PARTE 2: EL VENENO ESTABA EN LA HABITACIÓN

La policía cerró inmediatamente el ala de maternidad.

Nadie podía salir.

El doctor Bennett explicó que la toxina había entrado en el organismo de Claire poco antes de la emergencia.

Eso reducía muchísimo la lista.

—¿Qué comió o bebió después del parto?

Intenté recordar.

Agua.

Un poco de caldo.

Y entonces lo vi.

Una taza de té junto a su cama.

Vanessa la había llevado.

Giré hacia ella.

Ya no estaba en el pasillo.

—¿Dónde está Vanessa?

Un guardia señaló los ascensores.

Corrimos.

La encontraron intentando abandonar el hospital por el estacionamiento privado.

—¡Esto es ridículo! —gritó cuando los agentes la detuvieron—. ¡Yo vine a felicitar a Claire!

Pero las cámaras contaban otra historia.

Vanessa había entrado sola en la suite mientras Claire descansaba.

Había permanecido allí cuatro minutos.

Después salió llevando algo pequeño dentro del bolso.

Cuando revisaron la habitación, encontraron la taza.

Los análisis preliminares coincidían con lo detectado en Claire.

Pero faltaba el motivo.

Lo encontramos en el teléfono de Vanessa.

Durante meses había enviado mensajes a mi antiguo director financiero.

En uno escribió:

“Cuando Claire desaparezca, Mason finalmente entenderá quién debería estar a su lado.”

Había algo todavía peor.

Vanessa había convencido a varias personas de que nuestros trillizos convertirían a Claire en la pieza central de la futura estructura patrimonial de Sloane Group.

No quería únicamente mi matrimonio.

Quería acercarse a mi fortuna.

Mientras los investigadores se la llevaban, Vanessa me miró.

—¡Yo estuve contigo cuando construiste todo!

Negué.

—No.

Miré hacia la UCI.

—La mujer que estuvo conmigo cuando no tenía nada está detrás de esa puerta.

Dos días después, Claire despertó.

Entré solo.

Sus ojos tardaron unos segundos en enfocarme.

—¿Los bebés?

Fue lo primero que preguntó.

Me reí mientras lloraba.

—Los tres están bien.

Le mostré una fotografía.

Claire la sostuvo contra el pecho.

Después preguntó:

—¿Qué me pasó?

Tomé su mano.

—Alguien intentó quitarnos esta vida.

No le conté todo aquella mañana.

Tendría tiempo para conocer la verdad cuando estuviera fuerte.

Meses después, Vanessa enfrentó las consecuencias legales de lo que había hecho, respaldadas por las cámaras, los análisis y sus propios mensajes.

Claire volvió a casa con nuestros tres hijos.

Y una noche, mientras los cinco estábamos despiertos porque ninguno de los bebés quería dormir, ella me recordó aquella tarde frente a la biblioteca.

—Tu plan de negocios era horrible —dijo sonriendo.

La miré sorprendido.

—¿Y aun así te casaste conmigo?

—El plan era horrible.

Me tomó la mano.

—Tú no.

Entonces entendí algo que todos mis millones me habían hecho olvidar.

Yo había construido empresas, edificios y carreteras.

Pero la única fortuna que realmente había comenzado desde cero conmigo estaba sentada a mi lado, sosteniendo a nuestros hijos.

Y alguien había intentado destruirla.

Había fracasado.

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