PARTE 2: ESTA VEZ, ÉL

Adrian apartó la mirada primero.

Un detalle mínimo.

Pero yo había leído su diario.

Sabía lo que significaba.

En una de aquellas páginas había escrito:

“Cada vez que Nina me mira directamente, tengo que apartar los ojos antes de que descubra todo.”

Mi padre carraspeó.

—Adrian vino a hablar conmigo sobre una posible alianza entre nuestras familias.

Me senté frente a él.

—¿Una alianza?

Adrian mantuvo su expresión tranquila.

—Un matrimonio.

En mi vida anterior había rechazado aquella propuesta sin pensarlo.

Había llamado a Ethan esa misma noche y le había prometido que jamás me casaría con otro hombre.

Esta vez pregunté:

—¿Cuándo?

Mi padre casi dejó caer la taza.

Adrian finalmente me miró.

—¿Perdón?

—¿Cuándo quieres casarte?

Por primera vez vi al impecable Adrian Wells completamente desconcertado.

—Nina, esto no es una broma.

—No estoy bromeando.

Mi teléfono comenzó a sonar.

Ethan.

Rechacé la llamada.

Volvió a llamar.

Lo bloqueé.

Adrian observó cada movimiento, pero no preguntó nada.

Entonces recordé otra frase de su diario:

“Si algún día ella viene hacia mí por voluntad propia, aunque sea una sola vez, prometo no dejarla caminar sola.”

Sentí un nudo en la garganta.

Había desperdiciado nueve años persiguiendo a alguien que siempre me obligaba a demostrar que merecía su amor.

Esta vez quería conocer al hombre que jamás me había pedido demostrar nada.

—Acepto —dije.

Mi padre se levantó.

—¿Así de repente?

—Sí.

Adrian permaneció inmóvil.

—Necesito hablar contigo a solas.

Salimos al jardín.

En cuanto la puerta se cerró, Adrian habló:

—¿Ethan te hizo algo?

Casi sonreí.

Ni siquiera había preguntado qué ganaría él.

Su primera preocupación era yo.

—Terminamos.

Sus dedos se tensaron.

—Lo siento.

—Yo no.

Adrian me estudió en silencio.

—Entonces dime por qué aceptaste casarte conmigo.

Lo miré directamente.

No podía decirle que había vivido otra vida.

Que había sostenido su diario después de su muerte.

Que conocía secretos que él todavía no había escrito.

Así que respondí:

—Porque quiero conocerte.

Adrian dejó de respirar durante un instante.

Antes de que pudiera responder, escuchamos un automóvil detenerse frente a la casa.

La puerta se abrió violentamente.

Ethan apareció.

Claire estaba detrás de él.

—¡Nina!

Caminó directamente hacia mí.

—¿Me bloqueaste por una discusión absurda?

Entonces vio a Adrian.

Su expresión cambió.

—¿Quién es él?

Esta vez fui yo quien dio un paso hacia Adrian.

—Mi prometido.

Ethan se quedó blanco.

—¿Qué?

Claire abrió mucho los ojos.

—Nina, no deberías utilizar a otro hombre para darle celos a Ethan.

Adrian la miró con absoluta indiferencia.

—Señorita, ¿quién le dijo que estoy siendo utilizado?

Claire perdió la sonrisa.

Ethan apretó los puños.

—Nina, ven conmigo.

—No.

Una sola palabra.

La misma que nunca había sabido decirle.

—Nuestra relación terminó en el restaurante.

—¿Por una salsa?

Negué lentamente.

—No, Ethan. Por cuatro años sintiéndome como la tercera persona en mi propia relación.

Claire comenzó a llorar.

—Sabía que me culpabas…

Ethan inmediatamente giró hacia ella.

—Claire, esto no es culpa tuya.

Y allí estaba.

Exactamente igual que en mi primera vida.

Incluso mientras intentaba recuperarme, su primer instinto seguía siendo protegerla.

Esta vez no dolió.

Solo me confirmó que había tomado la decisión correcta.

Adrian abrió la puerta de la casa para mí.

—Hace frío.

Un gesto sencillo.

Pero al pasar junto a él, escuché su voz muy baja:

—No tienes que quedarte aquí escuchando algo que ya decidiste dejar atrás.

Me detuve.

Porque recordaba esas palabras.

No exactamente aquellas.

Pero sí su significado.

Años después, Adrian escribiría en su diario:

“Siempre quise ser la puerta por la que Nina pudiera salir cuando alguien intentara encerrarla.”

Entré en casa.

Ethan gritó mi nombre detrás de mí.

No me giré.

Pero antes de cerrar la puerta miré a Adrian.

—¿Puedes quedarte a cenar?

Sus ojos se suavizaron.

—Claro.

Sonreí.

Todavía faltaban cuatro años para el día en que Adrian debía convertirse en mi esposo.

Nueve para el día en que yo recibiría su diario.

Y muchos más para el día en que debía perderlo.

Pero esta vez conocía el final antes de comenzar.

Y mientras Adrian entraba detrás de mí, tomé una decisión.

No solo iba a elegir al hombre correcto.

Iba a descubrir qué había provocado su muerte.

Y esta vez, Adrian Wells no moriría amándome en silencio.

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