PARTE 2: EL VUELO QUE MARCÓ EL FINAL

El avión despegó a las 7:40 de la mañana.

Marcus no vino a despedirme.

Me escribió un mensaje mientras esperaba en la sala de embarque:

“Cuídate. Cuando vuelva, hablaremos”.

Miré esas palabras durante unos segundos y apagué el teléfono.

Ya no había nada que hablar.

Cuando aterricé en North City, un vehículo militar esperaba fuera de la terminal.

Un hombre uniformado salió y se puso firme.

—Señorita Fu.

Asentí.

—¿Mi padre?

—La espera en el cuartel general.

Subí al vehículo.

Mientras atravesábamos las puertas de la base, vi algo que no había visto en años.

Mi nombre completo aparecía en una pantalla electrónica junto al anuncio de una ceremonia militar.

AVA FU.

HIJA DEL COMANDANTE GENERAL.

El conductor no dijo nada.

Yo tampoco.

Horas después, entré en el despacho de mi padre.

Sobre su escritorio había una carpeta roja.

—¿Terminaste con él? —preguntó.

—Sí.

Mi padre abrió la carpeta.

Dentro estaba la orden oficial de mi regreso y varios documentos que llevaban semanas preparados.

—Entonces ya no necesitas esconderte.

Tomé la primera hoja.

Mi nuevo cargo.

Mi nueva unidad.

Mi nueva identidad pública.

Todo aquello que Marcus nunca supo que existía.

—¿Cuándo será la ceremonia?

—En tres días.

Sonreí.

—Perfecto.

Mi padre me miró con cierta preocupación.

—¿Quieres que le informemos a Marcus?

Negué con la cabeza.

—No.

—¿Por qué?

Cerré la carpeta.

—Porque quiero que lo descubra solo.

Tres días después, la base estaba llena de oficiales.

Marcus también estaba allí.

Había recibido una invitación oficial para asistir a una ceremonia especial.

Llegó acompañado de Vanessa.

Ella llevaba un vestido elegante.

Marcus parecía orgulloso.

Probablemente pensaba que aquella ceremonia sería otro paso hacia su nueva vida.

Entonces las puertas se abrieron.

Los soldados se pusieron firmes.

Una voz anunció:

—¡Atención! ¡Comandante general Fu entrando!

Mi padre apareció primero.

Después caminé detrás de él.

Vestía el uniforme que había dejado años atrás.

Marcus levantó la cabeza.

Sus ojos encontraron los míos.

Primero pareció confundido.

Luego miró las insignias.

Después a mi padre.

Su rostro perdió lentamente el color.

Vanessa susurró:

—¿Ava?

No respondí.

Mi padre se detuvo frente a la formación.

—Hoy damos la bienvenida de regreso a la unidad a la mayor general Ava Fu.

Un silencio absoluto cayó sobre el lugar.

Marcus me miraba como si acabara de convertirse en una persona completamente desconocida.

Entonces comprendió.

El boleto.

El traslado.

Las llamadas.

Mi silencio.

Todo.

Se acercó un paso.

—Ava…

Levanté una mano.

—No aquí.

Su voz tembló.

—¿Por qué nunca me dijiste quién eras?

Lo miré durante unos segundos.

—Porque quería saber si me amarías sin mi apellido.

Bajó la cabeza.

—Yo…

—Ya tengo mi respuesta.

Me di la vuelta.

Pero antes de marcharme, mi padre recibió una llamada.

Su expresión cambió.

—Ava.

Me entregó el teléfono.

—Es para ti.

Contesté.

La voz al otro lado era la de un oficial de inteligencia.

—Señora, acabamos de descubrir algo relacionado con Marcus Fu.

Fruncí el ceño.

—¿Qué cosa?

—Su boda con Vanessa no es lo que parece.

Miré hacia atrás.

Marcus seguía inmóvil en medio de la formación.

El oficial continuó:

—Encontramos documentos que demuestran que alguien organizó ese matrimonio mucho antes de que usted descubriera la relación.

Mi corazón se detuvo.

—¿Quién?

Hubo un silencio.

—Su propia familia.

Y entonces escuché la segunda frase.

—Pero hay algo peor. Su nombre aparece en los documentos.

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