PARTE 2: El secreto que mi padre escondió dentro del brazalete

El nombre de Bianca aparecía bajo un encabezado que me heló la sangre.

“REGISTRO DE PAGOS CONFIDENCIALES.”

Damian me arrebató la página con la mirada.

—¿Qué significa esto?

Seguí leyendo.

Durante los últimos nueve meses, una empresa llamada Xie Meridian Consulting había realizado pagos periódicos a Bianca.

Margaret se desplomó sobre una silla.

—Cierra esa carpeta.

La miré.

—Ahora entiendo por qué papá me dijo que no confiara en los Gu.

Mr. Zhou señaló el brazalete.

—Thomas Xie era el abogado financiero de su abuelo.

Damian frunció el ceño.

—Nunca he oído ese nombre.

—Porque desapareció hace veintisiete años.

Según Zhou, Thomas había administrado una participación importante de Su Capital cuando ambas familias comenzaron a hacer negocios.

Años después, esas acciones terminaron dentro de Gu Holdings.

Pero nadie había encontrado el documento original que justificaba la transferencia.

Hasta ahora.

Abrí el sobre.

Fecha: 17 de junio.

Exactamente la mencionada en el mensaje.

Mi padre había descubierto que parte de las acciones con las que la familia Gu construyó su fortuna procedían de activos pertenecientes originalmente a los Su.

—Eso es absurdo —dijo Damian—. Mi familia controla Gu Holdings desde antes de nuestro matrimonio.

—Nuestro matrimonio no tiene nada que ver.

Levanté el documento.

—Esto empezó mucho antes de que yo te conociera.

Bianca comenzó a retroceder.

—Yo debería irme.

Damian la sujetó del brazo.

—Tú te quedas.

Por primera vez, ella pareció tenerle miedo.

Entonces encendí el teléfono viejo.

Había una grabación de mi padre.

Su rostro apareció en pantalla, más delgado de lo que recordaba.

“Elena, si estás viendo esto, significa que no pude terminar la investigación.”

Se me cerró la garganta.

“Bianca Blake no entró en la vida de Damian por casualidad.”

Damian se quedó inmóvil.

Bianca negó con la cabeza.

—Eso es mentira.

La grabación continuó.

Mi padre explicaba que había descubierto comunicaciones entre Bianca y una sociedad relacionada con Thomas Xie.

No afirmaba que ella hubiera causado su muerte.

Tampoco tenía pruebas suficientes para acusarla de ningún delito.

Pero sabía que buscaba algo.

El brazalete.

—¿Para qué? —pregunté.

Mr. Zhou abrió un compartimento oculto de la caja.

Dentro había un pequeño dispositivo metálico.

—Porque el número grabado en el jade no identifica una cuenta.

Era la referencia de una caja de seguridad privada.

La llave estaba frente a mí.

Margaret se levantó de golpe.

—Elena, podemos resolver esto en familia.

Me reí.

—¿Familia?

Toqué mi mejilla todavía dolorida.

—Tu hijo acaba de explicarme qué significa esa palabra para ustedes.

Damian bajó la mirada.

—No debí golpearte.

—No.

Guardé el brazalete.

—Y esa será la última vez que tengas oportunidad de hacerlo.

Entonces Bianca corrió hacia la salida.

Dos hombres del equipo legal de mi padre bloquearon la puerta sin tocarla.

—Nadie la está reteniendo —aclaró Zhou—. Pero quizá quiera escuchar lo que sigue.

Levantó otra hoja.

Era un registro de acceso del hospital donde mi padre había pasado sus últimas semanas.

Bianca había entrado tres veces utilizando un nombre diferente.

Damian palideció.

—Me dijiste que nunca conociste a Henry.

Bianca empezó a llorar.

—Damian, puedo explicarlo.

—Entonces explica esto.

Él señaló una fecha.

La última visita había ocurrido la noche anterior a la muerte de mi padre.

Sentí que las piernas me temblaban.

Pero Zhou me sostuvo la carpeta.

—Señorita Elena, su padre sabía que alguien estaba entrando en su habitación. Por eso instaló una grabadora independiente.

Sacó una tarjeta de memoria.

—¿Qué contiene?

Zhou miró primero a Margaret.

Después a Bianca.

—La última conversación que Henry Su mantuvo despierto.

Margaret comenzó a negar con la cabeza.

—No la escuches.

Introduje la tarjeta en el teléfono.

La voz de mi padre llenó el salón funerario.

“Bianca, dile a Margaret que ya encontré a Thomas.”

Bianca dejó escapar un sollozo.

Luego apareció otra voz en la grabación.

Una voz masculina.

No era Damian.

Pero él la reconoció inmediatamente.

—Eso no puede ser…

Miré a mi esposo.

—¿Quién es?

Damian retrocedió mirando el teléfono como si acabara de ver un fantasma.

—Mi padre.

El salón entero quedó inmóvil.

Porque el padre de Damian Gu llevaba oficialmente muerto dieciocho años.

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