PARTE 2: EL PRECIO DE UN ERROR

La habitación quedó completamente en silencio.

Mara sostenía la carpeta del divorcio sin abrirla.

Yo seguía mirando el certificado de acciones.

Cuarenta y dos mil millones de dólares.

Durante treinta y dos años había creído que mi madre era hija única.

Que toda mi familia había desaparecido.

Que solo nos habíamos tenido la una a la otra.

Ahora descubría que mi abuelo seguía vivo.

Y que llevaba años buscándome.

Mara habló con calma.

—Su madre abandonó la familia Brooks hace treinta y cinco años para casarse con un hombre humilde. El señor Samuel Brooks se opuso al matrimonio. Discutieron. Ella cortó toda relación.

Bajé lentamente la cabeza.

—Nunca me habló de él.

—Porque creyó que era la única forma de protegerla.

Mara hizo una pausa.

—Antes de morir, su madre envió una carta al señor Brooks. Le pidió perdón… y le suplicó que la buscara si algún día usted se quedaba sola.

Sentí un nudo en la garganta.

—¿Y él…?

—Jamás dejó de vigilarla desde lejos.

Sacó varias fotografías.

Mi graduación.

Mi boda.

Incluso imágenes de mi pequeña cafetería antes de casarme con Alexander.

—Siempre supo dónde estaba.

—Solo respetó el deseo de su madre de no intervenir.

Respiré profundamente.

—Hasta ahora.

Mara asintió.

—Cuando recibió el informe de que había sido agredida por orden de su esposo… decidió que había esperado suficiente.

En ese momento sonó otro teléfono.

Uno de los hombres de seguridad respondió.

—Sí.

Escuchó unos segundos.

Luego miró a Mara.

—La conferencia de prensa en París acaba de comenzar.

Mara me mostró la pantalla de una tableta.

Alexander aparecía frente a decenas de periodistas.

Vanessa sonreía a su lado.

Ella levantó la mano.

El enorme diamante brilló bajo los flashes.

Alexander tomó el micrófono.

—Hoy comienzo una nueva etapa de mi vida…

No pude evitar una sonrisa amarga.

Ni siquiera esperaba a que el divorcio estuviera terminado.

Mara apagó la transmisión.

—¿Quiere que esto termine hoy?

La miré.

—¿Qué significa eso?

Ella abrió otra carpeta.

—Brooks International posee el treinta y cuatro por ciento del fondo de inversión Black Horizon.

Pasó la página.

—Black Horizon es el principal acreedor del Grupo Whitmore.

Otra página.

—Y también controla las líneas de crédito utilizadas por la empresa de su esposo.

Fruncí el ceño.

—¿Alexander no lo sabe?

Mara sonrió.

—No.

—Nadie sabe que Black Horizon pertenece realmente a la familia Brooks.

Sentí por primera vez que la balanza comenzaba a inclinarse.

—Entonces…

—Con una sola llamada, el consejo puede exigir el pago inmediato de todas las obligaciones financieras del Grupo Whitmore.

Miré la carpeta del divorcio.

Luego el ramo de flores tirado en el suelo.

Finalmente levanté la vista.

—No.

Mara pareció sorprendida.

—¿No?

—Primero firmaré el divorcio.

Tomé la pluma.

Firmé cada página sin detenerme.

Cuando terminé, empujé la carpeta hacia ella.

—Que sea completamente libre.

Mara cerró lentamente los documentos.

—¿Y después?

La miré fijamente.

—Después… quiero que todo lo que ocurra sea legal.

Nada de venganzas personales.

Nada de abusar del dinero.

Solo quiero que responda por lo que hizo.

Mara asintió con respeto.

—El señor Brooks esperaba exactamente esa respuesta.

En ese instante volvió a sonar el teléfono.

Era Marcus.

Contesté.

Su voz sonaba nerviosa.

—Señora… perdón… señorita Brooks…

—¿Qué ocurre?

—El señor Whitmore acaba de recibir una llamada urgente desde Nueva York.

—¿Y?

Marcus guardó silencio unos segundos.

—Los bancos acaban de suspender todas las líneas de crédito del Grupo Whitmore.

—Los inversionistas comenzaron a vender acciones.

—Y el consejo extraordinario acaba de citar al señor Whitmore de inmediato.

Respiró profundamente.

—No entiende qué está pasando.

Miré tranquilamente por la ventana del hospital.

—Yo sí.

Porque Alexander todavía creía que había destruido la vida de una mujer indefensa.

Lo que aún ignoraba era que acababa de declarar la guerra… a la familia más poderosa que jamás había conocido.

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