historial médico de mi padre y la tarjeta de agradecimiento de la familia Wen.

Dos objetos.

Dos respuestas.

Cinco años de matrimonio.

Y, de repente, todo parecía haber llegado al final de una manera absurdamente tranquila.

No lloré.

Tampoco llamé a Lu Huaichuan para discutir.

Simplemente abrí el armario.

Saqué una maleta.

Y empecé a guardar mis cosas.


A las dos de la madrugada, Lu Huaichuan regresó.

La puerta se abrió suavemente.

Yo todavía estaba despierta.

Él entró, se quitó el abrigo y vio la maleta junto al sofá.

Sus pasos se detuvieron.

—¿Vas a viajar?

Negué con la cabeza.

—Me voy.

Lu Huaichuan frunció el ceño.

—¿A dónde?

—A mi casa.

—Esta también es tu casa.

Lo miré.

—Ya no.

Por primera vez aquella noche, su expresión cambió de verdad.

—Jiahe.

—¿Qué estás haciendo?

Saqué un sobre de la mesa.

Dentro había una copia del borrador del acuerdo de divorcio.

Se lo tendí.

Lu Huaichuan tardó varios segundos en aceptarlo.

Cuando vio el título, su rostro se endureció.

—¿Divorcio?

—Sí.

—¿Por lo de hoy?

—No.

—Entonces, ¿por qué?

Solté una risa baja.

—Porque hoy finalmente entendí todo lo anterior.

Él dejó los documentos sobre la mesa.

—Estás actuando impulsivamente.

—No.

—Llevo cinco años intentando entenderte.

—Hoy simplemente dejé de hacerlo.

Lu Huaichuan me miró fijamente.

—La operación de la señora Wen no tiene nada que ver con nuestro matrimonio.

—Claro que tiene que ver.

Me acerqué al antiguo historial médico de mi padre.

—Porque ella y mi padre estaban en situaciones parecidas.

—Por ella rompiste las reglas.

—Por mi padre te escondiste detrás de ellas.

Su mandíbula se tensó.

—Ya te expliqué que las condiciones médicas eran diferentes.

—Entonces dime exactamente cuál era la diferencia.

Guardó silencio.

—¿Era porque ella tenía más posibilidades de sobrevivir?

No respondió.

—¿Era porque el hospital lo autorizó?

Nada.

—¿O era porque Wen Shuya te llamó?

Sus ojos cambiaron.

Solo por un instante.

Pero lo vi.

Y fue suficiente.


—No metas a Shuya en esto.

Su voz se volvió fría.

Sonreí.

—Otra vez.

—¿Qué?

—Otra vez la proteges primero.

Lu Huaichuan pareció querer decir algo.

Pero yo ya no necesitaba escucharlo.

—Cuando murió mi padre, yo me culpé durante años.

—Pensaba que quizá no había insistido lo suficiente.

—Que quizá debería haber encontrado otro médico.

—Que quizá, si hubiera suplicado un poco más, tú habrías vuelto.

Respiré lentamente.

—Pero hoy descubrí que sí sabías romper las reglas.

—Solo que nunca quisiste romperlas por mí.

La expresión de Lu Huaichuan se volvió pálida.

—Jiahe…

—No hace falta.

Le entregué una pluma.

—Firma cuando estés preparado.

—Yo me marcho esta noche.


Lu Huaichuan no tomó la pluma.

—No acepto el divorcio.

Me quedé inmóvil.

—Eso no depende solo de ti.

—Tenemos cinco años de matrimonio.

—Precisamente.

Lo miré directamente.

—Cinco años son suficientes.

—No voy a desperdiciar otros cinco esperando convertirme algún día en alguien por quien quieras volver.

Su respiración se volvió pesada.

—¿Crees que nunca hice nada por ti?

—No dije eso.

—Entonces, ¿por qué reduces todo nuestro matrimonio a una operación?

Negué lentamente.

—No lo reduzco a una operación.

—Lo reduzco a una elección.

—Y cuando llegó el momento más importante de mi vida…

Hice una pausa.

—No me elegiste.

Lu Huaichuan apartó la mirada.

Aquello era algo que jamás hacía durante una discusión.

Siempre era calmado.

Siempre racional.

Siempre parecía tener la respuesta correcta.

Pero aquella noche no la tenía.


Tomé la maleta.

Cuando pasé junto a él, sujetó mi muñeca.

—No te vayas.

Me detuve.

Su mano estaba fría.

—¿Por qué?

Lu Huaichuan abrió la boca.

Tardó varios segundos en responder.

—Porque eres mi esposa.

Lo miré.

—Eso no es una razón.

Su mano se aflojó lentamente.

—Entonces dime qué quieres escuchar.

—Nada.

Me solté.

—Ese es el problema.

—Hace cinco años habría querido escucharlo todo.

—Hoy ya no quiero nada.

Abrí la puerta.

Antes de salir, escuché su voz detrás.

—¿Volverás mañana?

No me giré.

—No.


Tres meses después, el divorcio quedó oficialmente registrado.

Lu Huaichuan no puso demasiados obstáculos.

Solo pidió verme una vez antes de firmar.

Nos encontramos en una cafetería frente al hospital.

Él llevaba todavía la bata blanca debajo del abrigo.

Yo llegué diez minutos antes.

Cuando se sentó frente a mí, durante unos segundos ninguno habló.

Finalmente preguntó:

—¿Estás bien?

—Sí.

—¿Dónde estás viviendo?

—Con mi madre.

—¿Has vuelto al trabajo?

—Sí.

Asintió.

Como si necesitara confirmar que mi vida seguía funcionando sin él.

Después empujó el acuerdo hacia mí.

Ya estaba firmado.

—Jiahe.

Levanté la vista.

—He revisado otra vez el historial de tu padre.

Mis dedos se detuvieron.

Él continuó:

—Tenías razón.

La cafetería parecía haberse quedado sin sonido.

—¿Sobre qué?

Su voz se volvió muy baja.

—Yo podría haber regresado.

Sentí que algo dentro de mí se rompía definitivamente.

Cinco años.

Había esperado cinco años para escuchar aquella frase.

Pero ahora no me servía de nada.

—Entonces, ¿por qué no lo hiciste?

Lu Huaichuan bajó la mirada.

—Porque aquella noche Shuya también estaba en el hospital.

Lo observé.

—¿Qué quieres decir?

—Su padre había tenido un accidente.

—Ella estaba completamente desbordada.

—Me pidió que me quedara.

Mi corazón se hundió.

Por fin.

La verdadera respuesta.

No fueron las normas.

No fue el procedimiento.

No fue el riesgo.

Fue una elección.

Una vez más.


—Entiendo.

Tomé la pluma.

Lu Huaichuan levantó la cabeza.

—No fue porque no me importaras.

Sonreí ligeramente.

—Ya no importa.

Firmé.

—Jiahe.

—¿Sí?

—Lo siento.

Guardé silencio.

Después cerré la carpeta.

—Acepto tus disculpas.

Sus ojos se iluminaron ligeramente.

Pero continué:

—Eso no significa que quiera volver.

La luz desapareció de inmediato.

Me puse de pie.

—Adiós, Lu Huaichuan.


Cinco años después.

En el foro médico, él estaba sentado bajo las luces del escenario.

Yo estaba entre el público.

A mi lado, mi hija de cuatro años seguía desenvolviendo su caramelo.

Cuando Wen Shuya terminó de contar aquella historia sobre la cirugía de su madre, toda la sala aplaudió.

Yo también.

No por Lu Huaichuan.

Sino porque finalmente había escuchado públicamente la verdad que años atrás él intentó convertir en una excepción.

Entonces giró la cabeza.

Me vio.

Primero miró mi rostro.

Después mi dedo anular.

Finalmente, a la niña.

Su rostro perdió todo el color.

El presentador seguía hablando.

Pero Lu Huaichuan ya no parecía escucharlo.

Durante el descanso, bajó del escenario casi inmediatamente.

Cruzó el pasillo hacia mí.

—Jiahe.

La niña levantó la cabeza.

—Mamá, ¿quién es?

Antes de que pudiera responder, Lu Huaichuan se quedó completamente inmóvil.

—¿Mamá?

Sus ojos volvieron a la niña.

Después me miró.

—¿Ella…?

—Sí.

Su respiración se detuvo.

—¿Cuántos años tiene?

—Cuatro.

Una emoción extraña atravesó su rostro.

—Entonces…

Lo interrumpí.

—No es tu hija.

Lu Huaichuan cerró los ojos durante un instante.

Parecía aliviado.

Y, al mismo tiempo, decepcionado.

—¿Te casaste otra vez?

Miró mi dedo.

Había un anillo sencillo.

—Sí.

—¿Con quién?

Sonreí.

—Con alguien que sabe volver cuando le digo que lo necesito.

La expresión de Lu Huaichuan quedó completamente rígida.

No añadí nada más.

Tomé la mano de mi hija.

—Vamos.

Ella asintió y caminó conmigo.

Después de unos pasos, se volvió y saludó inocentemente a Lu Huaichuan.

—Adiós, tío.

Él no respondió.

Solo permaneció inmóvil entre la multitud.

Cinco años atrás, yo había sido quien se quedó en un pasillo de hospital esperando que regresara.

Esta vez…

Era él quien se quedaba atrás.

Y yo ya no tenía ninguna razón para volver la cabeza.

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