Song Yaqi levantó el micrófono con una sonrisa impecable.
—Antes de cortar el pastel, preparé un pequeño regalo para el director general Gu.
Los invitados comenzaron a aplaudir.
Gu Chengfeng la miró con evidente satisfacción.
—No tenías que molestarte.
—Por usted, vale la pena.
La frase provocó algunas risas cómplices.
Yo permanecí junto a una mesa, sosteniendo una copa que ni siquiera había probado.
Yaqi hizo una señal.
La enorme pantalla detrás del escenario se encendió.
Apareció un vídeo con fotografías de Chengfeng durante viajes de negocios, reuniones y celebraciones de la empresa.
En muchas de ellas, Song Yaqi estaba a su lado.
Demasiado cerca.
Una mujer situada frente a mí murmuró:
—Parecen más marido y mujer que él y su verdadera esposa.
La escuché perfectamente.
También Chengfeng.
Pero no dijo nada.
Al terminar el vídeo, Yaqi sacó una pequeña caja.
Dentro había unos gemelos de edición limitada.
—Espero poder seguir acompañándolo muchos años más.
Gu Chengfeng sonrió.
—Claro.
Entonces todos miraron hacia mí.
Uno de sus socios preguntó medio en broma:
—Señora Gu, ¿y usted qué regalo preparó?
Finalmente dejé la copa.
—También traje uno.
Saqué de mi bolso la memoria USB plateada.
La sonrisa de Song Yaqi se congeló apenas un instante.
Solo un instante.
Pero lo vi.
Caminé hacia el escenario.
Gu Chengfeng frunció el ceño.
—¿Qué contiene?
—Algo que deberías haber visto hace tres semanas.
Yaqi palideció.
—Señora Mingzhu, hoy es el cumpleaños del director general Gu. Quizá los asuntos de trabajo puedan esperar.
La miré.
—Precisamente este no puede esperar.
Conecté la memoria al ordenador.
La pantalla cambió.
Ya no había fotografías románticas.
Apareció una tabla de transferencias.
Fechas.
Números de cuentas.
Empresas.
Y cantidades.
El salón quedó lentamente en silencio.
Gu Chengfeng dio un paso hacia la pantalla.
—¿Qué es esto?
—Los movimientos del préstamo de trescientos millones de yuanes que intenté advertirte.
Su rostro se endureció.
—Te dije que eso pertenecía a una operación normal.
—No.
Pasé al siguiente archivo.
—La corporación recibió el préstamo.
Otra diapositiva.
—Dos días después, ciento ochenta millones fueron transferidos a tres empresas proveedoras.
Otra.
—Las tres empresas fueron constituidas hace menos de un año.
Otra.
—Y las tres comparten el mismo beneficiario final.
En la pantalla apareció un nombre.
Song Jianhua.
Yaqi dejó de sonreír.
Uno de los directores presentes preguntó:
—¿Quién es Song Jianhua?
Respondí sin apartar la mirada de ella.
—El padre de Song Yaqi.
El salón explotó.
—¡Eso es absurdo! —gritó Yaqi—. ¡Mi padre no tiene ninguna relación conmigo profesionalmente!
—Correcto.
Abrí otro documento.
—Por eso las empresas no estaban directamente a su nombre.
Aparecieron registros societarios.
Accionistas nominales.
Direcciones.
Contratos.
Y finalmente una copia de una transferencia desde una de aquellas compañías hacia una cuenta privada.
El titular era Song Yaqi.
Gu Chengfeng se volvió lentamente hacia ella.
—Explícame esto.
Yaqi respiró con dificultad.
—Puedo explicarlo.
—Hazlo.
—Son… inversiones familiares.
Solté una risa breve.
—¿Inversiones familiares financiadas con dinero de la corporación?
Ella me fulminó con la mirada.
—¡No sabes de qué estás hablando!
—Entonces hablemos de algo mucho más sencillo.
Abrí la siguiente carpeta.
El borrador del cambio de representante legal apareció en pantalla.
Esta vez, incluso los miembros del consejo dejaron de murmurar.
Yo señalé las firmas digitales.
—Dos subsidiarias rentables iban a cambiar de representante legal la próxima semana.
Gu Chengfeng miró los documentos.
—Eso nunca fue aprobado.
—Lo sé.
—Entonces ¿quién lo hizo?
No respondí.
No hacía falta.
La cuenta utilizada aparecía en la esquina superior del documento.
Song Yaqi — Asistente de Dirección General.
Ella corrió hacia el ordenador.
—¡Apaga eso!
Me interpuse.
—Todavía no hemos llegado al regalo principal.
Gu Chengfeng me agarró del brazo.
—Mingzhu, basta.
Lo miré.
—¿Ahora sí quieres investigar?
Aflojó los dedos.
No respondió.
Introduje la contraseña del último archivo.
Song Yaqi retrocedió.
Por primera vez aquella noche, parecía realmente asustada.
En la pantalla apareció una grabación de audio acompañada por registros de acceso.
Una voz masculina habló primero.
—Cuando Gu Chengfeng firme la garantía, podremos mover el resto.
Después se escuchó la voz de Yaqi.
—Él firma cualquier cosa que pongo delante de él.
Nadie hizo un solo ruido.
La grabación continuó.
—¿Y su esposa?
Yaqi soltó una pequeña carcajada.
—Mingzhu sospecha demasiado, pero Chengfeng nunca la escucha.
Sentí decenas de miradas clavándose sobre nosotros.
Gu Chengfeng parecía haberse convertido en piedra.
En el audio, Yaqi añadió:
—Mientras él crea que estoy de su lado, podemos terminarlo antes de que el consejo descubra nada.
La grabación terminó.
Silencio.
Entonces Gu Chengfeng preguntó, con una voz que apenas reconocí:
—¿Es auténtica?
Contesté:
—El departamento de seguridad digital ya verificó el archivo esta mañana.
Song Yaqi me miró horrorizada.
—¿Esta mañana?
Asentí.
—Y envié una copia a tres miembros independientes del consejo antes de venir aquí.
Fue entonces cuando comprendió realmente.
Aquella fiesta nunca había sido mi destino.
Era simplemente el lugar donde había decidido dejar de proteger a mi esposo de sus propias decisiones.
Yaqi agarró el brazo de Chengfeng.
—Director Gu, ella me está tendiendo una trampa.
Él bajó la mirada hacia la misma mano que pocas horas antes había permitido que descansara sobre su brazo.
Luego se apartó.
—No me toques.
Yaqi se quedó inmóvil.
—Chengfeng…
—Te dije que no me tocaras.
Por primera vez en cuatro años, dejó de llamarla Yaqi.
Sacó el teléfono.
—Seguridad.
Ella palideció.
—No puedes hacerme esto.
Gu Chengfeng la miró.
—¿Cuánto dinero sacaste?
—Nada.
—¿Cuánto?
Yaqi guardó silencio.
Dos guardias entraron en el salón.
Ella empezó a llorar.
—Todo lo hice porque tu familia jamás me habría aceptado.
Chengfeng se quedó desconcertado.
—¿Mi familia?
Yaqi soltó una risa desesperada.
—¿De verdad pensabas que quería ser tu asistente para siempre?
Entonces me señaló.
—¡Ella tiene todo! Tu apellido. Tu casa. Las acciones. El puesto junto a ti.
La observé en silencio.
Al final, Song Yaqi había cometido el mismo error que mi esposo.
Había confundido mi silencio con debilidad.

Los guardias se la llevaron delante de sesenta invitados.
Pero mientras todos hablaban del escándalo, Gu Chengfeng se acercó a mí.
—Mingzhu.
Cogí mi bolso.
—Tenemos que hablar.
—No esta noche.
Me bloqueó el paso.
—¿Desde cuándo lo sabías?
—Desde antes de enseñarte la primera carpeta.
Su expresión cambió.
—Entonces ¿por qué no insististe?
Lo miré durante varios segundos.
—Porque insistí durante diez años sobre demasiadas cosas.
Él se quedó callado.
Saqué un sobre del bolso.
Esta vez no era una memoria USB.
Era un documento firmado.
Se lo entregué.
Gu Chengfeng abrió lentamente el sobre.
Su rostro perdió todo el color.
—¿Qué es esto?
—Mi verdadero regalo de cumpleaños.
Sus ojos recorrieron la primera página.
Solicitud de divorcio.
Renuncia a todos mis cargos dentro de las empresas vinculadas a la familia Gu.
Y una notificación formal exigiendo la auditoría completa de los activos matrimoniales.
—Mingzhu…
—Tú confiaste en ella.
Lo interrumpí.
—Ahora tendrás mucho tiempo para descubrir cuánto te costó hacerlo.
Me giré y caminé hacia la salida.
Detrás de mí, Gu Chengfeng llamó mi nombre.
No me detuve.
Porque aquella noche Song Yaqi había perdido su puesto.
Gu Chengfeng había descubierto una traición.
Pero ninguno de los dos sabía todavía la parte más peligrosa.
La memoria USB contenía una carpeta que no había mostrado durante la fiesta.
Una carpeta llamada:
GU CHENGFENG.
Y dentro estaban las pruebas de que la traición de Song Yaqi no era el mayor problema de mi esposo.