PARTE 2: El Pasado Sellado

David dejó de forcejear.

Por primera vez desde que lo conocía, el hombre que siempre tenía una respuesta parecía no encontrar ninguna.

—¿Quién dijo mi nombre? —preguntó, intentando recuperar la compostura.

Nadie contestó.

La cajera señaló discretamente a una mujer de unos cincuenta años que acababa de salir de la fila de atención al cliente.

Llevaba un uniforme azul de otra tienda y observaba a David con una mezcla de rabia y miedo.

—Yo lo conozco.

David palideció.

—Está equivocada.

La mujer negó lentamente con la cabeza.

—No.

Jamás podría olvidar esa cara.

Los agentes de policía acababan de entrar cuando escucharon aquella frase.

Uno de ellos se acercó.

—¿Lo conoce, señora?

Ella respiró hondo.

—Hace once años trabajé con él.

En aquel entonces se llamaba David Carter.

No Collins.

El pasillo quedó en silencio.

David dio un paso atrás.

—Se está confundiendo de persona.

La mujer abrió su bolso.

Sacó una fotografía vieja y doblada.

En ella aparecían varios empleados durante una fiesta de empresa.

David estaba en el centro.

Más joven.

Sin barba.

Pero era él.

El mismo rostro.

La misma sonrisa cuidadosamente ensayada.

—Mi hermana estaba casada con él.

La voz de la mujer comenzó a quebrarse.

—También estaba embarazada cuando empezó a golpearla.

Sentí un escalofrío recorrerme la espalda.

David levantó las manos.

—Eso fue hace muchos años.

La mujer lo interrumpió.

—No terminó porque cambiara.

Terminó porque ella murió.

El aire pareció desaparecer de la tienda.

Hasta Wyatt aflojó ligeramente la presión sobre el cuello de David.

—¿Murió?

La mujer asintió con lágrimas en los ojos.

—Todos dijeron que había sido una caída por las escaleras.

Pero una semana antes presentó una denuncia por violencia doméstica.

Luego desapareció el expediente.

David gritó inmediatamente.

—¡Eso es mentira!

Uno de los policías ya estaba consultando la base de datos desde su patrulla electrónica.

Su expresión cambió.

—Central…

Solicito el archivo completo del caso Melissa Carter.

Posible coincidencia con el individuo presente.

David dejó de hablar.

Era la primera vez que lo veía realmente asustado.

Mientras tanto, el paramédico colocó un monitor sobre mi abdomen.

No me gustó la expresión de su rostro.

Miró a su compañero.

—La frecuencia cardíaca del bebé está bajando.

Sentí que el corazón se detenía.

—¿Mi hija…?

—Tenemos que salir ya.

La camilla empezó a avanzar hacia la ambulancia.

David dio un paso desesperado.

—¡Emily!

Quiso acercarse.

Dos policías lo sujetaron inmediatamente.

—Quiero ver a mi esposa.

Wyatt respondió antes que nadie.

—Perdiste ese derecho cuando la lanzaste contra una caja registradora.

David volvió la cabeza hacia mí.

Su voz cambió por completo.

Ya no era arrogante.

Era suplicante.

—No puedes creerles.

Todo fue un accidente.

Lo observé desde la camilla.

Después de años justificando cada golpe.

Cada insulto.

Cada disculpa.

Comprendí que nunca había sido un accidente.

Nunca.

Las puertas de la ambulancia comenzaron a cerrarse.

En ese instante sonó el teléfono de uno de los policías.

Escuchó apenas unos segundos.

Luego levantó lentamente la vista hacia David.

—Acaban de confirmar algo más.

El expediente de Melissa Carter no fue el único.

Hay otras tres investigaciones abiertas…

En tres estados diferentes.

Y en todas las fotografías de las víctimas…

Las mujeres estaban embarazadas cuando comenzaron las agresiones.

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