PARTE 2: ÉL NUNCA OLVIDÓ

Esperé hasta que Margaret desapareció por el corredor.

Después miré hacia las escaleras.

Lily.

Cinco años atrás había visto ese nombre en el registro del hotel.

Aquella noche, antes de que yo llegara a la habitación de Adrian, Lily había entrado primero.

Durante años pensé que era una coincidencia.

Ahora ya no.


A medianoche, Rosie dormía profundamente.

Yo seguía despierta.

Adrian no había regresado a la habitación.

Aproveché el silencio para bajar.

El despacho estaba cerrado, pero desde el corredor escuché voces.

Margaret.

—Lily regresará la próxima semana.

Después habló Adrian.

—¿Y?

Me quedé inmóvil.

—Señor, después de todo lo que ocurrió hace cinco años, quizá no debería permitir que Claire permanezca aquí.

Silencio.

Entonces Adrian respondió:

—¿Qué ocurrió exactamente hace cinco años?

Margaret titubeó.

—Usted perdió la memoria.

—Eso dice mi familia.

Sentí que el corazón me golpeaba contra las costillas.

Adrian continuó:

—Pero pregunté qué ocurrió.

Margaret guardó silencio.

Me acerqué ligeramente a la puerta.

—Lily solo intentó ayudarlo —dijo finalmente—. Claire fue quien puso algo en su bebida.

—Lo sé.

Dos palabras.

Nada más.

Pero me dejaron helada.

¿Cómo podía saberlo si realmente no recordaba?

Retrocedí.

El suelo crujió.

Las voces se detuvieron.

Corrí hacia las escaleras.

No llegué.

—Claire.

La voz de Adrian sonó detrás de mí.

Me giré.

Estaba apoyado contra la puerta del despacho.

—¿Escuchando conversaciones?

—Buscaba agua.

Miró la cocina.

Después me miró a mí.

—El agua está en dirección contraria.

Maldita mansión.

Intenté pasar junto a él.

Adrian habló:

—Lily estuvo en aquella habitación antes que usted.

Me detuve.

—¿Lo recuerdas?

No respondió.

—Adrian.

Me volví.

—¿Tienes amnesia o no?

Sus ojos permanecieron inexpresivos.

—Buenas noches, Claire.


A la mañana siguiente desperté con Rosie saltando sobre la cama.

—Mamá, papá hizo panqueques.

Casi me caí.

—¿Quién?

—Papá.

Bajé corriendo.

Adrian estaba sentado leyendo documentos mientras Rosie desayunaba.

—Dijiste que nunca estabas en casa.

—Cambió mi agenda.

—¿Para cocinar?

—Los hizo el chef.

Claro.

Rosie levantó un panqueque.

—Papá sabe que no me gustan los arándanos.

Me quedé quieta.

Nunca se lo habíamos dicho.

Miré a Adrian.

Él pasó una página.

—A muchos niños no les gustan.

Mentira.

Entonces vi algo junto a su café.

Un pequeño caballo de madera.

Lo reconocí inmediatamente.

Cinco años atrás, en la universidad, yo llevaba uno idéntico como llavero.

Lo había perdido.

La noche del hotel.

Lo tomé.

—¿De dónde salió esto?

Adrian levantó la mirada.

—No lo sé.

—Era mío.

Silencio.

—Lo perdí hace cinco años.

Sus dedos dejaron de mover la página.

Me acerqué.

—¿Cómo llegó hasta ti si no recuerdas nada?

Por primera vez su máscara se quebró.

Solo un segundo.

Pero fue suficiente.

—Tú nunca perdiste la memoria.

Adrian cerró lentamente la carpeta.

—No.

Sentí que el suelo desaparecía.

—¿Cinco años mintiendo?

—Sí.

—¿Por qué?

Miró a Rosie.

—Porque alguien intentó entrar en aquella habitación antes que tú.

Mi rabia desapareció.

—Lily.

Adrian asintió.

—Cuando desperté, descubrí que habían manipulado las cámaras y eliminado parte del registro del hotel. Después tú desapareciste.

—Pensaste que yo estaba involucrada.

—Al principio.

Aquello dolió, aunque sabía que no tenía derecho a exigir confianza después de lo que había hecho.

—Entonces inventaste la amnesia.

—Necesitaba que quien hubiera organizado aquello creyera que yo no recordaba nada.

—¿Durante cinco años?

—Funcionó.

Adrian sacó el teléfono.

Mostró una fotografía.

Margaret entregándole un sobre a Lily.

Tomada dos semanas atrás.

—Lily regresó al país tres días antes que tú.

Sentí frío.

—¿Qué había en el sobre?

—Dinero.

—¿Por qué?

—Todavía no lo sé.

Entonces recordé el anuncio matrimonial.

—¿Tu madre sabe que finges?

—No.

—¿Y por qué aceptaste casarte conmigo inmediatamente?

Adrian me sostuvo la mirada.

—Porque cuando entraste por aquella puerta con Rosie comprendí dos cosas.

—¿Cuáles?

—Que ella era mi hija.

Se levantó.

—Y que después de cinco años, la única persona que podía llevarme hasta Lily acababa de regresar voluntariamente.

Mi estómago se cerró.

—Entonces solo me utilizaste.

Adrian no respondió.

Eso fue respuesta suficiente.

Tomé la mano de Rosie.

—Nos vamos.

—No.

Me giré.

—No puedes detenerme.

—No intento hacerlo.

Adrian colocó una fotografía sobre la mesa.

La miré.

Y dejé de respirar.

Era yo saliendo del hospital donde nació Rosie.

A varios metros aparecía una mujer observándome.

Lily.

—Esta fotografía fue tomada hace cinco años —dijo Adrian.

Sentí que los dedos de Rosie apretaban los míos.

—¿Cómo sabía dónde estaba?

—Esa es la pregunta que llevo años intentando responder.

Adrian colocó una segunda fotografía.

Lily aparecía nuevamente.

Esta vez frente a la guardería de Rosie.

Tres meses atrás.

Antes de que yo decidiera regresar.

Miré a Adrian.

Su expresión ya no tenía nada de indiferente.

—Claire, Lily nunca dejó de vigilarte.

Una puerta se cerró en el piso superior.

Ambos levantamos la cabeza.

Margaret estaba allí.

Nos observaba.

Su teléfono todavía estaba en la mano.

Adrian sonrió lentamente.

—Y ahora acaba de avisarle que sabemos la verdad.

Margaret palideció.

Yo finalmente comprendí por qué Adrian Grant había fingido olvidar durante cinco años.

No estaba escondiéndose de su pasado.

Estaba esperando que la persona que había intentado destruirlo regresara para terminar lo que había empezado.

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