Me quedé mirando la lista durante varios segundos.
Daniel Chen.
Laura Lin.
Cuatro años.
Habían pasado cuatro años desde aquella madrugada en la que abandoné Pekín con dos maletas y un corazón completamente vacío.
Mia se acercó por detrás.
—¿Conoces al nuevo director regional?
Cerré la carpeta con tranquilidad.
—Hace mucho tiempo.
Ella arqueó una ceja.
—¿Mucho tiempo de qué tipo?
Sonreí apenas.
—Del tipo que ya no importa.
El día de la presentación, el Hotel Intercontinental de Shenzhen estaba lleno de periodistas, fotógrafos y representantes de las principales marcas de cosméticos del país.
Nuestra agencia había preparado el escenario durante semanas.
Las pantallas LED proyectaban ilustraciones de la colección creada por Niebla Blanca.
Nadie sabía que yo estaba detrás del escenario revisando los últimos detalles.
Mi jefe se acercó.
—Sofía.
Levanté la vista.
—Dentro de veinte minutos te presentaremos oficialmente.
Asentí.
—Perfecto.
—¿Sigues segura de revelar tu identidad?
Sonreí.
—Ya no tengo motivos para esconderme.
Mientras tanto, en el salón principal, Daniel acababa de entrar acompañado por Laura.
Llevaba un traje gris oscuro.
Ella, un vestido blanco de diseñador.
Los vi desde el monitor de seguridad instalado detrás del escenario.
Laura observaba las ilustraciones con admiración.
—Esta artista es increíble.
Daniel asintió distraído.
—Sí.
No apartaba la vista del programa del evento.
Buscaba el nombre de la ilustradora.
Pero solo encontraba un seudónimo.
Niebla Blanca.
Uno de los organizadores se acercó a ellos.
—El lanzamiento comenzará enseguida.
Laura sonrió.
—¿La artista ya llegó?
—Sí.
—¿Podremos conocerla?
—Claro.
Es nuestra invitada principal.
Daniel levantó la cabeza.
—¿Es muy conocida?
El organizador sonrió.
—Muchísimo.
Solo el año pasado sus licencias generaron más de treinta millones de yuanes.
Vi cómo Daniel se quedaba inmóvil.
Laura abrió mucho los ojos.
—¿Treinta millones?
—Aproximadamente.
Y sigue creciendo.
Mi antiguo prometido bajó lentamente la mirada.
Durante cuatro años creyó que yo apenas sobrevivía trabajando en una pequeña agencia.
Jamás imaginó que la mujer a la que dejó la noche antes de casarse construía una carrera que aparecía regularmente en revistas internacionales.
Las luces comenzaron a apagarse.
El maestro de ceremonias subió al escenario.
—Señoras y señores…
Bienvenidos.
Tras una breve presentación habló sobre la colección, el proceso creativo y el misterio que durante años rodeó a Niebla Blanca.
Después sonrió hacia el público.
—Hoy, por primera vez, conocerán el verdadero rostro de la artista.
Respiré profundamente.
Mi jefe me hizo una señal.
Caminé hacia el escenario.
Los reflectores se encendieron lentamente.
El salón entero quedó en silencio.
Cuando di el primer paso bajo la luz, escuché un golpe seco.
Daniel acababa de dejar caer la copa que sostenía.
Laura giró bruscamente hacia él.
Después volvió a mirarme.
No entendía por qué aquel hombre parecía haber visto un fantasma.
Seguí caminando con tranquilidad hasta el centro del escenario.
Los aplausos comenzaron a llenar el salón.
El maestro de ceremonias sonrió.
—Con ustedes…
La creadora de Niebla Blanca.
Sofía Zhao.
Tomé el micrófono.
—Gracias por acompañarnos.
Mientras hablaba sobre inspiración, ilustración y diseño, podía sentir la mirada de Daniel fija sobre mí.
No escuchaba una sola palabra.
Solo intentaba comprender cómo la mujer que había considerado ordinaria se había convertido en la artista que todas las grandes marcas querían contratar.
Al terminar la conferencia, comenzó el cóctel.
Varios empresarios se acercaron para felicitarme.
También periodistas.
Y directores creativos.
Daniel esperó casi quince minutos hasta encontrar un momento en que me quedara sola.
Se acercó despacio.
Su voz sonaba distinta.
Mucho más baja.
—Sofía…
Me giré con educación.
—Señor Chen.
Aquellas dos palabras parecieron dolerle más que cualquier reproche.
—Nunca… me dijiste quién eras.
Lo observé unos segundos antes de responder.
—Nunca me lo preguntaste.
Bajó la cabeza.
No encontró ninguna respuesta.
En ese momento, Laura llegó junto a nosotros.
Sonreía con absoluta naturalidad.
Extendió la mano.
—Mucho gusto, señorita Zhao. Soy Laura Lin.
La estreché.
—Encantada.
Ella me observó unos segundos.
Después miró alternativamente a Daniel y a mí.
Algo comenzó a encajar en su cabeza.
—Esperen…
Frunció el ceño.
—¿Ustedes dos… ya se conocían?
Daniel cerró los ojos lentamente.
Pero antes de que pudiera responder, el presidente del grupo organizador caminó directamente hacia nosotros.
Se detuvo frente a mí.
Luego, delante de decenas de invitados, pronunció una frase que dejó completamente inmóvil a Daniel.

—Señorita Zhao, el consejo directivo ya aprobó la operación.
Hizo una breve pausa.
—A partir del próximo mes, usted será la nueva accionista mayoritaria de Prisma… y también la nueva propietaria de la empresa donde el señor Chen acaba de ser nombrado director regional.