PARTE 2: EL PADRE QUE ÉL NUNCA SUPO QUE ERA

El tren salió de la estación a las 5:40 de la mañana.

Luna dormía apoyada contra mi hombro, abrazando una pequeña mochila rosa.

Yo miraba por la ventana sin saber qué haríamos al llegar.

Entonces mi teléfono vibró.

Número desconocido.

Abrí el mensaje.

“Señorita Guzmán, soy la directora médica del hospital.”

Fruncí el ceño.

“Su hija fue incluida anoche en una revisión genética. Hay una coincidencia que necesitamos confirmar.”

Sentí que el corazón se me detenía.

“¿Qué coincidencia?”

La respuesta llegó segundos después.

“El tratamiento compatible no está relacionado con su familia materna.”

Miré a Luna.

“¿Entonces con quién?”

Tardaron casi un minuto en responder.

“Con el padre biológico.”

Mis dedos comenzaron a temblar.

No podía ser.

Bruno nunca había sabido de Luna.

Nunca le dije que estaba embarazada.

Nunca le envié una fotografía.

Nunca permití que nadie de mi antigua vida descubriera su existencia.

Entonces llegó otro mensaje.

“Hay algo más. El hospital obtuvo una muestra genética antigua del señor Bruno Peña durante una investigación médica anterior.”

Tragué saliva.

La pantalla volvió a iluminarse.

“Señorita Guzmán, el resultado preliminar confirma una relación biológica.”

Cerré los ojos.

Durante seis años había protegido a Luna de un hombre que creía haberme despreciado.

Y ahora resultaba que aquel hombre no solo era su padre.

Podía ser la única persona capaz de ayudarla.

El tren se detuvo inesperadamente en una estación intermedia.

Un hombre con traje oscuro subió al vagón.

Miró los asientos.

Luego caminó directamente hacia mí.

—¿Señorita Valentina Guzmán?

Me quedé inmóvil.

—¿Quién es usted?

Sacó una identificación.

—Trabajo para el señor Peña.

Luna abrió los ojos.

El hombre bajó la voz.

—El señor Bruno recibió esta mañana el informe completo.

Sentí que la sangre abandonaba mi rostro.

—¿Y qué quiere?

El hombre me miró fijamente.

—Quiere conocer a su hija.

Hice una pausa.

—Después de siete años, no tiene derecho.

Él no discutió.

Solo dejó un sobre sobre mis piernas.

—Entonces quizá cambie de opinión cuando lea esto.

Abrí el sobre.

Dentro había una fotografía.

Era de hacía siete años.

Bruno aparecía frente a mi antigua casa.

Y a su lado estaba mi madre.

Detrás de ellos había una segunda fotografía, tomada el mismo día.

En ella, mi madre sostenía un documento.

Lo reconocí inmediatamente.

Era el certificado de nacimiento que yo creía que había desaparecido.

Pero había algo escrito a mano en la esquina.

Una frase de Bruno.

“Si Valentina está embarazada, no permitiré que vuelva a desaparecer de mi vida.”

Levanté la mirada.

El hombre ya estaba caminando hacia la salida.

—Espere.

Se volvió.

—¿Qué significa esto?

Su respuesta me dejó helada.

—Significa que alguien le mintió a Bruno durante siete años.

Miré a Luna dormida.

Por primera vez, comprendí que quizá yo no había abandonado a Bruno.

Quizá alguien había conseguido que ambos creyéramos que el otro había elegido marcharse.

Y si esa persona seguía cerca de nosotros…

Luna y yo nunca habíamos estado realmente a salvo.

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