PARTE 2: EL VIDEO BORRADO QUE NADIE QUERÍA QUE SU PADRE ENCONTRARA

No dormí aquella noche.

Permanecí sentado junto a la cama de Lily, escuchando el sonido constante del monitor cardíaco.

Cada respiración suya era un recordatorio de lo cerca que había estado de perderla.

Al amanecer entró una detective.

Se presentó como Amanda Brooks, de la unidad de delitos violentos.

Traía una carpeta bajo el brazo.

—Señor Mercer, necesitamos hacerle algunas preguntas sobre su hija.

Asentí.

—Primero respóndame usted.

¿Encontraron al responsable?

La detective negó lentamente.

—Todavía no.

Pero sabemos que el ataque ocurrió entre las diez y las diez y cuarto de la noche.

—¿Y las cámaras del campus?

—Algunas estaban fuera de servicio.

Otras fueron manipuladas.

Fruncí el ceño.

—¿Manipuladas?

Sacó varias fotografías.

En una de ellas aparecía una cámara con los cables cortados.

En otra, alguien había cubierto el lente con pintura negra.

Aquello no era improvisado.

Alguien había preparado el lugar.

La detective respiró hondo.

—También encontramos el teléfono de Lily.

Lo colocó sobre la mesa.

La pantalla estaba completamente destrozada.

—¿Pudieron recuperar algo?

—El laboratorio está trabajando en ello.

Mientras hablábamos, un joven llamó tímidamente a la puerta.

Tendría unos veinte años.

Llevaba una sudadera de la universidad y un brazo en cabestrillo.

—¿Usted es el padre de Lily?

Asentí.

—Me llamo Ethan.

Estudio con ella.

Miró a todos lados antes de continuar.

—No fui a la policía porque tenía miedo.

Pero no puedo seguir callado.

La detective sacó una libreta.

—Cuéntenos todo.

Ethan tragó saliva.

—Vi a Lily discutir con tres personas detrás del edificio de ciencias.

Uno de ellos era un jugador del equipo universitario de hockey.

Otro era su compañero de habitación.

Y había una chica grabándolo todo con el móvil.

Mi corazón comenzó a latir con fuerza.

—¿Por qué discutían?

—Porque Lily descubrió algo que no debía.

—¿Qué cosa?

Negó lentamente.

—No lo sé.

Solo escuché que ella decía:

“No pienso borrar las pruebas.”

La detective levantó la vista.

—¿Qué pasó después?

—Me vieron.

Uno de ellos me empujó contra una bicicleta.

Me rompí el brazo al caer.

Cuando logré levantarme… Lily ya estaba en el suelo.

El silencio llenó la habitación.

—¿Por qué no lo denunciaste?

Los ojos del muchacho se llenaron de lágrimas.

—Me dijeron que, si hablaba, publicarían un video para acusarme a mí.

La detective anotó cada palabra.

—Necesitaremos su declaración formal.

Ethan asintió.

Antes de salir, dejó una memoria USB sobre la mesa.

—No es mucho…

Pero quizá sirva.

Explicó que una cámara de un edificio cercano grababa parte del estacionamiento.

Había descargado una copia porque trabajaba en mantenimiento informático.

La detective conectó la memoria a su portátil.

El video era borroso.

Se veía a Lily caminando bajo la lluvia.

Después aparecieron tres siluetas.

La discusión duró apenas unos segundos.

Entonces ocurrió algo inesperado.

Antes de que comenzara la agresión, Lily levantó su teléfono y lo acercó deliberadamente al rostro de uno de los atacantes.

Como si quisiera grabarlo de cerca.

La imagen quedó congelada durante un instante.

Lo suficiente para distinguir claramente un tatuaje muy particular en el cuello.

La detective amplió la imagen.

—Con esto podemos identificarlo.

Pensé que, por fin, el caso empezaba a resolverse.

Pero el técnico forense que acababa de entrar interrumpió la conversación.

—Detective…

Logramos recuperar parte del contenido del teléfono de la víctima.

Abrió una carpeta digital.

—Hay un video que intentaron borrar varias veces.

Lo reprodujo.

La grabación duraba apenas diecisiete segundos.

Lily jadeaba mientras enfocaba a un hombre dentro del laboratorio de investigación de la universidad.

No era un estudiante.

Era uno de los profesores más prestigiosos del campus.

En el video se le veía guardando varios sobres llenos de dinero en una mochila negra mientras decía:

—Si alguien descubre esto, todos estaremos acabados.

La imagen se cortó bruscamente.

La detective quedó inmóvil.

—Ese profesor dirige el mayor proyecto financiado por el estado.

El técnico asintió con gravedad.

—Y según la fecha del archivo…

Este video fue grabado apenas cinco minutos antes de que atacaran a Lily.

La detective cerró lentamente el portátil.

Luego me miró directamente a los ojos.

—Señor Mercer…

Creo que su hija no fue víctima de una pelea.

Creo que intentaron silenciar a la única persona que acababa de descubrir una red de corrupción dentro de la universidad.

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