PARTE 2: EL VESTIDO QUE LO DEJÓ SIN NOVIA

Chloe sonrió satisfecha.

Extendió la mano para estrechar la mía.

—Sabía que aceptaría.

No correspondí el gesto.

Solo abrí una carpeta de diseño.

—Necesito conocer algunos detalles de la boda.

Ella tomó asiento con absoluta confianza.

—Será dentro de tres semanas.

—Solo asistirán familiares, altos mandos y algunos empresarios.

Hizo una breve pausa.

—Nathan quiere que todo sea perfecto.

Nathan.

Pronunciaba su nombre con una familiaridad que me revolvía el estómago.

Pero ya no dolía.

Solo me producía una extraña calma.

La calma de quien finalmente deja de esperar.

Anoté cada dato con tranquilidad.

—¿El capitán Reed ya eligió el lugar?

—Sí.

—¿Y la fecha exacta?

Chloe sonrió orgullosa.

—Coincide con el aniversario de la misión en la que obtuvo su ascenso.

Bajé la vista para ocultar la ironía.

Conocía esa fecha mejor que nadie.

Porque fui yo quien pasó cuarenta y ocho horas seguidas junto a su cama cuando regresó gravemente herido de aquella misión.

Mientras ella ni siquiera sabía que él existía.

Cuando terminó de hablar, cerré la libreta.

—El diseño estará listo en diez días.

Se levantó.

Antes de salir, se volvió hacia mí.

—Señorita Bennett.

—¿Sí?

—Gracias por ser tan profesional.

Pensé que sería más difícil para usted.

Esperé a que la puerta se cerrara.

Solo entonces dejé escapar el aire que llevaba reteniendo.

Mi asistente, Laura, apareció inmediatamente.

Había escuchado toda la conversación.

—Emily…

Su voz temblaba.

—¿De verdad vas a diseñarle el vestido a la mujer que se casará con Nathan?

Sonreí débilmente.

—Claro.

—Será el último trabajo que haga antes de irme.

Laura abrió mucho los ojos.

—¿Irte?

Saqué una carpeta azul del cajón inferior del escritorio.

Llevaba años guardada.

En la portada solo había un logotipo.

Atelier Bennett – París.

Cinco años atrás, la escuela de alta costura más prestigiosa de Francia me ofreció dirigir uno de sus estudios.

Rechacé la propuesta.

Porque Nathan me pidió que esperara.

—Solo dame un poco más de tiempo.

Eso fue exactamente lo que dijo.

Cinco años después comprendía que el tiempo nunca había sido el problema.

Laura hojeó la carpeta.

La carta de invitación seguía vigente.

El director del atelier había escrito una nota al margen.

“La puerta seguirá abierta mientras usted desee cruzarla.”

Laura levantó la vista.

—¿Aceptaste?

Asentí lentamente.

—Esta mañana.

Ella sonrió por primera vez en mucho tiempo.

—Entonces por fin vas a vivir para ti.

En ese instante sonó mi teléfono.

La pantalla mostró un nombre que conocía demasiado bien.

Nathan Reed.

Lo dejé sonar.

Volvió a llamar.

Y otra vez.

A la cuarta llamada contesté.

—Emily.

Su voz era tan tranquila como siempre.

—Marcus dijo que hoy viniste al cuartel.

—Sí.

—¿Por qué te fuiste tan rápido?

Miré por la ventana.

La lluvia empezaba a caer sobre la ciudad.

—Tenía trabajo.

Él guardó silencio unos segundos.

—Esta noche no cenes sola.

Voy a pasar por casa.

Como si nada hubiera ocurrido.

Como si unas horas antes no hubiera confesado que otra mujer sería su esposa.

—No hace falta.

Respondí con calma.

—Tengo mucho trabajo.

Nathan soltó una pequeña risa.

—¿Sigues enfadada porque he estado ocupado estos días?

Siempre hacía lo mismo.

Convertía mis heridas en simples caprichos.

—Emily.

Su voz se volvió más suave.

—Cuando termine este periodo, te compensaré.

Cerré los ojos.

Durante cinco años viví esperando esa promesa.

“Cuando termine…”

“Cuando vuelva…”

“Cuando tenga tiempo…”

Nunca llegaba.

—No necesitas compensarme.

Respondí.

—¿Qué ocurre?

Preguntó por primera vez con cierta inquietud.

Sonreí.

—Nada.

—Solo estoy aprendiendo a dejar de esperar.

Colgué antes de escuchar su respuesta.

Apagué el teléfono.

Saqué del cajón un pequeño anillo de plata.

El primero que Nathan me regaló cuando aún era un joven teniente sin dinero.

Lo observé durante unos segundos.

Después lo dejé dentro de una caja.

Encima coloqué la llave de la casa.

Y, por último, la tarjeta bancaria principal que él me había entregado años atrás.

No me llevaría nada suyo.

Ni siquiera los recuerdos.

Dos días después, mientras revisaba los primeros bocetos del vestido de Chloe, mi secretaria entró corriendo al estudio.

—Emily.

Hay un hombre uniformado preguntando por usted.

Dice que viene en nombre del Estado Mayor.

Fruncí ligeramente el ceño.

No esperaba ninguna visita militar.

Cuando salí a la recepción y vi el uniforme de gala del coronel que me esperaba, comprendí que aquella visita no tenía absolutamente nada que ver con Chloe.

El oficial dio un paso al frente.

Me saludó con absoluta formalidad.

—Señorita Emily Bennett.

Traigo una orden firmada personalmente por el comandante de la región militar.

Nathan Reed… debe presentarse mañana a primera hora.

Hay un asunto de hace cinco años que finalmente ha sido reabierto.

Y esa investigación cambiaría para siempre el destino de ambos.

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