Durante varios segundos no pude moverme.
Las palabras de Daniel Russo quedaron suspendidas en la habitación como una amenaza invisible.
Mi hermano no había robado dinero.
No había escapado.
No había traicionado a nadie.
Había estado buscando respuestas.
—¿Qué información? —pregunté finalmente.
Daniel no apartó los ojos de Leo.
—La noche en que murió Camille, alguien dentro de mi propia organización filtró nuestra ruta.
Sentí que mis brazos se tensaban alrededor del bebé.
—¿Y Michael descubrió quién fue?
Daniel asintió lentamente.
—Pero antes de entregarme las pruebas, desapareció.
Mi corazón empezó a latir con fuerza.
Durante semanas pensé que Michael era un irresponsable.
Que había cometido un error y me había dejado sola con sus problemas.
Nunca imaginé que estaba intentando descubrir quién había destruido la vida de otra familia.
—¿Por qué no me lo dijo?
La expresión de Daniel cambió.
Por primera vez no parecía el hombre que todos temían.
Parecía un padre agotado buscando respuestas.
—Porque sabía que usaría tu nombre para llegar hasta mí.
Miré a Leo dormido.
El mismo niño que había pasado días rechazando cada mano que intentaba ayudarlo.
El mismo niño que ahora descansaba tranquilo contra mi pecho.
—Entonces… ¿qué quieres de mí?
Daniel tardó en responder.
—Quiero que me ayudes a encontrar a tu hermano.
Solté una pequeña risa amarga.
—Hace una hora me amenazabas si algo le pasaba a tu hijo.
—Hace una hora no sabía quién eras.
Sus ojos bajaron hacia mi placa.
—Ahora sé que eres la única persona que logró darle paz.
No respondí.
Porque había algo que me inquietaba.
Daniel había dicho que Michael desapareció.
Pero mi hermano me había enviado un mensaje tres días antes.
Un mensaje extraño.
Solo decía:
“Si algo ocurre, no confíes en nadie que diga protegerte.”
Lo había ignorado.
Pensé que era otra de sus paranoias.
Ahora me arrepentía.
De pronto, uno de los guardias entró rápidamente.
—Señor Russo.
Encontramos algo en el teléfono de Michael.
Daniel se giró.
—¿Qué?
El hombre tragó saliva.
—Un archivo oculto.
Con una grabación.
Daniel tomó el dispositivo.
Lo abrió.
Y cuando la voz de mi hermano llenó la habitación, sentí que la sangre abandonaba mi rostro.

—Si estás escuchando esto, significa que ya descubrieron la verdad.
Pausa.
—Daniel Russo no fue el objetivo.
La persona que ordenó la emboscada estaba mucho más cerca de lo que imaginábamos.