El teléfono resbaló lentamente de la mano de Ethan.
No llegó a caer.
Lo sostuvo por puro reflejo.
Victoria lo miró confundida.
—¿Qué pasa?
Él no respondió.
Al otro lado de la llamada, su director financiero seguía hablando casi a los gritos.
—¡Señor Crawford! ¡Acaban de retirar los fondos del Proyecto East Harbor! ¡Los inversionistas están exigiendo una explicación!
Ethan levantó lentamente la vista hacia mí.
Por primera vez en toda la mañana, dejó de verme como una mujer esperando un compromiso.
Empezó a verme como la heredera de Bennett Group.
Colgué el micrófono que el hotel me había prestado y entregué el anillo al gerente de recepción.
—Guárdelo.
—¿Señorita Bennett?
—Si el señor Crawford lo quiere, que venga a recogerlo cuando aprenda el valor de la puntualidad.
El hombre tragó saliva y tomó la pequeña caja con ambas manos.
Detrás de mí, los empleados comenzaron a mover discretamente los regalos.
Sesenta y seis vehículos empezaron a abandonar la plaza uno tras otro.
Los fotógrafos cambiaron inmediatamente de objetivo.
Ya no apuntaban hacia mí.
Todos enfocaban a Ethan.
—¡Señor Crawford!
—¿Es cierto que se canceló el compromiso?
—¿Bennett Group rompió la alianza comercial?
—¿Qué ocurrió entre ambas familias?
Victoria dio un paso hacia él.
—Ethan…
Él seguía mirando cómo los camiones con los regalos desaparecían por la avenida.
Su respiración se volvió irregular.
En ese momento sonó otro teléfono.
Esta vez era su padre.
Contestó de inmediato.
—Papá…
La voz del señor Crawford retumbó incluso desde el otro lado.
—¿Qué demonios hiciste?
Ethan cerró los ojos.
—Solo hubo un pequeño retraso.
—¿Un retraso?
Su padre casi gritaba.
—¡Acabas de destruir una negociación que llevábamos tres años preparando!
Toda la plaza quedó completamente en silencio.
El señor Crawford continuó hablando.
—Los Bennett retiraron todos sus contratos.
Los bancos acaban de congelar nuestras líneas de crédito.
Y East Harbor perdió al inversionista principal.
Ethan apretó el teléfono con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.
—Puedo hablar con Clara.
—¡Ya no puedes hablar con nadie!
La llamada terminó.
Victoria intentó tomarle el brazo.
Él la apartó casi sin darse cuenta.
Nunca había visto a Ethan tan desorientado.
Sophie caminó hasta mi lado.
—Señorita Clara.
Todo está listo.
Asentí.
Antes de subir al automóvil, me giré por última vez.
Ethan dio dos pasos hacia mí.
—Clara.
Me detuve.
—Podemos hablar.
Negué lentamente.
—Tuvimos cuatro horas para hacerlo.
Él tragó saliva.
—Fue un malentendido.
Sonreí con serenidad.
—No.
Un malentendido dura unos minutos.
Cuatro horas son una decisión.
Victoria abrió la boca para intervenir.
—Clara, él solo…
La miré directamente.
Ella guardó silencio.
Respiré profundamente.
—Hace siete años me prometió que jamás permitiría que nadie me humillara.
Hice una breve pausa.
—Y hoy descubrí que la única persona capaz de hacerlo era él mismo.
Subí al automóvil.
Cuando el chofer cerró la puerta, Sophie me entregó una tableta.
—Hay algo más.
Miré la pantalla.
Era un correo recibido apenas dos minutos antes.
De: Consejo Directivo de Crawford Holdings.
Asunto: Solicitud urgente de reunión.
Fruncí el ceño.
—¿Qué quieren ahora?
Sophie deslizó la siguiente página.
Habían votado una resolución extraordinaria.

Los principales accionistas acababan de destituir a Ethan como director ejecutivo interino.
Y al final del documento aparecía una frase que hizo que incluso yo levantara las cejas.
—Señorita Clara…
—¿Sí?
—Quieren ofrecerle a usted el cargo que él acaba de perder.