Aquella noche…
Ninguno de los dos volvió a decir una palabra.
Fu Yanci permaneció de pie junto a la ventana durante mucho tiempo.
Yo entré en el dormitorio de invitados y cerré la puerta con llave.
Era la primera vez, en ocho años de matrimonio, que dormíamos separados.
…
A las nueve de la mañana siguiente.
El edificio del Grupo Yunhe estaba más concurrido que nunca.
En cuanto crucé la puerta, decenas de miradas se dirigieron hacia mí.
Había sorpresa.
Había curiosidad.
Y también un poco de vergüenza.
Después de todo…
Apenas veinticuatro horas antes me habían despedido delante de toda la empresa.
La recepcionista se levantó de inmediato.
—Directora… señorita Jiang…
No supo cómo llamarme.
Solo sonreí.
—El presidente Tống me está esperando.
La puerta de la sala de juntas estaba abierta.
En cuanto entré, todos los altos directivos se pusieron de pie.
Incluso Tống Hoài An abandonó su asiento.
Su actitud era completamente distinta a la del día anterior.
—Nanshu, gracias por venir.
Empujó personalmente una silla para que me sentara.
—Lo de ayer fue una decisión precipitada del consejo.
—Espero que puedas entenderlo.
Lo miré con calma.
—¿Entender qué?
—¿Que me despidieran para dejarle mi puesto a Jiang Wanwan?
El ambiente se congeló.
Nadie esperaba que fuera tan directa.
Tống Hoài An respiró hondo.
—Ese proyecto puede seguir siendo tuyo.
—También recuperaremos tu cargo.
—Y aumentaremos tu salario un treinta por ciento.
Negué lentamente con la cabeza.
—Llegan demasiado tarde.
Su expresión cambió.
—Nanshu, no conviertas un malentendido en un problema irreversible.
En ese instante…
La puerta volvió a abrirse.
Todos giraron la cabeza.
Un hombre vestido con un traje negro entró con paso tranquilo.
Su sola presencia hizo que toda la sala quedara en silencio.
Era Fu Yanci.
El director financiero se levantó de golpe.
—¡Presidente Fu!
Las pupilas de Tống Hoài An se contrajeron violentamente.
—¿Usted… cómo ha llegado hasta aquí?
Fu Yanci ni siquiera lo miró.
Se acercó directamente hasta donde yo estaba.
Luego, delante de todos, acomodó con naturalidad un mechón de cabello que había caído sobre mi hombro.
Su voz era tranquila.
—¿Te hicieron esperar mucho?
Yo también me quedé inmóvil.
Aquella cercanía…
Aquella naturalidad…
No parecía la de alguien que ocultaba su identidad desde hacía años.
Parecía la de un hombre que ya no pensaba seguir escondiéndose.
Tống Hoài An tragó saliva.
—Presidente Fu… ¿usted conoce a la señorita Jiang?
Fu Yanci finalmente levantó la vista.
Su mirada era fría.
—No solo la conozco.
Tomó mi mano delante de todos.
Entrelazó sus dedos con los míos.
Y pronunció cada palabra con absoluta claridad.
—Es mi esposa.
Un silencio sepulcral cayó sobre toda la sala.
El director financiero casi dejó caer la carpeta que llevaba en las manos.
Varios accionistas se quedaron completamente pálidos.

Tống Hoài An dio un paso atrás, incapaz de ocultar la incredulidad.
—¿Es… su esposa?
Fu Yanci asintió con tranquilidad.
—Llevamos ocho años casados.
Nadie volvió a respirar.
Porque en todo el sector financiero había una persona a la que jamás podían permitirse ofender.
El verdadero fundador y presidente del Fondo de Inversión Qinglan.
El hombre cuya sola firma podía decidir el destino de cientos de empresas.
Y ese hombre…
Acababa de anunciar públicamente que la mujer a la que Yunhe había despedido era su esposa.
Solo entonces comprendieron que la retirada de la inversión de miles de millones…
Nunca había sido una casualidad.
Había sido el comienzo de su castigo.