Guardé el teléfono cuando escuché pasos en el pasillo.
Christopher se detuvo detrás de la puerta.
—¿Con quién habla, Nora?
Miré a Theodore, dormido en su cuna portátil.
—Con mi hijo. A veces le hablo mientras duerme.
El picaporte bajó.
Christopher entró y observó a Raymond durante unos segundos.
Después miró mi teléfono.
—Wallace dice que no conviene alterar su rutina. Nada de llamadas a otros médicos. Mi tío merece tranquilidad.
Asentí hasta que salió.
Entonces comprendí que no podía enfrentarme a ellos dentro de aquella casa, sola y con un bebé.
Esperé unos minutos y llamé a emergencias.
—Estoy cuidando a un hombre que ha recibido una medicación desconocida. Su respiración cambió después de la última dosis. Necesito ayuda.
Di la dirección, describí lo que había visto y seguí las instrucciones.
No desconecté la vía ni intenté administrarle nada.
Me quedé junto a Raymond.
—Ya vienen —susurré.
Un parpadeo.
Luego su mirada se desplazó hacia el escritorio.
—¿Hay algo allí?
Otro parpadeo.
No me aparté de la cama para buscarlo. La respiración de Raymond era demasiado débil y no sabía cuándo volvería Christopher.
Cuando llegaron los paramédicos, él apareció en la escalera.
—¿Quién los llamó?
—Yo.
Su expresión cambió.
—No tienes autoridad. Es un paciente terminal.
Uno de los profesionales se acercó a Raymond mientras su compañero hablaba con Christopher.
La habitación dejó de pertenecer al silencio que ellos habían impuesto.
Hubo preguntas, comprobaciones y órdenes claras.
Christopher llamó a Wallace.
Yo recogí la mochila de Theodore y entregué a los paramédicos el registro de cuidados. Les expliqué qué había ocurrido después de la inyección y que los viales se los había llevado el médico.
—También intentó hablar conmigo —añadí.
Christopher soltó una risa.
—Está agotada. Tiene un bebé. Se está imaginando cosas.
Entonces Raymond movió los labios.
Apenas un sonido.
Pero el paramédico lo escuchó.
Se inclinó hacia él.
—Señor Winslow, estamos aquí para ayudarlo.
Christopher dejó de reír.
Trasladaron a Raymond al hospital. Yo salí con mi hijo antes de que pudieran impedirlo y declaré lo que había visto.
Aquella noche dormimos en casa de una antigua compañera de trabajo.
Por primera vez desde que acepté el empleo, cerré